Cesó la usurpación… ¿Y ahora qué?, por Wilfredo Velasquez R

Para afrontar las exigencias actuales del país, después del cese de la usurpación, resulta necesario, actuar por lo menos en tres escenarios, considerando igualmente tres tiempos de actuación.
Tiempo uno, tiempo de detener la caída libre en que va la economía, los servicios, la producción y la situación social.
Tiempo dos, tiempo de arranque, de preparación para iniciar la recomposición total del país.
Tiempo tres, tiempo de “re”, de re-formulaciones, de reconstrucciones, re-definiciones y re-impulso.
Tiempo uno, debemos, prepararnos, para que al cesar la usurpación podamos dar un frenazo histórico, en lo social: abrir la ayuda humanitaria masiva, en áreas de salud y alimentación, planes contundentes de seguridad pública y declarar la emergencia en el sector educación, con asistencia en alimentación y transporte para alumnos, educadores y personal administrativo y compensación salarial a los docentes.
En lo económico: buscar financiamiento multilateral e internacional, que permita detener el desplome del aparato industrial y agrícola e incentivar la producción industrial y agroalimentaria, equilibrando la inversión social y la productiva.
Regular drásticamente el arco minero con criterios ambientales.
Tiempo dos, de arranque, deberíamos, en lo social: estructurar efectivos programas sociales de carácter, compensatorio, sectorial y temporal, que permitan la atención a los grupos poblacionales más vulnerables.
En cuanto a salud y educación, específicamente, deberíamos consolidar ambos sistemas, para saldar los pasivos que está dejando el chavismo.
En lo económico, en primer lugar promover la inversión extranjera en áreas como petróleo, metalurgia y tecnología, y promover el crédito y la inversión local en la recuperación de la infraestructura vial, agrícola, industrial, hospitalaria y educativa, facilitar el crédito a la pequeña y mediana empresa, iniciar un plan de formación y creación de microempresas orientados a sustituir la actividad informal (bachaqueros) y emprender un vigoroso plan de inversión en el sector agroalimentario. Todo esto para promover el pleno empleo como una meta de mediano plazo.
Tiempo tres, el de las, redefiniciones, que no por considerarse un tercer momento deba necesariamente esperar por la conclusión de los otros.
Deberíamos en primer lugar promover la discusión del modelo de país expresado en nuestra Carta Magna, con el propósito de lograr una visión compartida del país que queremos, revisar el modelo de democracia participativa y los niveles de representatividad que implica.
En cuanto al carácter neoliberal, que evidentemente queremos darle, evaluar que sectores se debe reservar el estado, es decir neoliberales, salvajes, ¿o regulados?,
¿Es posible ser neoliberal con una renta tan importante como la petrolera, y tener sindicatos y programas sociales?
Redefinir los mecanismos de distribución de la riqueza, ¿Continuar con el populismo o apoyar los emprendimientos productivos?
Redefinir el modelo de desarrollo, el camino que seguirá el país, para lograr la sustentabilidad más allá del rentismo.
Redefinir la organización político-administrativa, los niveles de descentralización, revisar el concepto de regionalización, la relación entre el carácter de las regiones, sus organismos rectores (corporaciones regionales) y las gobernaciones, el nuevo sistema de planificación del desarrollo, tanto a nivel nacional como regional.
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En cuanto al estado, (administración pública) organizarlo de acuerdo al modelo de desarrollo que se asuma, redefinir conceptos como administración pública centralizada y descentralizada, alcance y límites de las empresas del estado, organismos de planificación nacional y regional, mecanismos de coordinación nacional-regional, intrarregional, estadal- municipal, e Inter municipal, lo cual significaría la revisión inmediata de las diferentes leyes, por ejemplo, la Ley Org. de descentralización y transferencia de Competencias, la ley Org. de régimen Municipal, decretos de regionalización, etc.
Igualmente se impone la revisión del sistema fiscal.
Una revisión total del estamento legal que define el estado y su funcionamiento, para corregir las deficiencias que el clientelismo político no permitió subsanar en el periodo democrático y que el chavismo con su exacerbado populismo, profundizó.
Entre los cambios necesarios para afrontar la nueva etapa del país, resulta primordial promover entre los venezolanos, una actitud proactiva y comprometida con el país, donde el comportamiento ciudadano prive, por sobre las tendencias clientelares de los partidos, donde la conducta anticorrupción y contra el oportunismo sea determinante.
Crear la motivación social que rescate al ciudadano, de la desidia, el desapego al trabajo y la esclavitud partidista, es tarea impostergable, depende fundamentalmente de la imagen de nuestros líderes, por eso debemos detener el viejo liderazgo corrupto, que con sus viejas prácticas tratan de darle aliento al régimen.