Usurpación de identidad, por Gisela Ortega

El desarrollo de las nuevas tecnologías ha traído como consecuencia una cantidad de ventajas al ser humano. En los últimos años ha proliferado de una forma asombrosa el uso de las redes sociales, a pesar de que expertos en informática, sociólogos, economistas, alertan de los peligros que el constante uso de las mismas puede acarrear tanto a corto como a largo plazo.
Las innovaciones tecnológicas han permitido formas nunca antes imaginadas de recoger, almacenar y compartir información. Lo cierto es que no deja de multiplicarse el número de cuentas y perfiles en todas ellas: Tuenti, Twitter, Instagram, WhatsApp, las páginas web e internet, en general, que han generado una serie de problemas delictivos gracias a la interconexión y a la facilidad de acceso a la información que hoy por hoy está al alcance de pantallas y teclados.
El problema en la mayoría de los casos es que los usuarios no somos conscientes de los potenciales riesgos que acarrea el uso de las redes sociales, sobretodo en lo que se refiere a la protección de nuestra privacidad.
En paralelo, cada vez son más numerosas y sofisticadas las técnicas desarrolladas para obtener información privada de los usuarios de las redes sociales y de internet en general. Mediante ellas los delincuentes consiguen tener acceso no solo a fotos o datos particulares de la persona sino incluso a sus claves, cuentas bancarias y tarjetas de crédito, así como a sus comunicaciones privadas vía chat o e-mail.
Los profesionales en seguridad informática afirman que 5 de cada 10 usuarios de las redes sociales en el mundo han sido víctimas de violaciones a su vida privada.
La usurpación de identidad es el pan de cada día se ha convertido en el delito de más rápido crecimiento en el mundo, en los últimos años, y que recibe cada vez más atención en materia de fraudes cometidos con la ayuda de las tecnologías de la información.
Cuando la identidad es suplantada, es muy difícil distinguir al verdadero titular del impostor, y solo se detecta el hecho una vez consumado el delito. Las transferencias fraudulentas a terceros a través de un portal bancario, por ejemplo, resultan posibles cuando el delincuente supera el proceso de autenticación, infracción que solo será identificada en el caso de alerta cuando se produzca el reclamo por parte del titular de la cuenta bancaria de origen.
Es muy difícil encontrar una definición de “usurpación de identidad” que sea coherente. Mientras que en los Estados Unidos se hace referencia a “hurto de identidad”, en el Reino Unido es muy popular la expresión “falsificación de identidad”. También se utilizan otras expresiones como “delitos relacionados con la identidad”, “apropiación de cuenta”” o “robo de cuenta”.
En términos generales, según definiciones y obras varias de consulta; Sandra Lema, en su libro: «Que es la suplantación de identidad”, 2014, señala: “la ‘usurpación de identidad’ se produce cuando una persona se hace pasar por otra asumiendo su identidad, apropiándose de sus datos, contraseñas, correo electrónico, claves de sus tarjetas de crédito y débito, cuentas bancarias y actúa en su nombre para llevar a cabo actividades de carácter ilegal”.
Las consecuencias de la “usurpación de identidad” no se limitan solo al daño que esta supone para la reputación que afecta directamente a la víctima o a sus pérdidas económicas. Estas pueden causar serias dificultades y repercusiones en el ámbito de la familia y las relaciones personales así como para obtener o mantener un crédito o un empleo. Sin lugar a dudas, la persona perjudicada puede serlo en los más diversos ámbitos de su vida y de su desempeño.
“La importancia de la usurpación de identidad en el siglo XXI se debe al creciente interés por la información de identidad en el ámbito financiero, al igual que en el ámbito económico y en las relaciones sociales” -señala Marco Gercke, Profesor de Derecho especializado en Delito Cibernético, de la Universidad de Colonia, Alemania, quien agrega: “En el pasado, predominaban el ´prestigio´ y las buenas relaciones personales tanto en los negocios como en las operaciones cotidianas.
Con el advenimiento del comercio electrónico, se hizo casi imposible el contacto personal y, por consiguiente, cobró mucha más importancia la información relacionada con la identidad para poder participar en la interacción social y económica. Es un proceso que puede calificarse de instrumentalización y que consiste en traducir la identidad en información cuantificable relacionada con la identidad. También lo es la distinción entre, por un lado, la identidad de una persona definida, como el conjunto de los datos personales y, por otro lado, la información cuantificable relacionada con la identidad que permite reconocer a una persona”.
Hoy día, requisitos como la confianza y la seguridad, necesarios en las transacciones que no se realizan en persona, se aplican no solo en las operaciones electrónicas sino también en el sector económico en general.