Se alzó el Partido Comunista, por Fernando Rodríguez

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Es un fenómeno notable que algunos partidos de izquierda que acompañaron siempre al chavismo, en general pequeños, callados y sumisos al PSUV durante años y años, apenas visibles, se hayan levantado ahora con bríos —a la cabeza el PCV— contra la nueva política económica de Maduro, que nadie puede dejar de ver como un paso al capitalismo más desalmado y seguramente muy corrupto. Esto último seguramente aleccionado por los compañeros rusos.
Mire usted las vueltas que da la brújula de la historia que avanza y retrocede y cambia de rumbos con una celeridad que, entre otras cosas, nos suele dejar con la boca abierta. Moscú era la cuna y la cima de toda revolución.
En pocas palabras: los tataranietos de Lenin le dicen al revolucionario Maduro que es un sucio capitalista y que se van a otros parajes políticos a defender la causa popular. De capitalismo dependiente y sujeto al imperialismo lo acusan y lo amenazan que, de no cambiar, romperán pajita para siempre.
Maduro, con su proverbial delicadeza verbal, les ha dicho infantiloides, ilusos, ultraizquierdista, traidores a la revolución, etc. Además, por supuesto, de atropellarlos, amenazarlos, callarlos y otros castigos que merecen todos los insurrectos. Pero, como alguien ha dicho, las condenas ideológicas de Maduro son las que solían hacer los partidos comunistas realistas o dogmáticos, según se mire, a aquellos aventureros voluntaristas, según se vea, que creían que la luna era de pan de horno y que bastaban los radicalismos bravíos y los testículos grandes para lograr el ascenso al paraíso revolucionario.
O sea que, por lo visto, se está dispuesto a privatizar hasta el Panteón Nacional, pero seguimos en revolución, seguimos siendo hijos del comandante eterno, obligados a alguna concesión intrascendente, como —¿lo sabrán esa cáfila de ignorantes?— tuvo que hacer Lenin en un momento en que el país de los soviets se le venía encima. Pero no hay que ir tan lejos.
Los cubanos que todavía no están embalsamados en la Plaza de la Revolución están haciendo cosas parecidas. De ciento y tantas profesiones permitidas a privados se pasó en estos días a más de dos mil. Claro, el Estado rojo se reserva la salud, la educación, la defensa, etc., valga decir, aquellas áreas donde se controla realmente el poder.
La razón de esta apertura significativa sin duda tiene que ver con la llegada a la Casa Blanca de Biden que puede ser clave para medio parapetear la destrozada economía cubana, a punto de repetir el período especial, si decide —como ha prometido— volver a la política de Obama. De manera que no creo que el PCV y sus aliados (PPT y Tupamaros, por ahora) vayan a ser acogidos por el otrora muy ortodoxo, soviético, Partido Comunista Cubano. Ni Maduro tampoco será reprobado porque lo que es igual, al menos parecido, no es trampa.
Lo que sí me parece notable —siempre se puede aprender algo— es que hay una asociación mundial de partidos, una suerte de nueva mini-Internacional Comunista que ha salido gallardamente a defender a sus camaradas venezolanos y le ha dado con todo a Maduro. Es conmovedor. Proletarios de todo el mundo uníos.
Como se verá, esta lucha entre «revolucionarios» no va a ir muy lejos. Ni van a crecer los sobrevivientes de la caída de los muros y las estatuas del siglo pasado ni Maduro, que tiene de comunista lo que Iris Valera tiene de académica de la lengua, va a perder el apoyo de los amigos cubanos, salvo que, es un decir, a Biden le dé por ahí en sus cambalaches: Maduro de ñapa en el toma y dame.
Yo diría que todo esto entra mejor en el modelo chino que cada día crece y crece, ahora más con su manejo de la pandemia y un insólito crecimiento cuando el resto del mundo pasa las de Caín.
Ahí como que es el nuevo espacio para pensar muchas cosas que parece extravagancias a la luz de categorías con las que hablábamos hasta que cayeron los muros y las estatuas. Ahora sí es verdad que estamos siendo arropados por el peligro amarillo, que se mete por aquí y por allá, hasta conmover muy ávidas y sibilinas cabezas empresariales.
Fernando Rodríguez es Filósofo y fue Director de la Escuela de Filosofía de la UCV.
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