Un chance a la paz, por Teodoro Petkoff

La misión de la OEA no puede ser otra que la de facilitar el establecimiento de la comunicación entre las partes, así como el desarrollo de las negociaciones si aquélla se produce
La llegada del secretario general de la OEA, César Gaviria, inaugura un nuevo momento de nuestro drama nacional. Viene precedido de declaraciones prodiálogo tanto por parte del gobierno como por parte de la Coordinadora Democrática. Es decir, en principio, ambas partes, con los piquetes verbales de costumbre, han dicho que estarían dispuestas a sentarse a hablar. Sin embargo, habría que alertar ante dos tipos de confusiones. Una, la de que Gaviria trae alguna fórmula mágica que, como por encanto, producirá un acuerdo gobierno-oposición en un plazo muy corto. Otra, la de que las piedras en el camino implicarían la inutilidad del esfuerzo y que mejor es dejar eso así. Procesos de polarización política, acompañados de guerras, y por tanto muchos más fregados que el nuestro, han terminado en acuerdos y soluciones, después de difíciles y prolongadas negociaciones. En nuestro caso, donde todavía la violencia armada no es el signo dominante, la contrapartida de un optimismo en mangas de camisa no tendría por qué ser la de un pesimismo sombrío y desesperado. La misión de la OEA no puede ser otra que la de facilitar el establecimiento de la comunicación entre las partes, así como el desarrollo de las negociaciones si aquélla se produce. Esto ya sería un gran logro. Pero lo que ocurra en el curso de las conversaciones dependerá de la voluntad de nosotros los venezolanos y de nadie más.
En su anterior visita, la OEA, así como el PNUD y el Centro Carter, identificó tres áreas respecto de las cuales tanto el gobierno como la oposición manifestaron intención de discutir: el esclarecimiento de los crímenes del 11 de abril, el desarme de los grupos armados y la elección de un CNE idóneo. Por supuesto que la agenda no quedaría agotada con estos tres aspectos. Ellos son apenas los que surgieron de las primeras exploraciones de los facilitadores. Pero el tema de la salida a la crisis política constituye, sin duda, el gran telón de fondo. Sobre esto hay algunos avances que no por estar rodeados de alambradas de púas dejan de serlo. Por un lado la oposición ha hecho de la convocatoria de un referendo consultivo el centro de su acción política; por otro lado, el gobierno comienza a admitir esa posibilidad, condicionándola a que la pregunta no sea anticonstitucional. El matiz es interesante, sobre todo porque en la Asamblea Nacional algunos parlamentarios pertenecientes al bloque oficialista se han venido pronunciando a favor de que sea el Parlamento quien convoque esa consulta. De modo que las gestiones de César Gaviria se producen en un ambiente donde no solamente resuenan los discursos de la Plaza de Altamira y las fanfarronadas de Aló Presidente. Mirando bien, podría verse el bosque y no solamente los árboles.