¿Y la lupa, Hugo?, por Teodoro Petkoff

IClodosbaldo Russián está desaparecido. De otra forma, no podría explicarse el mutismo del contralor en el caso del Billuyo 2000. Tan elocuente como su silencio es su absoluto eclipse de la escena pública: no atiende a las entrevistas, embarca periodistas, su despacho permanece clausurado y ni siquiera responde las invitaciones de la Asamblea. ¿O será que lo mandaron a callar?
Este gobierno, que reivindicó una gestión pública de puertas abiertas y de total transparencia, ha resultado más opaco que ningún otro; una verdadera caja negra. El Informe de Contraloría, que desató la tormenta sobre el Plan Bolívar, llegó a los medios por los caminos verdes. No fue entregado abiertamente por el contralor, como si este tuviera miedo de dar la cara y explicar los pormenores de esa investigación. Las versiones sobre cómo salió el informe a la luz pública van desde las que señalan que fue Chávez mismo quien lo hizo circular hasta que fue José Vicente, pasando por las que apuntan hacia la muchachada bolivariana de los rangos subalternos, descontentos con una gestión que bien poco tiene que ver con la ilusión revolucionaria. Parece una corte medieval, plena de intrigas y de puñaladas traperas entre los cortesanos que rodean al monarca, quien se limita a callar, hablando de cualquier cosa menos de un asunto que va al corazón mismo del discurso redentor que lo catapultó al poder.
El gobierno luce acorralado y sin iniciativa. Sus personeros balbucean las mismas trivialidades defensivas de siempre. El enérgico comandante, en lugar de estar ordenando investigaciones y pidiendo cuentas, luce apocado y le saca el cuerpo al tema. No hay líneas claras de acción y todos se ven como perdidos. De Rangel, el cazador de corruptos, no queda ni la sombra. Todo se ha vuelto una pantomima, y a Chávez se le perdió su famosa lupa.
II ¿Existe algún «informe preliminar» sobre el FUS, del cual también nos enteraremos de manera «extraoficial»? ¿Será necesaria otra mano anónima que divulgue lo que ha venido ocurriendo en esta dependencia? ¿Russián también permanecerá callado frente a esta bomba que le estalla al régimen en la cara? Parece que el gobierno de la transparencia tampoco va a hablar claro sobre esto y que será la investigación periodística la que removerá la basura de debajo de la alfombra. Por ejemplo esta perla: hemos descubierto la existencia, en el FUS, de una nómina invisible o fantasma, compuesta por unas 700 personas, que cobran a través de ONG por funciones administrativas, pero sin trabajar. Es la misma vieja y viciosa práctica adeco-copeyana de pagar con los dineros públicos a los compañeritos de partido, disponibles, por lo demás, para cualquier «marcha» o fecha revolucionaria que esté en el calendario. Parte de esta nómina fantasmal (unas 60 personas) integra, por cierto, una unidad de seguridad cuyo rol parece ser el de espiar a los propios trabajadores a través de un costoso circuito cerrado de televisión que cubre todas las oficinas.
Estas son muestras, como diría José Vicente, al voleo. ¿Será posible que un informe de Contraloría nos haga saber cuál es la realidad? Sobre todo, cuál es la realidad en la ejecución de los programas sociales. Porque a propósito de los señalamientos que hiciéramos sobre los «multihogares» hemos recibido una comunicación de la actual directora de ese programa, que lo es desde hace seis meses, y del cual se puede inferir que ella llegó allí a recoger los vidrios rotos y los escombros que dejaron sus predecesores. De hecho, entre sus propósitos se cuenta el de «relanzar» el programa de multihogares y el de «actualizar pagos retrasados». O sea, hacer lo que se ha venido dejando de hacer. Total, que los dos grandes bloques sociales (FUS y PB 2000) por ahora lucen como un doloroso fiasco. ¿Cuándo se va a aprender la lección?