Las otras claves pervertidas de las primarias del PSUV, por Beltrán Vallejo

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Todavía estoy esperando que Enrique Márquez y Roberto Picón —los únicos que no son del PSUV—, como nuevos rectores del CNE digan algo sobre la campaña y sobre la jornada de primarias de la mafia pesuvista. No dicen nada, y tienen mucho que decir sobre distintos ámbitos de ese aquelarre rojo.
Mi comentario se inicia con lo fundamental: la campaña interna del PSUV y la propia jornada electoral pueden concebirse como una irresponsable bomba biológica mayúscula y, sobre esto, estoy convencido de que más tarde ocultarán o manipularán las cifras de contagio de covid-19, que llegarán a un alza espantosa y dramática. Sin responsabilidad, sin medidas de distanciamiento social y de manera masiva y despiadada, la campaña y elección del domingo 8 de agosto permitieron la circulación del coronavirus a sus anchas.
Hubo eventos masivos del PSUV hasta en las semanas de restricciones; y el día de la elección, pocos, poquísimos, fueron los centros electorales activos donde se haya cumplido, aunque sea mínimamente, las normas de prevención del contagio.
¿Quiénes van a ser responsable del aumento de contagio, del incremento de enfermos y de los fallecidos? La respuesta es Maduro, Diosdado y su combo, y también hago responsable a Henrique Márquez, a Picón y a toda la rectoría del CNE por no haber ni opinado sobre ese desastre de salud. Covid-primaria debe llamarse lo que se avecina, así lo oculten.
El otro despelote fue el control de las bombas de gasolina por parte del PSUV. Allí se hizo más evidente el hecho de que en estos tiempos de escasez de combustible reina el que tiranice desde las gasolineras, y eso pasó durante la campaña interna del PSUV, cuando la ciudadanía no tuvo gasolina porque las mismas se usaron para llenar los tanques del aparataje de ese partido en sus concentraciones. Y durante la jornada de primarias fue peor, porque ese día hubo batallas campales entre los distintos bandos de la pugna interna para hegemonizar las bombas de gasolina, desde Cariaco hasta la Guajira.
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Ahora bien, y lanzo esa interrogante a mis angelicales amigos de la oposición que quieren participar en la elección del 21 de noviembre, así se haga en la quinta paila del infierno: ¿se están preparando para esta circunstancia cuando no tendrán gasolina para mover aunque sea algún votante, ya que las bombas estarán bajo el régimen dictatorial del PSUV?; ¿disfrazarán a los opositores de votantes maduristas para que así los dejen encaramarse en los únicos vehículos que tendrán para ese día combustible y poder llegar hasta el centro de votación?; ¿los fulanos negociadores del grupo Guaidó que irán a México, si es que se disponen ir a la elección, pondrán primero como condición que para ese día las bombas de gasolina se liberen, y que habrá gasolina efectivamente, y que se monitoreará con garantes internacionales que se haga realidad esa precondición? ¿Qué dijeron Márquez y Picón sobre la tiranización de la gasolina en clave electoral del PSUV?
Lo otro que quiero destacar es que los que fueron a votar, sea el número que sea, lo hicieron en «modo» mercenario. En la mente de los concurrentes no hubo política ni ideología, solo predominaba el primer y segundo escalón de la pirámide de necesidades de Maslow.
Ahí participó un pueblo a punta de ron, dólares, bolsas de comida y otras cosillas; y lo hizo sin pudor y con determinación patética; lo hizo emburrado por sus necesidades, y algunos fueron para esquivar amenazas de despidos y persecuciones laborales.
Lo dejo hasta ahí, y qué pena.
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