Virutas, por Fernando Rodríguez

1- Si Primero Justicia y Voluntad Popular, los que probablemente son los dos partidos menos pequeños – no es una ironía– de la unidad opositora, se están dando cachetadas en público, con nombres y apellidos, hasta el del simbólico presidente de la república, la tal necesaria y entrañable unidad que se proclama es el primer deber opositor es bien precaria.
A lo cual habría que sumar los encontronazos entre candidatos a los diversos cargos en las elecciones de noviembre, algunos de los cuales se han resuelto de muy mala manera, más de un candidato, o por supuestas imposiciones e iracundas decepciones con efectos fraccionalistas. Y, por supuesto, sufrirán nuestros intereses en las transacciones a lo noruego en México, porque sin duda esas reyertas nos debilitan si es que de verdad que algo sustantivo queremos conquistar con ellas. Podríamos, al menos, indagar cómo se les arregla el gobierno para evitar en gran medida los malos efectos de sus desconexiones internas y sacar de esa investigación lecciones provechosas, hasta las mafias han sabido manejar con destrezas los conflictos de familia.
O a lo mejor tienen razón nuestros apocalípticos inoportunos de que vamos hacia el desastre en noviembre.
2- Vi en estos días la esperada película El olvido que seremos, sobre el muy importante libro autobiográfico de Héctor Abad Faciolince. La nobleza y la actualidad del tema, la valentía del padre asesinado y la devoción del hijo, en el violento subcontinente en que vivimos; más la presencia de un estupendo director y un notable actor, hacían esperar una gran película. No lo es, no da Trueba con esa cotidianidad familiar que ocupa un muy extenso lugar en el filme, que termina por ser algo dulzona y convencional.
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No obstante algo entrañable nos toca, acaso el Edipo, acaso la altivez moral del padre, su sacrificio en manos de una violencia ciega de esa hora terrible de Colombia, que sigue siendo elemento esencial de nuestro ser latinoamericano, que lo diga Bachelet. Hay que verla.
3- La última encuesta Encovi, que ya se ha hecho un ingrediente indispensable para comprender el país que vivimos, es el mayor desmentido no solo a la permanente propaganda del gobierno, sino un tatequieto para empresarios y políticos que creen que los bodegones van a crecer y crecer hasta darnos el camino de la resurrección con todo y Maduro. Hay encuestadores y economistas “críticos” que debían intentar compatibilizar sus “mejorías de la situación” con los aterrantes datos de la encuesta, con el noventa y tanto de pobres por ejemplo. No es difícil darse cuenta de qué lado está la razón y la metodología epistémica.
4- Si de algo nos podemos sentir orgullosos es de algunas personalidades e instituciones privadas que luchan por algunas zonas de derechos de los venezolanos. Pero hoy quiero celebrar, Elías Pino se me adelantó y seguramente otros, a los periodistas de Armando. Info que han hecho múltiples reportajes impecables sobre una de las zonas del oficio más peligrosas, la corrupción –viven el exilio–, de extrema complejidad técnica periodística cuando se respeta la veracidad y tan candentes como para influir contundentemente en la realidad.
El caso Saab es un extraordinario ejemplo de ello. Pero se debe subrayar que su valor y seriedad son tales que han recibido el reconocimiento, incluso han trabajado en sociedad, con la élite mundial del periodismo de investigación. Mira que lo han hecho bien. Me atrevería a decir que allí, en esas instituciones y personas aludidas, ha estado lo más sólido de la respuesta nacional a la dictadura, partidos políticos incluidos. De ello habría que hablar mucho, de ese lado sacrificado y luminoso de una sociedad entumecida.
Fernando Rodríguez es filósofo. Exdirector de la Escuela de Filosofía de la UCV.
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