21N: la encrucijada del voto, por Luis Ernesto Aparicio M.

Twitter: @aparicioluis
Estamos a pocos días, horas, para que los venezolanos acudan, o no, al proceso electoral que se ha convocado este domingo 21 de noviembre. En este proceso se elegirán gobernadores para cada uno de los 23 estados, además de diputados, alcaldes y concejales. Se puede llamar, incluso, una gran elección, tanto por su importancia como por los números de posiciones a elegir.
Por todos es conocido que siempre he mantenido un punto de vista muy positivo hacia la participación, hacia el ejercicio del voto como mecanismo que permite producir cambios de gobiernos y con ello cambios en la sociedad. Y esta vez, a pesar de que el voto perdió la confianza que merece, sigo firme en la posición que he mantenido: hay que ir a votar. Pese a la destrucción de la que ha sido objeto este instrumento de la democracia, hay que acudir al llamado. ¿Pero, por qué hacerlo?
Hay que votar porque el autoritarismo, crean o no, siente demasiado temor por el voto. No hay cosa a la que más le teman los autócratas que ver la entrada y salida de las personas en un centro electoral, mucho más si es numerosa.
Ellos saben que más allá de sus seguidores, hay un enorme volumen de contrarios que desean sacudir el árbol del que permanecen aferrados los mandones y de esa manera verlos caer. Es la forma ideal, pacífica y si está inscrita en la Constitución, como el caso de Venezuela, mucho más. Por eso, esos autócratas trabajaron mucho por sembrar la desconfianza. Incluso, encontraron aliados del otro lado de la orilla.
También entiendo que hay mucho resentimiento hacia los procesos electorales, tanto por las innumerables historias creadas en las perversas mentes de quienes se mantienen en el poder, como por tantos que les adversan. Más de un opositor, de esos que se rasgan las vestiduras al escuchar voto o negociación, contribuyó con el deterioro del voto en Venezuela. Unos porque tienen unas supuestas soluciones –aún no saben explicar cuáles– que no pasan por lo electoral y otros porque sí, porque simplemente no serían ellos los elegidos en las posiciones importantes. Todavía creo que andan en la búsqueda de esa otra forma.
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Al último grupo se le unieron muchas voces respetadas en el mundo opositor que pregonaban que la dictadura había que derrocarla de otra manera y que no había que ir a ningún proceso electoral, puesto que eso, según ellos, legitima al régimen. Durante su prédica, estaban cargando con el voto, tanto con su disposición como instrumento democrático, como por su efectividad en los cambios que urgen hacer en Venezuela.
En esas tareas, mal asignadas, el régimen de Nicolás Maduro tuvo tiempo para mejorar sus sistemas de propaganda en contra de la libertad para elegir, arrinconando mucho mas al voto y ganando adeptos del lado opositor. Crearon historias más allá de lo que se pueda imaginar en el mundo de la virtualidad, lo que fue comprado por muchos que aún pregonan esas fantásticas hazañas del gobierno y su control sobre el voto. Más de un caricaturista sigue creando “muñequitos” con mensajes sobre las razones por las que no ir a votar. Todo ello demuestra que el régimen, ahora, puede detener su campaña en contra del voto, surgir como un adalid de este mecanismo y dejar que sean los supuesto opositores, quienes se encarguen de sembrar la duda y sobre todo la incredulidad.
Más allá de lo que he comentado, podemos observar que la ventaja numérica, en estos momentos, le deja el camino expedito al régimen. Hay una cuenta muy sencilla que confirma, incluso, que puede hacer cambios en el CNE, lanzar unas elecciones observadas por la Comunidad Europea y todos aquellos que estén dispuesto a hacerlos, sintiendo que puede triunfar.
Si nos basamos en los porcentajes poblacionales, podemos estimar que el régimen aún se sostiene sobre una base de un 30% –demasiado ante la situación económica y humanitaria por lo que se encuentra Venezuela– y hay una población, que cruza la línea del setenta por ciento, que busca un cambio. Allí está la realidad que se vive en Venezuela actualmente.
Esa composición nos lleva a hacernos la pregunta: ¿Cómo entonces es qué la oposición puede perder alguna elección con esa constitución numérica? Los señores antes mencionados volverían al mismo canto de que todo se convierte en una trampa y por eso no hay posibilidades de ganar nada, pese a ello. No obstante, con los datos que he visto de Datanalisis, podemos responder un poco.
Según se puede ver en los números que se manejan desde la encuestadora, cuando esa población se reduce al tamaño electoral, existe un 25%, aproximadamente, que no se encuentra en el país y por lo tanto no votará, al menos en esta elección. Entonces tendríamos que solo quedaría un 75%. De ese número, hay un grupo de venezolanos que han vivido bajo la lluvia de la duda sobre el voto y aquello de buscar otra alternativa de lucha. Aquí se pierde otro gran número. La proyección numérica puede llegar a una participación del 40% de la población que tienen derecho al voto. De esos, como vimos, el régimen tiene seguro un 30%, que van – y si no lo hacen los sacarán de donde estén-, por lo que entonces les deja los espacios libres y dispuestos para ellos. De allí que podemos deducir un resultado que solo favorece a Maduro y su “cuerda”.
Para completar el cuadro que he intentado dibujar, está el ya, casi, acostumbrado problema de la oposición, y que produce mayores estímulos para no ir a votar: la batalla de egos. Mientras el gobierno se encarga, a su manera, de concebir candidaturas solidas y únicas. Mientras, en la oposición saltan a la vista dos y hasta tres candidaturas que se desprenden de ella misma y que solo hacen contrapeso al mismo propósito. En descargo, creo que, en algún momento, en alguna elección, esto pueda ser superado.
De esa manera, nuevamente, Venezuela se encuentra parada en la misma encrucijada que se han encontrado desde hace unos 15 años, tratando de encontrar el camino que le pueda llevar al camino que le permita salir de la pesadilla que vive desde hace más de 20 años y que amenaza para más. Cosa que por cierto no es culpa del voto, ni mucho menos de quienes aún creen en este y que votarán una, y otra vez. Puede que esté equivocado, pero para mi estar en ese cruce de caminos y decidir no estar dispuestos a votar es la mejor ayuda para el malandraje que opera en el gobierno que se ha instalado en Venezuela.
Luis Ernesto Aparicio M. es Periodista Ex-Jefe de Prensa de la MUD
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