La Masacre de El Junquito, por Eduardo López Sandoval

Autor: Eduardo López Sandoval | [email protected]
Es esta una categoría que en el habla del venezolano no ha tenido la más chica discusión; todos, todos, los del Gobierno y Oposición, Tirios y Troyanos, Nazis y Aliados, Realistas y Patriotas, azules y rojos, Autócratas y Demócratas,… blancos negros y aguarapaos, todos estamos de acuerdo con la categoría que con la denominación Masacre se califica a esas matanzas de semejantes que han hecho los gobiernos en Venezuela, con desproporcionada ventaja…
La Real Academia también -sin discusión alguna-, nos informa que masacre es, “Matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida.”
En Venezuela al oír hablar de los hechos de la Masacre de Cantaura y la Masacre de El Amparo, todos estamos de acuerdo, no sólo en el carácter de “matanza de personas indefensas”, también todos recuerdan el asentamiento de las lágrimas familiares en los Estados Anzoátegui y Apure, y además, la sociedad toda condena los abominables autores… ¿Sociedad toda dije? Perdón, los militares que comandaban este primer par de matanzas están con la Revolución Bolivariana, por lo que también han sido tratados con la mano de la lenidad por este régimen al que llaman Poseso –Zapata dixit. (Vale este paréntesis para recordar a los autores de esta tercera masacre, que con las manos de la Revolución Bolivariana cometieron delitos de lesa humanidad, que no prescriben).
La matanza acaecida en El Junquito, donde el mundo presenció en vivo el más vil asesinato de los perseguidos después de públicamente estar entregados, está bien bautizada como la Masacre de El Junquito.
Los delitos de Lesa Humanidad no prescriben, dice el derecho, repito.
Los autores de las Masacres de El Amparo, Cantaura y El Junquito, eternamente, desde que acontecieron los hechos, tienen la condena de la persecución, por siempre. Faltan las no accesorias penas de ser confinados a espacios limitados por barrotes verticales, por los años que les queden: hasta que el destino los alcance.
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