El jazz. Un ave fénix. Conclusión, por Simón Balliache

Si bien es cierto que el disco Doo Wop de Miles Davis es transcendental no se puede obviar que en los EE.UU. desde los años 80 una corriente clandestina y tímida venía uniendo el free jazz con el funk, mientras que, en las discotecas de Inglaterra, lo fusionan con el hip hop, el jazz funk, la música bailable electrónica y lo mezclan con temas clásicos de los cincuenta y sesenta. Se acuña el término Acid Jazz, entra en las discotecas de todo el mundo, en la radio y la televisión haciéndose muy popular con innumerables videos clip. En los 90 florecen grupos como Us3, Jamiroquai, Incognito y Jazzanova entre tantos otros. Una de sus grandes personalidades es Roy Ayers
Las experimentaciones se producen de maneras más diversas y frecuentes siempre con la presencia del free jazz como base fundamental generándose nuevos nombres como el bajista Dave Holland, y el trompetista Dave Douglas. La variedad de estilos es sumamente amplia, el jazz es un crisol en donde confluyen todo lo que se puede mezclar, prácticamente cada músico representa una corriente que no se alinea con nada ni nadie en específico. En cualquier álbum de cualquier músico se pueden encontrar una diversidad muy amplia de estilos.
El músico asume con mayor propiedad su condición, ya no sólo es un intérprete ahora es compositor, productor e inclusive dueño de sellos discográficos no estando tan sujeto a los lineamientos de mercado impuesto por las grandes empresas. Han sido años en donde han convivido los aciertos con los fracasos, la iniciativa con el atrevimiento y por sobre todo la irreverencia ya que no hay figuras venerables. Por lo tanto, no se observa un liderazgo ni una corriente imperante.
Como un hecho curioso las big bands reaparecen con la intención de sus inicios, se revitalizan y surgen nombres destacables como Marty Ehlirch, Vienna Art Orchestra y una eterna ganadora de premios como es la directora y compositora María Schneider, todas ellas sometidas a la incertidumbre debido a los altos costos de mantenimiento. No siendo así el caso de Jazz at Lincoln Center Orchestra, dirigida por Wynton Marsalis que se establece como una referencia permanente en la escena musical de New York ya que el músculo financiero que la apoya le ha permitido navegar por esos mares angustiosos a los que está sometido cualquier big band.
Afortunadamente, las nuevas generaciones que han comenzado alrededor del año 2010 siguen manteniéndose y nombres como los trompetistas Christian Scott y Ambrose Akinmusire, el saxofonista Kamasi Washington, los pianistas Jon Batiste, Jason Moran, grupos como The Bad Plus, GoGo Penguin, Mammal Hands, The Comet is Coming y veteranos como Pat Metheny, Bill Frissell, Brad Mehldau y James Carter, por nombrar sólo algunos, logran mantener el interés de los melómanos por el jazz actual el cual se encuentra inquieto, lleno de juventud, de energía y dudamos que en algún momento llegue a morir pero si se mantendrá en una constante evolución.
A comienzos de los años cincuenta habíamos mencionado que el jazz se había fragmentado, ahora en el siglo XXI decimos que se ha miniaturizado, los estilos, corrientes y etiquetas abundan por todos lados. Se mencionan nombres como el Nu Jazz, Jazz Rap y Punk Jazz. Todo esto trae una mayor exposición de un jazz que en nada se parece a lo que se escuchaba en los cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta y ochenta.
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En esta era del Internet cambia por completo el mercadeo, las plataformas como Spotify, Apple, Deezer, Bandcamp, entre tantas otras, hace que ya no sea necesario ir a una tienda de discos a comprarlos porque las nuevas producciones se consiguen rápidamente y están al alcance de cualquier dispositivo. Sorpresivamente, un hecho curioso sucede. El vinyl que se consideraba una pieza de museo reaparece en nuevas presentaciones y ha comenzado a ocupar un nicho en el mercado.
Ahora bien, a estas alturas surge una pregunta:
¿Existe, en los primeros veinte años de lo que va del siglo XXI, algún estilo o corriente claramente diferenciado que pueda dejar una huella trascendental como el New Orleans, el Swing, el Bebop, el Cool, el Hard Bop, el Jazz Modal, el Free Jazz, el Jazz Fusion e inclusive, el Acid Jazz?
La categorización es una forma fácil para agrupar los diferentes estilos de una época y mercadearlos mejor en las tiendas de discos. Por ejemplo, el New Orleans agrupó lo que se tocaba en New Orleans, en Chicago y el Dixieland; el swing reunió a orquestas cuyos estilos fueron muy diferentes bajo una sola etiqueta; el Bebop y el Cool tuvieron sus versiones en la costa este y oeste; el Jazz Modal convivió con el Concepto Lydio Cromático; el Free Jazz tuvo innumerables sub corrientes; el Jazz Fusion dio origen a otras corrientes como el jazz funk, el Smooth Jazz ha dado origen al Easy Listening y a un «estilo» con el nombre pomposo de New Age Jazz y para colmo todo el jazz que es producido fuera de los EE.UU. ha sido bautizado con el horroroso nombre de Jazz Étnico. Sin embargo, nos gusten o no nos gusten toda esa gran variedad, se puede decir que ellos pertenecían a caminos sólidos con ejecutantes que las personalizaban expresando puntos de vistas diferentes, válidos o no, pero con la suficiente valentía para darlos a conocer.
Dicho lo anterior: no existe un estilo o corriente predominante que permita identificar los primeros veinte años del siglo XXI. A lo mejor no es necesario. A los músicos no se les debe criticar ni cuestionar porque todavía no hayan encontrado esa corriente que identifique estas dos décadas. Es algo que nace de manera natural, sin pensarlo, cuando van logrando expresar lo desconocido que tienen adentro y logran liberarse de sus propias ataduras.
El jazz nació como un arroyo en el que todo el mundo se metía sin temor a nada. Con el tiempo fue aumentando su caudal desarrollando brazos (Parte del río que se separa y corre independiente de él hasta reunirse de nuevo con el cauce principal o desemboca en el mar). Algunos se acercan a las orillas, se mojan, se quedan ahí o se salen, mientras que otros se meten en lo profundo y gozan dejándose arrastrar por la corriente. El jazz perdurará, siempre existirán las voces agoreras, las que se resistirán a los cambios, pero también estarán los que están de acuerdo con la evolución suministrándole el aliento necesario para mantenerlo vivo. En cualquier caso, es un ave Fénix y renacerá.
FIN
Simón Balliache es investigador y melómano venezolano, autor de los libros Una Historia del jazz,Los íconos del jazz, Voces en el jazz. y Jazz en Venezuela. Gracias
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