Mussolini ataca a Grecia (1940), por Ángel R. Lombardi Boscán

Para José Javier, socio hípico
«Queda en pie el problema de Grecia y Yugoslavia. Italia tiene medio millón de hombres en la frontera yugoslava y doscientos mil en la de Grecia. Los griegos representan para Italia lo que los noruegos representaron para Alemania antes de la acción de abril. No es necesario proceder a la liquidación, visto que cuando nuestras tropas hayan avanzado en Egipto, la flota británica no podrá permanecer en Alejandría y habrá de buscar refugio en los puertos griegos». Esto es del Duce Mussolini conferenciando con Ribbentrop en septiembre de 1940 en Roma.
Mussolini quedó muy impresionado por la Blitzkrieg alemana y como había pulverizado a Polonia, Noruega, Países Bajos, Bélgica, y muy especialmente, a Francia. Su «discípulo» Hitler había superado al maestro. Y ahora el maestro tenía que reivindicarse ante sí mismo y la comunidad europea en llamas.
La Italia fascista (1922) inspiró a la Alemania nazi (1933). Sólo que había una diferencia crucial. Hitler se rearmó a conciencia para buscar venganza de la afrenta de los aliados con el Tratado de Versalles (1919). En cambio, Mussolini usó la retórica grandilocuente sin aparejarla con tanques y un ejército de capacidad combativa equivalente al profesionalismo de la Wehrmacht.
El fascismo italiano, otro rezagado más en el reparto colonial del mundo, revivió las calenturas de un pasado grandioso vinculado al muy poderoso imperio romano en la antigüedad. Mussolini explotó el nacionalismo de una Italia rezagada en el concierto de las grandes potencias de la época. El resentimiento es un resorte histórico poderoso en las colectividades.
Mussolini pecó de iluso y creyó que la guerra ya estaba resuelta a favor de Alemania. Lo de Inglaterra sólo era un trámite. Además, una Alemania crecida en sus conquistas hasta pudo haber pensado en invadir a la débil Italia. Y esto para el oportunista Mussolini se debía evitar a todo trance.
Inglaterra sola, pudo sostenerse en pie en el verano de 1940 ganando la más formidable batalla aérea contra la Luftwaffe. Y ahora tenía que combatir contra los italianos en el Mar Mediterráneo y el norte de África, más concretamente entre Libia y Egipto.
Mussolini, sobreestimó sus propias capacidades y subestimó la de los ingleses. Desde el conde Ciano hasta la plantilla mayor de los generales fascistas había la creencia de una Italia que no estaba preparada para entrar en la guerra con alguna posibilidad de éxito real. En Grecia se estrellaron. Y en Libia también. Y en el Mediterráneo oriental su flota también pifió. Italia resultó un pésimo aliado militar para Hitler. Y aun así el «cariño» del Führer por el Duce le ayudó siempre en sacarle las patas del barro.
Mi abuelo Gerardo Lombardi estuvo en Libia en la muy famosa división Ariete, la de mejor desempeño de todas las divisiones italianas en el conflicto en el desierto. Mi abuelo me confirmó las desventajas de las tropas italianas en comparación con sus propios aliados del Afrika Korps. Mientras los alemanes se movilizaban por el desierto con transportes tipo oruga y camiones adecuados los italianos en su mayoría tenían que hacerlo a pie.
Por otro lado, la aviación italiana se mostró irregular en su desempeño en la guerra. Y la Regia Marina se dejó quitar la iniciativa muy rápido de parte de los muy decididos ingleses, quienes en Tarento, en noviembre de 1940, inutilizaron por muchos meses a los principales acorazados italianos surtos en la rada.
La invasión a Grecia, que se pensó un paseo de salud, fracasó estrepitosamente erosionando el prestigio del Duce como guerrero exitoso. Aquí entramos en el territorio de la psicología de estos narcisos y psicópatas. Para Mussolini su: «Desriñonaremos a Grecia» fue una farfullería más. Un autoengaño bestial. La invasión se lanzó el 28 de octubre de 1940 desde Albania y con consignas de optimismo que la realidad negaría de inmediato.
Los griegos, un ejército modesto, rechazaron a los italianos y les propiciaron una vergonzosa derrota. Inglaterra, sola contra Hitler, empezaba a recuperar una moral cabizbaja por una confianza renacida en sus posibilidades de éxito. En este sentido los italianos le hicieron un flaco favor a la causa del Eje.
Charles Chaplin, un gran sociólogo y psicólogo, hizo su obra maestra: «El Gran Dictador» del año 1940 enfrentando los egos agigantados de Hitler y Mussolini. Se inspiró en la realidad. Los ridiculizó y lanzó la más grande crítica hacia los totalitarismos autoritarios desde el arte cinematográfico. Hoy, su vigencia se mantiene.
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Hitler deploró el fracaso italiano porqué le distrajo de su plan de ataque sobre la Unión Soviética. El 6 de abril de 1941 los alemanes invadieron Grecia y Yugoslavia con la misma eficacia acostumbrada. Ya en ese entonces Mussolini y los italianos dejaron de ser un aliado confiable de los alemanes para convertirse en un satélite más.
La insensatez del dictador italiano trajo la derrota y tragedia de todo su pueblo. Las ansias imperialistas italianas en el norte de África, el mar mediterráneo y la misma Europa quedaron hechas añicos. Italia, y esto lo sabían sus principales políticos y militares del momento, no estaba preparada para ir a la guerra. En este sentido, otro dictador como el español Franco, fue mucho más astuto.
Ángel Rafael Lombardi Boscán es Historiador, profesor de la Universidad del Zulia. Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ. Premio Nacional de Historia. Representante de los Profesores ante el Consejo Universitario de LUZ
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