Una proclama para la esperanza, por Alejandro Oropeza G.

Twitter: @oropezag
Que el orgullo de ser venezolano esté presente en cada uno de nuestros conciudadanos,
orientando con ética y sentido de pertenencia nuestros pasos y nuestra actividad social y política.
Proclama de VenAmérica,13 de marzo 2021
El pasado 13 de marzo de 2021 tuvo lugar en Miami, Florida, la Asamblea General de Miembros de la ONG VenAmérica, en la cual fue renovada, en un ejercicio cierto de alternabilidad, parte de la Junta Directiva y electos como nuevo presidente mi estimado amigo Paciano Padrón y, como vicepresidente el infatigable y también amigo Luis Corona. Fue ocasión propicia para que la reunión discutiese y aprobase una proclama que diese fe del ánimo de los integrantes de la organización; de la esperanza que en la distancia nos asocia respecto del inagotable esfuerzo que realizamos en pos de la recuperación de la mancillada democracia y la conculcada libertad de los compatriotas venezolanos y que expresase nuestra visión de futuro que, recordando a Ortega y Gasset, nos dé fundamento como nación, visión que debe sustentarse en nuestras tradiciones, nuestra historia y en lo que nos define como pueblo soberano.
Recoge la proclama, entre otros, dos aspectos determinantes de la posición respecto de la crítica situación del país: un llamado urgente a la unidad y a la coordinación de acciones y estrategias a los factores, no solo políticos sino de la sociedad civil y de la ciudadanía, como mecanismo indispensable para lograr el avance hacia el objetivo de iniciar, lo más pronto posible, un gobierno de transición que nos conduzca hacia la normalización sucesiva del ejercicio ciudadano. De la misma manera, ratifica la necesidad de organización de la diáspora venezolana con base en el logro de tales fines; complementado la acción con un emplazamiento a sentirnos orgullosos de nuestro ser venezolano y que ese sentimiento sea una guía de comportamiento que, lejos de la casa grande, nos defina por siempre como lo que somos: venezolanos honestos regados por el mundo.
Este llamado de la ratificación del «ser» colectivo venezolano presente en cada uno de nosotros, es un aspecto sustancial de la intención de la organización en su mensaje.
Y ello por cuanto en la valija con la que iniciamos el deambular por el mundo —hasta encontrar una comunidad de acogida a la cual integrarnos y reiniciar vidas y destinos— también llevamos, depositamos y cargamos con pasión los recuerdos del terruño, los amores a la tierra, los olores que nos evocan los amaneceres esperanzadores que llegan con el trinar de las aves que nos afirman nuestro carácter de pueblo libre. Pero, también en nuestro pecho, en la historia personal que atesora el espíritu, anida una cultura propia que nos da identidad como integrantes de una nación; entonces, una tradición insoslayable nos define y caracteriza como depositarios eternos de un sentido de pertenencia que llevamos a cualquier confín del mundo.
Tradición, historia, sentido de pertenencia, ansias de libertad y la identidad que como pueblo nos hace ser, son los aspectos que nos reclama el ejercicio de un sano orgullo hacia el terruño lejano, que nos liga con lo dejado atrás y que jamás se olvidará.
Somos la expresión de un pueblo al que le toca aprender la lección de la partida, el ejercicio de la lejanía, la ratificación de nosotros mismos para continuar siendo nosotros en el complejo retejido de la vida que nos impone la diáspora y que, definitivamente, también es una oportunidad para colaborar y coadyuvar con la construcción de un destino y un futuro desde la lejanía para no olvidar jamás quiénes somos y de donde procedemos.
Ya nuestro sorpresivo proceso de integración en varios de los países, ciudades y comunidades, manifiestan la impronta de nuestra pluralidad cultural, de la identidad diversa que nos define como pueblo libre y trabajador. No es el venezolano, como ninguna sociedad en el mundo, un ciudadano amalgamado en su definición por una sola cultura e historia.
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No somos producto de un crisol autónomo de principios y relatos, la tradición de nuestros brazos abiertos recibiendo al universo de inmigrantes que poblaron Venezuela en el siglo XX y la asumieron como proyecto de su futuro personal y que, gracias a él, permitieron esa maravillosa sociedad abierta y plural que somos; es una condición definitoria que ahora llevamos por el mundo (que en ocasiones nos sorprende por no ser acogidos como acogimos).
Somos ahora un reguero de vida vertiginosamente extendida, tratando de redefinir nuestro presente en la inserción en ámbitos extraños que pretendemos hacer familiares y contribuir a un nuevo destino con el que podemos concurrir. Eso nos enseñaron nuestros bisabuelos, abuelos y padres venidos de Italia, España, Portugal, el Líbano, Alemania, Colombia, Perú, Ecuador y pare usted de contar. De eso nos hablan nuestros apellidos maravillosamente mezclados y ese tipo de mujer y hombre que somos, diversos, mixtos, en los cuales, desde siempre una palabra, una actitud nos hace ser lo que somos: solidaridad.
Hoy, andamos por el mundo, con nuestras virtudes como pueblo, también con nuestras contradicciones y fallas, como toda sociedad. Esas virtudes y contradicciones son producto de una historia, de una verdad, de tradiciones que ahora en las lejanías enseñamos a nuestros hijos y nietos.
En este mismo instante, en un París frío y nublado, la maracucha Valentina le habla tiernamente a Martino, su hijo francés, en español; y su esposo Adrián (el franchuto), además de aprender este nuevo idioma, ahora también come arepas y perico y, en diciembre era ya esperado en la mesa familiar de sus padres, los Pannetier, nuestro pan de jamón. Ahora, una familia francesa, húngara, o argentina o chilena o dominicana nos conoce, se enamora de nuestras evocaciones, de nuestros sueños y esperanzas, de lo que nos permite seguir soltando esa risa generosa en cualquier lugar.
Somos, un pueblo que anda por esos mundos de Dios, fuera de sí… buscando futuros, construyendo oportunidades y contribuyendo con la vida; pero… con Venezuela adentro.
Alejandro Oropeza G. es Doctor en Ciencia Política. Escritor. Director Académico del Politics Center Academy-USA. CEO de VenAmerica, FL.
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