• Noticias
  • A Fondo
  • Lo Nuestro
  • Opinión
  • Migrantes
  • Regiones
  • EEUU
  • Alianzas
    • Alianza Rebelde Investiga
    • #LaHoradeVenezuela
  • Videos
    • Multimedia
    • La República que Tortura
      • Documental en Youtube
  • Nosotros
    • Principios editoriales
    • Manual de estilo
    • Nuestra historia
    • Editoriales
    • Teodoro
  • Noticias
  • A Fondo
  • Lo Nuestro
  • Opinión
  • Migrantes
  • Regiones
  • EEUU
  • Alianzas
    • Alianza Rebelde Investiga
    • #LaHoradeVenezuela
  • Videos
    • Multimedia
    • La República que Tortura
      • Documental en Youtube
  • Nosotros
    • Principios editoriales
    • Manual de estilo
    • Nuestra historia
    • Editoriales
    • Teodoro

De la lucha política a la lucha existencial, por Fernando Mires



0
Comparte
  • Compartir en Facebook
  • Tuitealo

Política
FacebookTwitterWhatsAppTelegramEmail
Fernando Mires | @FernandoMiresOI | marzo 23, 2020

@FernandoMiresOl


Para decirlo de un modo breve y simple: lo político es lo antagónico.

Por cierto, no todos los antagonismos son políticos. Para que lo sean deben ser públicos, con representantes y representados, con debates y con polémicas. Pero a la vez- y ese es el punto- no hay política sin antagonismo. En esa premisa – desde Carl von Clausewitz, Carl Schmitt, Max Weber, Hannah Arendt, Jacques Ranciere, Claude Le Fort, Ernesto Laclau, y otros líderes de la filosofía política moderna – hay un común acuerdo. La política no puede existir más allá de sus antagonismos.

La política, lo sabemos todos, es hija natural de la guerra. Es el medio que inventamos para no matarnos unos con otros y así dirimir nuestros antagonismos de modo gramático.

Eso no quiere decir que la guerra sea absolutamente diferente a la política. En tanto hija de la guerra, la política conserva muchos de los rasgos y facciones de su madre.

Desde el fondo de la guerra fueron gestados los genes de la política, observación muy pertinente de Immanuel Kant quién vio en el “alto al fuego”, o armisticio, la posibilidad de emergencia de la política. Caminando un paso más allá de Kant, la política podría ser entendida como un largo armisticio entre bandos enemigos. Un armisticio irregular y prolongado. Y si se quiere agregar: institucionalizado y, en en los mejores casos, constitucionalizado. Por eso, al igual que en la guerra, la política, para existir, necesita de la representación.

En la guerra (interna o externa) nos representan los soldados. En la política, los políticos. Son los portaestandartes de nuestros intereses y pasiones (A. O.Hirschman) pero también de nuestros ideales y visiones, extendidas sobre ese campo cruzado por líneas divisorias donde las diferentes partes luchan entre sí en busca de mayores espacios de poder. Eso quiere decir, la unidad en la política siempre se gesta en contra de algo. Ello presupone la previa existencia de ese “algo”. Después, solo después, viene la unidad. Pues ese “algo” es el agente que obliga a buscar amistades políticas, nunca al revés.

La política proviene de la enemistad, no de la amistad. De la presencia amenazante del enemigo político, ese que quiere ocupar el poder que yo quiero tener.

La política es “lucha por el poder” (Weber). De tal manera que, como en el amor, en la política se necesitan por lo menos dos. Sin enemigo político constitutivo, no puede haber política.

¿Y si el enemigo no es político? Entonces la política es imposible. En ese caso estamos frente al escenario de guerra o frente a un momento de suspensión de la política. Puede ser por revueltas internas, o por catástrofes naturales, o como ahora está sucediendo, por un coronavirus de carácter global. En breve, y como el término lo indica, por un “estado de excepción” llamado en este momento a ejercer su soberanía (si quiere diga primacía o hegemonía) por sobre las demás instancias de la vida humana.

Emmanuel Macron comparaba al estado de excepción provocado por la amenaza del coronarvirus con una guerra. La analogía es válida solo hasta cierto punto. En el caso de una guerra sabemos perfectamente quien es el enemigo. Conocemos sus intenciones. Sabemos, por ejemplo, que ese enemigo intenta destruirnos. Pero a la vez, como miembros de una nación o de un grupo de naciones, sabemos también que ese enemigo es “nuestro enemigo” y al decir “nuestro” entendemos que de algún modo ese enemigo nos pertenece. Es un enemigo de nosotros pero no de todos.

Muy diferente al covid-19 qué sí es enemigo de todos, uno que nos constituye como sus enemigos no como pertenecientes a una nación o a un pueblo, sino como miembros de la especie humana. Es fin, covid-19 es lo que nunca puede haber ni en la guerra ni en la política: un enemigo absoluto y total. Su razón de ser es bio- lógica. Su lógica destructiva apunta a nuestra propia existencia como seres genéricos, habitantes de un mismo planeta.

*Lea también: Euritmia o arritmia, por Américo Martín

Ni siquiera un ataque de los marcianos podría ser tan radical como coronavirus. Por lo menos en ese caso sabríamos que los marcianos vienen del exterior, son extraterrestres. Los virus del coronario en cambio son inter-terrestres.

Proviene de las tinieblas más oscuras de la historia humana. Y sin embargo, o quizás por eso mismo, están “vivos”, tienen vida, son criaturas de la naturaleza. De este modo, y dicho sin ningún dramatismo, la que estamos viviendo sería una lucha de nosotros en nosotros. Entre la vida y la muerte de cada uno.

En otras palabras, el coronavirus no es un enemigo antagónico sino agónico. Cabe precisar la diferencia: el antagonismo es oposición de dos contrarios. El agonismo, en cambio, es la lucha del ser en contra de la muerte. Covid-19 no se antepone a nuestra existencia como es el caso del enemigo político o militar. Simplemente la niega. Es el enemigo radical y, a la vez, el enemigo total.

No cerremos los ojos. Si las cifras continúan su ritmo ascendente, todos seremos Italia. La guerra no declarada del coronavirus está recién comenzando. Todavía no tenemos armas (vacunas) para enfrentarlo. Mientras eso no ocurra, la lucha solo puede ser defensiva. Estamos en la fase -para decirlo en términos militares- del “repliegue táctico” el que, para que sea posible, debe ser llevado a cabo de modo muy ordenado. De ahí que los actores en la lucha en contra del coronavirus deben ser en primera línea los estados y luego los gobiernos que los representan, en estrecha articulación con la ciudadanía de cada nación. De lo que se trata por ahora no es de derrotar al virus sino de entorpecer su marcha, de hacerla lenta y no fulminante, de impedir que se cuele en nuestros ojos, narices y manos, de “ganar tiempo», como dijo Ángela Merkel.

No importa quien represente al estado. No todos los gobernantes son respetados por sus pueblos. Muchos de ellos están sumidos en crisis sociales y económicas que no pueden controlar. Los hay legítimos e ilegítimos, dictatoriales y democráticos, inteligentes y estúpidos, e incluso racistas. Como bien escribió Paul Krugman en un reciente artículo. “Uno entra en una pandemia con el presidente que tiene, no con el presidente que desearía tener”.

Quiso decir Krugman, este no es el momento del antagonismo político. El mismo coronavirus se ha encargado de demostrarlo al obligar a los gobiernos a desactivar los dispositivos políticos de cada nación. Todas las formas de representación, incluyendo la parlamentaria, han sido suspendidas. Con mayor razón las de autorepresentación o protesta, cuyo escenario son las calles. Y sin parlamentos y calles – convengamos al menos en eso – no puede haber práctica política.

La política, por supuesto, bajo las condiciones expuestas no desaparece, pero sí, ha de ponerse al servicio de la lucha por la existencia. Sobre todo bajo regímenes autoritarios o simplemente dictatoriales, sin posibilidades electorales a corto plazo, surge, además, otra forma política. Llamémosla, política de vigilancia. Se trata en este caso de exigir a los gobiernos megalómanos que mantengan la hegemonía de la lucha existencial por sobre la política, que no usen la primera para aumentar su poder fáctico sobre los cuerpos ciudadanos, que no utilicen la tregua sino explícita, tácita, que nos vemos obligados a asumir, que en fin no actúen como aliados objetivos de Covid-19.

Ya llegará la hora de regresar a la vida política tal como la conocemos. Esa será también la hora de pedir cuentas a esos políticos, sean de gobierno o de oposición, que intentaron capitalizar la crisis existencial que vive la humanidad en función de mezquinos intereses de poder local. Por ahora solo cabe denunciarlos ante la opinión pública internacional cuando las transgresiones son evidentes y notorias.

El momento no es político sino existencial. Reconocer la radical particularidad de ese momento es también parte del saber político.

Post Views: 1.981
FacebookTwitterWhatsAppTelegramEmail
0
Comparte
  • Compartir en Facebook
  • Tuitealo

Fernando MiresOpinión


  • Noticias relacionadas

    • Chile: El colapso del centro y la ilusión del giro a la derecha, por David Altman
      noviembre 28, 2025
    • ¿De qué pueden hablar Nicolás Maduro y Donald Trump?, por Víctor Álvarez R.
      noviembre 28, 2025
    • Miss Universo 2025: Poder mediático, decadencia y ética emergente, por Nelson Oyarzábal
      noviembre 28, 2025
    • Baralt en la RAE, por Douglas Zabala
      noviembre 28, 2025
    • Inteligencia artificial para gobernar bien, por Marino J. González R.
      noviembre 27, 2025

  • Noticias recientes

    • «Entre ofertas genuinas y descuentos engañosos»: así se vivió el Black Friday en el país
    • Avianca suspende indefinidamente operaciones de vuelos desde y hacia Venezuela
    • The New York Times: Trump habló por teléfono con Maduro la semana pasada
    • EEUU instala radar en Trinidad y Tobago: Ayudará a mejorar vigilancia de narcotraficantes
    • "Me quedé con la maleta hecha": miles de venezolanos varados tras cancelación de vuelos

También te puede interesar

Ese falso antagonismo que ves, por Luis Ernesto Aparicio M.
noviembre 27, 2025
El síndrome del incentivo perdido: la renuncia a la plenitud, por Rafael A. Sanabria M.
noviembre 27, 2025
Esperanza en el abismo, por Fernando Luis Egaña
noviembre 27, 2025
Las claves de la victoria del “No” en Ecuador, por María Villarreal y Leonardo Magalhães
noviembre 27, 2025
  • Portal venezolano fundado por Teodoro Petkoff, comprometido con la verdad, ejerciendo la libertad de expresión. 25 años ofreciendo actualidad informativa, reportajes, investigaciones, análisis y opinión. Un producto de Editorial La Mosca Analfabeta.

  • Contacto: [email protected]

    Síguenos
  • Noticias

    • «Entre ofertas genuinas y descuentos engañosos»:...
      noviembre 28, 2025
    • Avianca suspende indefinidamente operaciones de vuelos...
      noviembre 28, 2025
    • The New York Times: Trump habló por teléfono con Maduro...
      noviembre 28, 2025

  • A Fondo

    • Comedores populares resisten frente al hambre persistente...
      noviembre 25, 2025
    • Comando para la Defensa Integral: otra estructura para...
      noviembre 24, 2025
    • "EEUU aumenta presión y la única conversación que quiere...
      noviembre 22, 2025

  • Opinión

    • Chile: El colapso del centro y la ilusión del giro...
      noviembre 28, 2025
    • ¿De qué pueden hablar Nicolás Maduro y Donald Trump?,...
      noviembre 28, 2025
    • Miss Universo 2025: Poder mediático, decadencia y ética...
      noviembre 28, 2025


Diseñado y Desarrollado por Binaural
  • Noticias
  • A Fondo
  • Lo Nuestro
  • Opinión
  • Migrantes
  • Regiones
  • EEUU
  • Alianzas
    • Alianza Rebelde Investiga
    • #LaHoradeVenezuela
  • Videos
    • Multimedia
    • La República que Tortura
      • Documental en Youtube
  • Nosotros
    • Principios editoriales
    • Manual de estilo
    • Nuestra historia
    • Editoriales
    • Teodoro
Presione enter para comenzar su búsqueda