Panamá y Venezuela, por Héctor Pérez Marcano

Un viejo refrán asevera que “no hay peor cuña que la del mismo palo”. Sin pretender ofenderlos –los creo necesarios– afirmo que en esa peor cuña se han convertido María Corina Machado y Antonio Ledezma cuando entorpecen la posibilidad de conformar un consenso unitario que facilitaría el objetivo que ellos proponen al solicitar la intervención militar de USA en Venezuela.
Aclaro que dada la complejidad de la crisis venezolana yo no veo otra posibilidad de salir de la mafia que encabezan Maduro y Padrino que no sea por medio de la aplicación rigurosa del TIAR que implica la acción militar.
Para ilustrar a María Corina y Ledezma, que se estarán preguntando por qué no se da la acción militar voy a relatar mi experiencia en la intervención de USA cuando erradicaron a Noriega. El parlamento venezolano del cual yo formaba parte decidió intervenir en la búsqueda de una solución a la situación panameña que al igual que la venezolana se encontraba entrabada porque la oposición a Noriega no daba con un acuerdo unitario para suceder al dictador con un gobierno de transición; lo cual paralizaba a USA que ya tenía listos a los marines pero que no sabía a quién convenía entregar el poder ante una oposición que era un saco de gatos.
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El parlamento venezolano designó una comisión que viajara a Panamá a colaborar en la búsqueda de una solución unitaria. Debo recordar que la situación centroamericana era muy compleja, tanto que la negociaban varios factores e intereses. USA exigía a la URSS que paralizara el envío de armas al El Salvador y Nicaragua con la ayuda de Cuba. El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional-Ffmln en El Salvador y el Frente Sandinista de Liberación Nacional-FSLN avanzaban hacia la victoria.
Cuba se comprometía pero no cumplía lo cual desesperaba a USA interesada en deshacerse de Noriega –viejo colaborador de la CIA–Nicaragua exigía el cese de la actividad de la Contra que era apoyada por el gobierno de USA.
Noriega defendía su sobrevivencia sirviendo de enlace con Cuba y el cartel de Medellín. En 1990 Noriega y Fidel Castro se entrevistaron dos veces, según la investigación de los periodistas franceses Francois Fogel y Bertrand Rosenthal según lo afirman en su libro “Fin de siglo en La Habana”. En una de esas entrevistas Noriega le entregó a Fidel toda la información que había obtenido de la DEA de un complot que se fraguaba en Cuba contra él.
Noriega también servía de puente entre Cuba y Escobar. Eran los tiempos en que el Gral. Arnaldo Ochoa y los gemelos De La Guardia realizaban maniobras desde Panamá que les permitían burlar el bloqueo norteamericano. Panamá era su centro de operaciones.
En medio del forcejeo geopolítico en Centroamérica se había producido un hecho insólito. Fidel Castro, Carlos Andrés Pérez, Torrijos, Noriega y Felipe González se acordaron para colaborar en la derrota de Somoza. Este grupo de personalidades operaba sobre Nicaragua a través de Simón Alberto Consalvi a quien Carlos Andrés Pérez había instalado en San José, Costa Rica, con plenos poderes y recursos.
La comisión parlamentaria venezolana, de la cual formé parte, realizó una labor descomunal y encomiable al lograr que aquel saco de gatos se acordara en torno a uno de sus líderes que se llamaba Endara para encabezar el gobierno que sustituiría a Noriega.
El acuerdo dio vía libre para la acción de los marines que barrieron con los “batallones de la dignidad” –especie de colectivos– que reprimían al pueblo panameño. El mismo Noriega estuvo cuatro días escondido y cuando reapareció lo hizo en la sede del Nuncio del Vaticano. Se entregó mansamente después de haber alardeado, como aquí, que resistiría rodilla en tierra.
La intervención en Panamá no ha sido negativa. Panamá es hoy una nación con estabilidad política y democrática y un centro financiero internacional de primera importancia.
Estoy convencido de que en el Depto. De Estado de USA priva hoy la misma confusión que cuando el caso panameño. Al no observar unidad en la oposición venezolana se inhiben de actuar. La aplicación del TIAR en Venezuela fue aprobada en la OEA por los asesores de Trump; más de una vez, incluido Pompeo, han afirmado que todas las opciones están sobre la mesa, no se ha descartado ninguna.
Creo que Ledezma y María Corina debieran preguntarse por qué no se ha aplicado lo ya acordado en la OEA.
Creo que la cuña del mismo palo, sin quererlo, está ayudando a la sobrevivencia de la dictadura.
Imagino que Maduro debe estarles agradecido.
Todo lo aquí analizado nos confirma que la unidad de la oposición es imprescindible para cualquier resultado que se pretenda obtener. Sin unidad no hay oposición.
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