Bienvenidos a «Carmen de Uria», por Teodoro Petkoff

Autor: Teodoro Petkoff
Tal vez no exista símbolo más elocuente, más gráfico y, al mismo tiempo, más desolador, de la pasmosa incompetencia de la administración chavista y de la cínica corrupción que la acompaña, que la “reconstrucción” de Vargas. Cuatro años después de la tragedia, que se cumplieron ayer, el balance de lo actuado debería darles pena.
La oportunidad que abrió la tragedia para adelantar un vasto programa de renovación urbana y recreacional ha sido desaprovechada. El esfuerzo técnicocientífico, planificador y administrativo de la Autoridad Unica de Vargas fue desestimado al cabo de un año y después de la salida de Carlos Genatios lo que se ha hecho, con lentitud enfermiza, ha sido simplemente lo elemental, lo que corresponde a la administración vegetativa de las cosas. La pavimentación de la carretera central no llega sino hasta Care, un poco más allá de Camurí Grande. ¡Cuatro años para pavimentar 25 kilómetros! Si Chávez hubiera sido encargado de construir las pirámides de Egipto bien seguro que todavía estaría cargando piedras.
Los puentes de Camurí Grande y Anare fueron terminados, pero la gran avenida costanera que debió bordear las playas desde Camurí Chico hasta Caraballeda, para aprovechar el enorme espacio ganado al mar, dentro de una nueva concepción del uso del territorio, ni siquiera ha sido comenzada. Esas vastas extensiones polvorientas constituyen, sin duda, un dramático monumento a la desidia, la negligencia y la inutilidad de un equipo gobernante. Como también lo son las ruinas abandonadas y jamás despejadas de Los Corales y urbanizaciones aledañas, al igual que el triste desierto en que quedó convertida Carmen de Uria.
En Macuto, sí, es verdad, recuperaron la Plaza de las Palomas y La Guzmania, pero esta última, que en alguno de sus delirios Chávez ofreció transformar en escuela, poco a poco se va deteriorando, y allí está sin uso y vacía, como mudo testimonio de una administración desprovista de imaginación e ideas. Como son también testigos de ese mismo vacío mental los dos grandes hoteles de Caraballeda, los antiguos Macuto Sheraton y Meliá Caribe, con sus magníficas estructuras totalmente sin uso y sin destino alguno.
Es oportuno recordar que no ha sido por falta de planes que esto anda así. Inicialmente, varias universidades prestaron sus técnicos para la elaboración de proyectos urbanísticos y recreacionales que nunca fueron acogidos por los burócratas que manejan los asuntos de Vargas después que la Autoridad Unica fue desaparecida de la escena. Tampoco ha sido por falta de recursos que se podría explicar lo poco que se ha hecho. Porque los ha habido. Tanto los del presupuesto central como los de la ayuda extranjera, de cuyo destino nunca se supo nada ni se le ha rendido cuenta al país. Plata hubo, proyectos también, pero todo eso quedó en manos de unos incompetentes que han hecho de Vargas este lamentable emblema del fracaso de un régimen.