Caracas espera por un alcalde y alguien más… (y III), por Wilfredo Velásquez

Twitter: @wilvelasquez
Si he tenido la suerte de que algunos lectores hayan seguido esta saga de dolorosa letanía, donde intento describir, desde mi punto de vista personal, la situación de los servicios y la infraestructura de nuestra habanizada capital, les doy las gracias.
La participación dividida, en algunos sectores tardía, de la oposición en las elecciones del 21N, brindan al régimen el escenario electoral que siempre buscaron, inevitablemente, en esta situación los resultados serán favorables al régimen aun perdiendo.
Cualesquiera sean los resultados el gobierno insistirá en establecer el estado y las ciudades comunales.
La imposibilidad de levantar la producción petrolera hará que el situado constitucional y los recursos provenientes de la Ley de Asignaciones Especiales que nutren las arcas de los gobiernos regionales y municipales, disminuyan notablemente, por lo que tendremos gobernadores y alcaldes sin recursos, con escasas competencias y probablemente “protegidos”.
Ante lo descrito, es inevitable pensar que los gobiernos electos en esta comedia electoral resulten tan quiméricos, como el gobierno de la Ínsula Barataria que ejerciera Sancho Panza como producto de la farsa que montara el duque, para su diversión.
Para quienes se disputan las alcaldías que conforman el Distrito Capital, que están ofreciendo soluciones mágicas a los males que aquejan nuestra capital, les dejo esta descripción somera de algunos de los problemas que confrontamos los habitantes de esta hermosa ciudad.
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En las partes anteriores se describió la situación de los servicios de redes y puntuales, en esta última parte hablamos del mobiliario y el mantenimiento urbano.
El mobiliario urbano, en términos sencillos es equiparable al mobiliario de nuestras residencias.
Son los objetos urbanos que hacen la ciudad confortable, amigable y disfrutable a sus habitantes.
Por sus alcances, su competencia corresponde a las alcaldías, gobernaciones y gobierno nacional. Pueden ser competencias exclusivas o compartidas, pero en mayor grado corresponden a las Alcaldías.
Caracas carece de un catálogo de mobiliario, cuando se hace algo en este sentido, tiende más al capricho del ente contratante que a las tipologías que deberían definir dichos diseños.
El catálogo mínimo de mobiliario urbano contiene, modelos tipológicos de paradas, plazas y parques infantiles de pequeña escala, caminerías, aceras, brocales, acceso para personas de movilidad disminuida, bancos, luminarias, semáforos, papeleras, soportes de publicidad exterior, baños públicos, quioscos, equipos de entrenamiento físico, etc.
Dicho esto, ya puede sacar sus conclusiones el lector, poco del mobiliario mencionado existe en nuestra ciudad.
La elaboración de este catálogo se debería hacer mediante concurso nacional o internacional, que ayude a la promoción de la ciudad y a la discusión sobre la cuestión urbana.
El balance es absolutamente negativo y el resultado de esta ausencia del mobiliario urbano, trae, como resultado una ciudad hostil al ciudadano.
El tercer elemento de análisis, el mantenimiento urbano, parece ausente de la ciudad, pese a que se crearon las Corporaciones de Servicios Municipales, que teóricamente deberían asumir las funciones de conservación y mantenimiento urbano.
La recolección y disposición de desechos sólidos y el saneamiento ambiental, tampoco soportan una evaluación seria, nos limitaremos a señalar, que los caraqueños, hemos terminado por habituarnos a convivir con la basura y en terribles condiciones de salubridad. Evidencia de ello es la invasión de zamuros en casi todo los “barrios y urbanizaciones”.
Un elemento importante en las consideraciones sobre la ciudad es el comportamiento ciudadano y el empoderamiento de sus habitantes de los espacios públicos, solo señalo al respecto, que la creación de ciudadanía, no ha sido una preocupación de nuestros gobernantes, y que nos hemos dejado ganar por el irrespeto a las más elementales normas, al punto que las calles las hemos convertido en baños públicos y el tráfico, ahora sin colas, lo hemos caotizado, tanto que circulamos, normalmente en vía contraria, no solo en las calles sino en la vida misma.
Durante el periodo, que abarca el último año del siglo pasado y lo que va del siglo XXI, revisado críticamente en este artículo, se aprobaron dos instrumentos legales, que pese a las observaciones que se les puedan hacer, y a su sesgo ideológico, de haberse implementado efectivamente, hubieran reducido en alguna medida este desastre urbano: El “Reglamento Especial del Decreto con Rango y Fuerza de Ley de Regionalización Integral para el Desarrollos Socio Productivo de la Patria (2014)” y la “Ley de Regularización de la Propiedad de la Tierra Urbana y Urbanización de Barrios Populares” (2016), este ultimo de alto contenido político y marcadamente populista.
El primero hubiera podido ayudar a gestionar coordinadamente la planificación urbana, aun dentro de la concepción de la planificación socialista, peor es no haber hecho nada, y el segundo, pese a su acentuada carga populista hubiera podido dar continuidad a lo que se venía haciendo en cuanto a recuperación y equipamiento de barrios.
Ante un tema tan extenso, necesario es concluir, en veinte años de ejercicio de gobierno, son escasos los resultados que se puedan señalar como positivos, existe una recurrente violación a los derechos que tenemos los caraqueños sobre nuestra ciudad.
En cuanto a seguridad urbana, nada que decir.
El derecho a la vivienda y a la propiedad resulta permanentemente violado, congelaron los alquileres, invaden y desalojan. Cuando han construido viviendas, no entregan la propiedad de la misma, las asignan en su mayoría bajo la condición de usuarios.
De habérsele concedido a la familia, el derecho de propiedad al asignarles la vivienda, estas hubieran servido como instrumento para la superación de la pobreza, la vivienda siempre ha sido el principal patrimonio de la familia y el mejor mecanismo para el desarrollo del arraigo y la pertenencia.
Nuestro derecho a la movilidad urbana, nos lo arrebataron, es evidente el deterioro del metro y la pauperización del trasporte urbano e interurbano superficial, ni que hablar de los derechos de las personas de movilidad reducida o de los ciclistas.
Al limitarnos nuestro derecho a la movilidad nos quitaron también el derecho al acceso a las áreas recreativas deportivas y culturales, sin considerar la inseguridad.
Nuestro derecho a la identidad cultural ha sido violentado, tratan de borrar nuestra historia y hasta nuestros símbolos patrios, tratan de quitarnos nuestra identidad para convertirnos en hombres nuevos, al estilo cubano, esclavos de un estado autocrático.
Nos quitaron nuestro derecho a la participación ciudadana y nuestro derecho a la autodeterminación urbana.
Luego de esta catarsis urbana, me pregunto: ¿realmente los candidatos que reclaman el voto para dirigir nuestros municipios tendrán la sincera intención de resolver algunas de las situaciones descritas?
¿Tendrán alguna posición sobre los derechos urbanos de los ciudadanos?
¿Qué cree Usted estimado lector?
Wilfredo Velásquez es poeta.
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