Vaya al grano, señor Capriles, por Beltrán Vallejo

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El dirigente Enrique Capriles Randoski tiene rato formulando algunas reflexiones y haciendo señalamientos críticos en torno a la conducción de la lucha política de estos últimos años. Todo eso está bien; pero, considerando su trayectoria, y dentro de ella la de haber sido un candidato presidencial que hizo un esfuerzo titánico, él debe ir al grano en su planteamiento, además de ser más consistente, más conciso en su propuesta, y así dejar de configurarse como una especie de jeroglífico político, como un enigma que impone cierto esfuerzo para descifrar su esencia.
Y no sólo eso: debe asumir; “asumir” en mayúscula, evidenciar compromiso, no caer en el personalismo y ser unitario en verdad; y cuando digo unitario, no sólo con los liderazgos, incluyendo los incómodos y los que parecen de mantequilla, sino también con el país como un todo; y que se acuerde que hay dos países, los que están afuera y los que están adentro; y que se acuerde también de que Venezuela es el meollo de una confrontación geopolítica, como lo ha sido en años; incluso, hasta en la guerra de independencia, y por eso Bolívar estaba tan afanado de conseguir el apoyo de Gran Bretaña en su lucha, y hasta trajo a combatir en esta tierra a una legión británica; en ese sentido, el asunto de Venezuela no es una complejidad aldeana, exclusiva de los nativos; gracias a Chávez y a Maduro, hemos sido arrastrados como un sucio peón de ajedrez a la nueva guerra fría entre potencias.
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Cuando él habla de que hay que tomar en cuenta o consultarle a la gente, es evidente, como él dice, que se refiere a la gran mayoría de los venezolanos, incluyendo a ese individuo “olvidado”, ultradependiente de los bonos y de los clap, enfermado y superdependiente material, moral y espiritualmente de las dádivas y del clientelismos; pero ojalá que nos diera más sugerencias sobre el plan para eso.
Tengo el presentimiento de que él tiene algunas líneas gruesas para sustentar ese plan, para ejecutarlo con eficacia, pero por ahora no lo dice, y es por eso que cae en algunas vaguedades. Señor Capriles, el país no está para vaguedades.
El país no está para el pastoreo en las nubes. Deje la incertidumbre en su discurso político y sea directo.
Comprométase, Capriles, y también ayude a comprometer al país en su conjunto para rescatar esta nación y para posteriormente reconstruirla. Eso sí, hágalo sin personalismo y sin mesianismo, la gran enfermedad de la sociedad venezolana, el gran cáncer humano y sociopolítico que ha carcomido hasta los huesos a esta nación, y por eso sucumbió con Chávez, y ha sucumbido con otros; y por eso hasta Guaidó se quiso concebir mesiánicamente, y eso está dejando a la nación con más derrota; aunque ese dirigente tiene tiempo para rectificar.
No necesitamos más mesías; necesitamos más médicos, más maestros de escuela, más agricultores, más amas de casa, más obreros, más empresarios honestos, más deportistas, más ingenieros, más electricistas, más poetas, etc. Necesitamos un gran frente nacional e internacional que se articule como un todo para resistir a los tiranos. Liderazgo colectivo, no unipersonal; esa es la fórmula.
Haga también su mea culpa, señor Capriles. Usted también tiene su cuota de responsabilidad en todos estos años infecundos, y cuyo oasis de éxito fueron las elecciones parlamentarias del 2015, esas que la oposición democrática no pudo cobrarlas como se debe y no pudo resistir los embates de la contraofensiva de la tiranía; más bien perdió tiempo en pendejadas y conductas ególatras, subestimando en todo a la pandilla dictatorial.
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