Muerte en la pequeña Venecia, por Gustavo J. Villasmil-Prieto

“The “signore” is not leaving- he has no fear of the sickness, has he?”. Aschembach looked at him: “The sickness?”, he repeated”.
Thomas Mann, “Death in Venice” (1911)
Cambiando lo cambiante – y que no es poco– la visión de una Caracas desierta y sin vida evoca a la de la hermosa villa reina del Adriático en la que se desarrolla el drama que nos entrega Thomas Mann en su “Muerte en Venecia” de 1911. La historia va poco más o menos así: pese a estar embelesado ante la sensual visión del joven Tadzo, el viejo Gustav von Aschembach se percata de que la gente a su alrededor empieza a enfermar y a morir. Una terrible epidemia –el cólera– se ha desatado. Pero su embeleso erótico con el rubio muchacho polaco es tal que von Aschembach ni se inmuta; al contrario, permanece allí sentado, contemplándolo con lascivia mientras el párvulo juega inocentemente con la arena de la playa, permaneciendo deliberadamente al margen de la tragedia que en torno a él se desarrollaba.
Embeleso aquél que se me antoja similar al del alto régimen venezolano hoy, que preso de la erótica del poder no mira ni atiende de frente a la catástrofe sanitaria que se nos viene encima y que de la que apenas estamos viendo como se asoma.
Catástrofe que es la suma de muchas otras que no se desataron precisamente con la llegada del extraño virus venido de la China que hoy acogota al mundo entero como tampoco en 2004, cuando los restos de la sanidad pública venezolana fueran sacrificados a los pies de esa estafa continuada que se llamó Barrio Adentro.

Abandonado Barrio adentro
Una catástrofe de la que ni siquiera podemos decir que comenzó en 1998 con el arribo de Chávez, pues su génesis es mucho más antigua y habría que ubicarla en décadas de rentismo necrosante, de desprecio por toda noción de lo público, de captura progresiva de sus espacios institucionales por intereses bien ajenos a los de la salud del venezolano; años de corruptelas y de gremialismo irresponsable en las que el diseño original de sus instituciones se fue alineando más y más con incentivos perversos que vaciaron de todo sentido el querer hacer las cosas bien.
En 2004, con una nueva bonanza petrolera, llovieron los billetes y con ellos –como antes en los años setenta– los amiguetes de ocasión.
Fue así como aparecieron los cubanos, hábiles como pocos cuando de vender canciones, discursos y baratijas se trata. Nos vendieron Barrio Adentro por 30 millardos de dólares ¡y se lo compramos!
Hasta que llegamos a la ruina sanitaria que hoy somos y desde cuyos restos nos toca enfrentar el desafío histórico del Covid-19. Un desafío sanitario que se sobrepone a los muchos otros que desde hace años estamos tratando de enfrentar con bastante poco éxito.
756 madres murieron en 2019 en Venezuela tratando de traer al mundo a sus hijos. Una vergonzosa tasa de 112,5 muertes maternas por cada 100 mil nacidos vivos es la enseña luctuosa que distingue a Venezuela en el ámbito iberoamericano desde bastante antes de la llegada del virus de Wuhan. 21,5 bebés venezolanos por cada 1000 nacidos vivos no llegaron a cumplir el primer año de vida en 2016, siendo que en 2008 fueron 15. Y así por el estilo.

Parir en Venezuela es un suplicio
Son las banderas de muerte que ondean en la Pequeña Venecia de la revolución; banderas de horror que se juntan alrededor de una aún más alta: la de la reducción de la esperanza de vida al nacer en 2018 en 3,5 años. He allí el “logro” más contundente de la sanidad venezolana bajo el signo del régimen rojo: el haber podido movilizar a la baja a uno de los indicadores demográficos tenidos por más “duro”, tanto que por lo general solo tras grandes catástrofes naturales o guerras se modifica. Nada de eso fue necesario. La revolución se bastó por sí sola para hacerlo.
Drama profundo para un país que, como el nuestro, fuera un día faro de modernidad sanitaria en este continente, al punto de que mi generación médica conoció a la malaria en la literatura de Miguel Otero Silva antes que en las salas de hospitalización en las que nos formamos. Tragedia venezolana en la que solo entre enero y marzo de 2019, 1557 compatriotas perdieron la vida por causas perfectamente evitables, tal y como el equipo de investigadores de la Encuesta Nacional de Hospitales lo consignara en el informe que fuera a dar a las manos de la colega Michelle Bachelet y a la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos a cuya cabeza está.
*Lea también: Contrastes en la cuarentena, por Luis Manuel Esculpi
¿Y qué ha dicho o hecho el poder en esta, nuestra Pequeña Venecia, desde entonces? Absorto como el decadente pederasta del relato de Mann, entregado a al goce de su pasión totalitaria y al usufructo de sus mieles, el poder en Venezuela no atendió jamás llamado alguno.
Hoy tira a la fuerza pública a la calle creyendo poder contener con ello a un virus de apenas unas pocas nanomicras e impone una dura cuarentena a millones de ciudadanos pobres carentes de toda capacidad de ahorro.
La escena final del drama de Thomas Mann no pudo ser más patética: el joven Tadzo y su familia, persuadidos del peligro que corrían, súbitamente abandonan Venecia. Pero el decrépito aristócrata continuó sentado frente al mar esperando la aparición del deseado muchacho, perdido en su delirio onanista mientras los empleados sanitarios recogían por doquier a las víctimas de aquella epidemia. Una tarde se acercaron a él y constataron lo peor: Gustav von Aschembach estaba muerto.
Referencias:
Mann,T. Death in Venice and seven other stories, ed. 1989. New York Vintage International, 3-73.
Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), edición 2018 [Internet]. En: http://www.encovi.ucab.edu.ve. Consultado el 21 de marzo de 2020.
García J, G Correa, B Rousset. Trends in infant mortality in Venezuela between 1985 and 2016: a systematic analysis of demographic data. The Lancet Global Health, Vol. 7, issue 3, March 1, 2019, PE331-E336.
Unicef. República Bolivariana de Venezuela. Documento del programa del país 2015-2019 (E/ICEF/2014/P/L.2), p.69 [Internet]. En: https://www.unicef.org. Consultado el 22 de marzo de 2020.
Encuesta Nacional de Hospitales, 2019 [Internet]. En: https://www.encuestanacionaldehospitales.com/2019. Consultado el 22 de marzo de 2020.