Próxima estación: Argentina, por Luis Ernesto Aparicio M.

Twitter: @aparicioluis
Siete meses son los que separan a la Argentina —así, como la llaman los argentinos— de una elección presidencial que se pronostica —como todas— como la más importante y determinante para el futuro de esa nación.
Las próximas elecciones argentinas tienen como marco a una agresiva y volátil inflación, una deuda enorme con el Fondo Monetario Internacional (FMI) cuyos pagos están, al menos intentando, negociar. No obstante, lo más destacado de ese retrato es la suma de nuevos pobres. Según las últimas estadísticas del 2022, hay un millón de nuevos pobres en esa nación, pasando a engrosar casi el 40% de la población.
En la secuencia de recopilación de datos, se ha determinado que la cantidad total de pobres en Argentina ha llegado al impresionante número de 18 millones, siendo quienes tienen menos, como siempre, los más afectados. Sobre todo, los niños, puesto que se habla de que uno de cada dos menores vive en un hogar donde se carece de las condiciones básicas de vida: alimentación, educación y sobre todo salud.
Así, con ese panorama nada halagador para el actual gobernante, Alberto Fernández, se están aproximando las elecciones en donde se definirá quién le sucederá en la Casa Rosada. Por supuesto, en un país donde las tendencias políticas derivan en una especie de culto a Juan Domingo Perón, o hacia su esposa —Eva— las promesas electorales compiten por una oferta más efectiva y parecida a la que ese pasado político, pueda ofrecer a la Argentina.
En este escenario argentino, donde las condiciones afectan a candidatos conocidos como Cristina Fernández de Kirchner —aunque lo niegue— Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y otros, se abre paso entre ellos el mayor de los riesgos para la joven democracia argentina. Cual libreto, un nuevo populista les puede disputar a los ya establecidos, sobre la inmensa ola de la pobreza antes mencionada, de apatía y rechazo de los jóvenes que apenas eran niños cuando la última crisis económica afectaba al país.
Se trata de Javier Milei, un enemigo de la política que, como todo populista advenedizo, carga contra ella y se encumbra sobre promesas fuera de la realidad. Con un discurso incendiario, desde donde amenaza a todo el orden establecido, bueno o malo, utilizando un lenguaje hiperbólico ha prometido la venganza y el establecimiento de un gobierno diferente.
En ese afán, hace algunos días, este nuevo error de la política tradicional e incapaz de adaptarse, ha presentado un plan llamado «motosierra», haciendo énfasis en la necesaria —a su juicio— eliminación de ministerios de mucha importancia para el desarrollo de los países, pero que a lo largo de la historia han demostrado incapacidad para hacerlo.
Entre las víctimas que resume el plan de Milei, se pueden contar a los ministerios de Educación, Salud, Obras Públicas, Desarrollo Social y otros. A cambio, promete legalizar la compraventa de órganos humanos y armar, sin restricciones, a todos los ciudadanos argentinos, para acabar con la delincuencia.
Además, plantea la competencia entre monedas, es decir que el peso argentino compita contra el dólar y cualquiera por los que se decida la ciudadanía, esa será la que prevalecerá como moneda circulante.
Como todos, ha fundado su partido político otorgándole un nombre que atraiga a las masas, sobre todo a las agotadas, sin rumbo y sin acceso a los mínimos recursos para sobrevivencia: La Libertad Avanza. ¿Quién no se sentiría atraído por un esquema o propuesta que lleve ese nombre? No obstante, pese a que la experiencia histórica nos ha mostrado que estos personajes terminan convirtiéndose en lo contrario a sus organizaciones, incluyendo sus promesas, esta organización política, en este preciso momento, ocupa el tercer puesto en la preferencia de los argentinos.
Por hábito, los seguidores de estos personajes no sienten interés por sus propuestas. En ninguna circunstancia quieren eliminar un sistema educativo gratuito y que este a su vez, sea asumido por los sectores privados. Sin embargo, se conectan o se sienten atraídos por los discursos que encierren la revancha y la enemistad con el otro, quien al fin y al cabo suele ser el acusado principal.
Los «odio a los zurdos de mierda», «Tiemblen políticos. Sigan mintiéndole a la gente» y «son una mangas de delincuentes y ladrones», son claves discursivas en la producción de las melodías que los oídos de quienes protestan y están en contra de todo lo establecido, quieren escuchar. Es parte de los principios fundamentales, en los comportamientos y las campañas de los populistas.
Falta mucho por recorrer para alcanzar a la estación del 22 de octubre 2023, pero a menos que los demócratas argentinos comiencen a tomar en serio lo que representa Javier Milei y logren alguna fórmula que le permita frenarle, definitivamente, por la situación de la Argentina, podríamos estar ante la presencia de una versión más extrema y ultra que la de Bolsonaro, Abascal, Duterte o Trump, juntos.
Luis Ernesto Aparicio M. es periodista, exjefe de Prensa de la MUD
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