Duda razonable, por Teodoro Petkoff

Ayer la OEA y el Centro Carter, por boca de César Gaviria y de Jimmy Carter respectivamente, emitieron sendas declaraciones en las cuales, en dos platos, avalaron los resultados del RR presentados por el CNE. Es un hecho político que debe ser convenientemente evaluado por la dirigencia opositora, que durante meses condicionó su aceptación de la decisión ciudadana a que la OEA y el Centro Carter los convalidasen. Bueno, ambos organismos lo hicieron y tal dato de la realidad no puede ser alegremente desestimado. En principio, la salsa que es buena para el pavo debe ser buena para la pava. La actuación de esas organizaciones en el caso de los reparos fue celebrada por la oposición. Es de suponer que la de ahora no debería merecer una consideración diferente. Desde luego, la OEA y el Centro Carter han evaluado solamente los resultados cuantitativos del proceso referendario, los números finales, no los aspectos cualitativos que rodearon el desarrollo de este.
Sin embargo, no fue la faceta cualitativa el centro de la denuncia realizada por la CD en la madrugada de ayer, sino la que atañe a los resultados numéricos. El ventajismo oficialista, la obvia parcialización del CNE y las artimañas que en su seno se adelantaron, la guerra de desgaste que significó la violación de todos los lapsos electorales legales, el chantaje sobre los empleados públicos, los despidos y las amenazas de ellos, la intervención de los organismos del Estado, dineros y otros recursos públicos utilizados caudalosa y descaradamente, todo esto y más, es innegable, pero no fue a ello a lo que se refirieron los dirigentes de la CD en su alocución al país sino a las sospechas de que los resultados numéricos no correspondieran a la voluntad expresada por los electores.
Aclárense entonces estas dudas. En las reglas del CNE está prevista una auditoría sobre una muestra aleatoria de las máquinas, para comparar las papeletas con el acta de totalización. Esa auditoría debía hacerse inmediatamente después de cerrada la votación. ¿Se realizó esta auditoría? Si se hizo, con la presencia de testigos de ambas partes, los resultados debieron ser presentados de inmediato, debidamente certificados por los testigos de las dos partes, y ello debería ser suficiente para despejar algunas de las sospechas suscitadas. Ahora, ¿se conoce ese resultado? ¿Por qué no ha sido presentado? ¿Es cierto, como se afirma, que se hizo la auditoría pero no estuvieron presentes los testigos de la oposición? ¿Es cierto que la muestra de las máquinas no fue aleatoria? Estas dudas deben ser aclaradas cuanto antes por el propio CNE porque este reclamo es absolutamente pertinente. Si Jorge Rodríguez dijo que en el CNE están dispuestos a realizar cualquier auditoría adicional, pues esa oferta debe ser honrada en los hechos. Esta vez hay dudas razonables. En las siete elecciones anteriores nadie objetó los resultados. Esta vez, la duda cubre a una parte muy importante del país.
Pero esto no puede ser el cuento del gallo pelón. Si hubo fraude, preséntense rápidamente las evidencias por parte de quienes lo alegan, porque mientras ello no se haga, ni la OEA ni el Centro Carter ni nadie puede aceptar como prueba las discrepancias entre las exit polls de Súmate (que, en fin de cuentas, no son otra cosa que encuestas) y los resultados arrojados por las actas de totalización.