Tiempos de resistencia, por Gonzalo González

En anteriores notas sostuve, que el régimen no estaba en disposición de negociar una solución real y con los interlocutores apropiados a la crisis política. Argumentaba, entre otras razones, que la naturaleza dictatorial totalitaria de su proyecto político, su lectura de la correlación de fuerzas y la confianza en la capacidad de sus mecanismos de control social y político para conservar la gobernabilidad fortalecían la intransigencia del chavismo.
La decisión del TSJ de declarar la Omisión Legislativa de la Asamblea Nacional en relación a la designación del CNE corrobora lo anteriormente expuesto. El acuerdo parcial entre la Asamblea Nacional presidida por Guaidó y el Gobierno Maduro sobre los fondos y recursos de la OPS es una excepción y no un cambio de las reglas en la praxis del chavismo.
La vuelta del chavismo a la AN no fue (como algunos barruntaron) un acto de contrición ni el comienzo de la restauración del orden constitucional; fue, y los acontecimientos posteriores lo han demostrado, el comienzo de una operación para tratar de dividir la mayoría democrática mediante el soborno, la intimidación y la represión, – la circunstancia de que el Desacato no hubiese sido derogado concitaba sospechas sobre la verdadera intención del retorno -.
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La operación Alacrán (todavía en progreso, según algunos) fue un fracaso porque las reservas de dignidad, compromiso y valentía de la mayoría de los diputados democráticos se impuso.
Sin embargo el chavismo montó una directiva paralela carente de legalidad y legitimidad; maniobra que rápidamente fue rechazada y desconocida por la mayoría del cuerpo social de la nación y la comunidad internacional democrática.
La AN por iniciativa de la mayoría democrática y en cumplimiento de las competencias conferidas por la Constitución procedió a designar una Comisión Especial de Postulaciones (plural y proporcionalmente integrada) para trabajar una propuesta de conformación del CNE. Desde el comienzo de su funcionamiento el chavismo se ha dedicado por diversos métodos a sabotear sus trabajos y gestiones; ahora se sabe con certeza (aunque se sospechaba) que era para pavimentar el camino a la solicitud de la Omisión Legislativa. Solicitud realizada por personeros de “la mesita” (para darle un barniz de amplitud) y prontamente atendida por el TSJ.
Estamos en presencia de un acto de intransigencia e irresponsabilidad con el país porque se vuelve a cerrar la posibilidad de una salida concertada, pacífica y constitucional a la crisis política; verdadero nudo gordiano que impide el comienzo del proceso de cambio necesario que necesita Venezuela y anhela la mayoría determinante de la ciudadanía porque sabe que de continuar el statu quo estamos abocados al despotismo, a una vida de carencias estructurales espirituales y materiales a contrapelo con las potencialidades de la nación.
El chavismo persiste en su proyecto de consolidar su dominación mediante la instauración de un sistema político de anatomía democrática y fisiología dictatorial que he venido caracterizando como Neo dictadura porque, aunque difiera de las dictaduras tradicionales padecidas por la sociedad venezolana, comparte el desiderátum de todo régimen del tipo señalado: la concentración de todos los poderes sin contrapeso ni control alguno en el Poder Ejecutivo. Lo cual, sin duda alguna, constituye un retroceso neto en materia política.
Corresponsabilizar a las fuerzas democráticas por ésta situación es deshonesto política y personalmente. Lo cual no excluye señalar errores y carencias de la dirigencia democrática.
El posicionamiento de los sectores democráticos y de la ciudadanía no puede ser el de aceptar la imposición, asimilarse y bailar al son que al chavismo conviene; y no debe porque va en contra de sus intereses como sujetos políticos y de su calidad de vida material y espiritual amén de sacrificar todo el patrimonio cultural y los activos materiales trabajosamente acumulados durante un siglo.
En mi criterio, lo que viene es una etapa de resistencia a la dictadura, por cuanto tiempo es difícil de precisar y respecto a sus modalidades las circunstancias las marcarán siempre y cuando el fin y los medios sean congruentes.
La dirigencia democrática debe elaborar un plan de lucha acorde con las circunstancias, hablarles claro a los venezolanos sobre las dificultades de vencer a un régimen como el imperante y no alentar falsas expectativas en cuanto al tiempo ni otras de improbable materialización.