Nos alcanzó el futuro, por Teodoro Petkoff

Todavía conmocionados por la espantosa tragedia que le ha tocado vivir a los Estados Unidos (y en cierta forma al mundo entero), se imponen algunas consideraciones que vayan más allá de la condena sin atenuantes que semejante acción terrorista merece. El momento es sumamente delicado y del gobierno norteamericano cabría esperar una reacción madura y con sentido de las proporciones. De hecho, Bush se cuidó de lanzar acusaciones al voleo. Aunque es poco probable que ahora haya sido así, no está de más recordar que la bomba de Oklahoma fue colocada por un fanático nazi norteamericano, y que el famoso Unabomber era también un desquiciado de esa nacionalidad. Una acción de esta naturaleza muy improbablemente tiene un Gobierno detrás. Parece, más bien, obra de alguno de esos grupos al margen de toda lógica política convencional, ya sea de izquierda o de derecha, y fuera de todo control, que hoy se mueven por el mundo, incluyendo los propios EEUU.
De otro lado, este trágico 11 de septiembre hace ver cuán fútiles son las estrategias modelo «guerra de las galaxias». ¿Para qué «escudos antimisilísticos»? Tal como van las cosas, las «guerras» que vienen, de las que los aviones del World Trade y del Pentágono son anticipaciones de pesadilla, serán también perversas manifestaciones de la globalización. Todas las fronteras están cayendo; también las del terrorismo. Nadie es invulnerable. El siglo XXI realmente acaba de comenzar, con este terrible aldabonazo. Contra lo que cierto triunfalismo imaginó, la historia no llegó a su fin con el derrumbe del comunismo. Nuevas y tremendas tensiones -entre civilizaciones, etnias, culturas, religiones, políticas y sociedades- ocupan un escenario en el cual, hasta hace poco, los árboles de la confrontación bipolar soviético-norteamericana no dejaban ver el bosque de un planeta desgarrado por hondas contradicciones y desequilibrios que claman a Dios, para las cuales no todas las respuestas van a estar dentro de las coordenadas de la racionalidad política. Estos son enigmas que el mundo debe despejar ahora, antes de que el futuro termine de alcanzarnos. Es un desafío sobretodo para los más ricos y poderosos.