Los «gochitos”: la papa segura para muchos caraqueños

Pese a que la hiperinflación es imposible de burlar en Venezuela, los pecios de las hortalizas en estos negocios son hoy la opción más accesible para los caraqueños
La aventura comienza dos días antes en La Grita, estado Táchira. Salen de noche en camiones cargados con toneladas de hortalizas que serán vendidas en Caracas esa semana. No hablamos de extraños sino de unos personajes que cada día se vuelven más populares en la Gran Caracas: “los gochitos”; trabajadores que montan sus mercados en distintas partes de la ciudad a precios que para muchas son la solución en medio de una economía hiperinflacionaria.
Detrás de la estación Los Símbolos del Metro de Caracas, en Los Rosales, se instalan cada semana desde hace tres años, según contó Félix Méndez Avendaño en entrevista a TalCual. “Pasamos 20 horas en carretera, hay que hacer trasbordo porque cargamos en varias partes”, dice el hombre de ojos azules y manos enlodadas de cilantro.
El agricultor relata algunas de las dificultades que se les cruzan en el camino, entre ellas la falta de combustible y la inseguridad. “Es muy bravo llegar aquí con alimentos”. Sin embargo, continúa y pone énfasis en el compromiso que adquirieron con la municipalidad y con la gente.
“Seguimos vendiendo hasta que lo permita el pueblo, para ofrecerle precios solidarios. Esto es un convenio con la Alcaldía para que semanalmente los pueblos de Caracas lleven (alimentos)”, agrega.

Foto: Ariadna García
Hasta el 3 de agosto así se ubicaban los precios en este mercado:
Bs. 2.900.000 – Tomate y pimentón
Bs. 1.700.000 – Ají dulce, repollo, zanahoria, cebolla, papa, guayaba, ajoporro, lechosa, melón
Bs. 1.300.000 – Remolacha, lechuga, celeri, apio, mandarina
Bs. 600.000. – Yuca
Con una inflación anualizada de 82.766% a julio de este año, de acuerdo a las proyecciones que elabora mes a mes la Asamblea Nacional (AN), Venezuela sigue en una vorágine hiperinflacionaria que hasta ahora no ha sido encarada por el gobierno, ante esta realidad, ni las monedas duras resultan un paliativo. Adquirir artículos de primera necesidad se ha vuelto un viacrucis para los venezolanos.
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En la cola para comprar las verduras, un hombre de unos 65 años se queja e indica que, si bien en los supermercados es más costoso, ya no sabe “dónde es más barato”. Refiere que comprar en El Junquito le “saldría mejor”, pero que el tiempo que invertiría para trasladarse debido a la falta de unidades no resulta una opción. El costo de oportunidad resulta muy alto.
Este negocio que se ramifica desde Los Andes hasta la capital, ya tiene acogida en zonas como Santa Mónica, Los Símbolos, Baruta, Piedra Azul, Alto Prado, Manzanares, La California, Los Dos Caminos, entre otras.

Foto: Ariadna García
En contacto con TalCual el director de Hortalizas de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro), Gerson Pabón, explica que mientras exista buena administración y los ferieros cuenten con puntos electrónicos, estos mercados son rentables, pese a la crisis de insumos que enfrenta el sector, situación que ha mermado la producción de hortalizas.
Cuando comenzó este modelo de negocio, Pabón cuenta que existían dos asociaciones que se encargaban principalmente de resguardar la carga con compañías aseguradoras; sin embargo, en la actualidad los ferieros se manejan de forma particular.
Hasta el 9 de agosto el costo del flete tenía un valor de un millardo de bolívares. Según los comerciantes, este es uno de los gastos más representativos, a lo que se debe sumar los viáticos sin alojamiento, debido a que pasan la noche en los camiones.
Algunas de estas ventas ambulantes se sustentan en un modelo de negocios donde un grupo de productores alquilan los camiones para venir hasta Caracas u otras ciudades a vender sus cosechas, lo que significa que deberán pagar una fuete suma al propietario del transporte por el flete.
En otro casos, el dueño del camión trae buena parte de la carga a consignación; es decir, el productor entrega sus productos al comerciante y cobra según la cantidad de mercancía que se venda en la jornada.
“Las alcabalas… eso es una extorsión porque dicen ‘deme una verdurita que no me alcanza para comer’, entonces al final lo que uno va dejando ya le han tumbado mucho, nos tienen jodíos”, relata uno de los trabajadores sobre las “peticiones” que hacen los oficiales durante el trayecto.

Foto: Ariadna García
Doce años en la California Sur
José Luis Contreras lleva doce años trayendo su mercado hasta La California. Accede a hablar y comienza recordando “lo barato” que era todo cuando empezó, no obstante, pasa rápidamente a la economía actual y explica que los víveres han ido “subiendo, subiendo, subiendo”.
En relación a la afluencia de los consumidores, Contreras señala que el año pasado vendía entre seis y siete mil kilos de hortalizas los días miércoles y jueves. Ahora trae unos 11 mil kilos para ambos días y “no alcanzan”. Dice que en un solo día puede quedarse sin mercancía.
Pero la escasez de insumos atenta contra las posibilidades de aumentar la oferta. José Luis, que también es productor, comenta que por la falta de insumos la producción ha disminuido. “Yo vendía 80 cestas de plátano aquí, ahorita estamos sacando 50 y de vaina, para la semana que viene será menos porque no hay (semillas), por eso está caro, porque no hay”.
El director de Fedeagro refiere que en abril de este año, un sobre de 15 mil semillas de tomate tenía un valor de 90 millones de bolívares, en agosto ya se ubica en Bs. 850 millones, lo que representa un alza de 944% en cuatro meses.
Los precios en este mercado hasta el 9 de agosto se mantenían de la siguiente forma:
Bs. 2.500.000 – Pimentón, tomate, ají, zanahoria, lechosa, melón, cebolla
Bs. 1.500.000 – Papa, repollo, guayaba
Bs. 1.200.000 – Plátano
Bs. 1.000.000 – Calabacín, berenjena, pepino, remolacha, apio, mandarina, piña, aguacate, jojoto, cambur
Bs. 600.000 – Cebollín, limón, chayota, mango, naranja, auyama, yuca, topocho
Al margen de la caída de la oferta y el constante aumento de precios, los gochitos siguen siendo la mejor opción para muchos compradores, quienes aseguran que sin estos mercados itinerantes sería mucho más difícil poder adquirir verduras y frutas, en algunos casos los únicos alimentos a los que tienen acceso.