La Bicha moribunda, por Teodoro Petkoff

El artículo 6 de la Constitución, al definir las características del gobierno de la República, establece que este “será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”. A su vez, para desarrollar el concepto de descentralización, se prevé (artículo 185) la creación del Consejo Federal de Gobierno, del cual se dice que es “el órgano encargado de la planificación y coordinación de políticas y acciones para el desarrollo del proceso de descentralización y transferencias de competencias del Poder Nacional a los Estados y Municipios” .
Al referirse a la prestación de salud, el artículo 84 de la Constitución indica que “el Estado creará, ejercerá la rectoría y gestionará un sistema público nacional de salud, de carácter intersectorial, descentralizado y participativo…”. ¿Por qué la Bicha (porque ahora sí es una verdadera “bicha”, que a cada rato espanta al gobierno) consagra el principio de la descentralización y, además, lo considera un rasgo definitorio del sistema público de prestación de servicios de salud? Por la razón elemental de que para 1999 el constituyente no podía soslayar el evidente éxito de las políticas de descentralización que desde 1989 habían comenzado a implementarse en el país. No sólo gobernadores y alcaldes ya eran elegidos directamente sino que desde la administración de autopistas y carreteras hasta la de hospitales, ambulatorios y escuelas venía siendo transferida a estados y municipios, en un proceso que, a ojos vistas y a pesar de la lentitud que lo caracterizaba y de las resistencias que oponía el Estado central —centralista y centralizador—, se traducía en una sensible mejoría de los servicios públicos que eran asumidos por los organismos de gobierno regional y local.
El gobierno de Chávez, fiel a las concepciones autoritarias y autocráticas que le son propias, es enemigo de la descentralización. La aborrece. De hecho, salvo su fugaz reunión durante los retortijones posteriores al 11A, el Consejo Federal de Gobierno no existe ni se aprecia ninguna intención de darle vida. La pretensión del chavismo es la de recentralizar la administración, echando atrás lo que se ha avanzado en ese campo. Tal vez, si por Chávez fuera, se eliminaría la elección directa de gobernadores y alcaldes para volver a la época (no tan lejana) en la cual los primeros eran designados por el presidente de la República y la figura de los segundos ni siquiera existía. El proyecto de Ley de Salud que en la actualidad se discute en la AN implica un claro retroceso en la descentralización y, de aprobarse, seguramente conducirá a un deterioro de la atención que prestan los servicios de salud pública, que hoy no están colapsados de modo definitivo gracias, precisamente, al escudo de protección que significa su gestión por parte de gobernaciones y alcaldías. La intención de centralizar toda la salud pública en un ente nacional que, por lo visto, ni siquiera será el propio ministerio del ramo, amenaza con volver un caos todo el sistema, además de que contraviene brutalmente a la Constitución. Y, a propósito, ¿los gobernadores y alcaldes no tienen nada que decir a este respecto?