El Lago de Maracaibo como radiografía del desastre, por Luis Ernesto Aparicio M.

Twitter: @aparicioluis
En la sucesión de mis artículos he mantenido como tema relevante, los asuntos sobre la política y sus manifestaciones, así como la de sus participantes directos. Pues bien, para este número me voy a salir un poco de ese esquema e introduciré una variante que, no por ser diferente en cuanto al tópico, no deja de ser parte del sistema político. En este caso, compartiré con ustedes mis comentarios sobre unas imágenes satelitales y un artículo que la Oficina de Administración Aeronáutica de los Estados Unidos (NASA) publicó a principios de mes sobre la, repetida, preocupación en cuanto al estado en el que se encuentra el Lago de Maracaibo.
Maracaibo, una atrayente ciudad que creció desde un Lago que maravillaba a quien nacía, vivía o pasaba por esa capital de estado, tanto por su inmensidad, 13.000 kilómetros cuadrados, como por su belleza. Ese Lago que ha sido inspiración de muy buenos poetas, compositores y escritores zulianos, y que pese a ello hoy, dice la gaita de Jorge Luis Chacín, “la inmundicia lo arruina” a tal punto que su aspecto es el de una enorme mancha combinada entre negra y verde, sin ningún vestigio de aquellas aguas cristalinas que sirvieron, por mucho tiempo, como fuente de agua potable, abundante y variada fauna marina.
Las imágenes son más que impactantes y demuestran la desidia de años llenos indolencia, y promesas incumplidas, más allá de los sustanciosos recursos económicos desviados a los bolsillos de particulares y gobernantes. Los grandes proyectos como Puerto América y los planes de tratar las aguas servidas en grandes y modernas plantas por parte de un instituto que se ha convertido en un logo, el Instituto para la Conservación del Lago de Maracaibo (ICLAM), solo arrojaron dividendos en votos y dinero para aquellos que vieron la oportunidad de utilizar una mentira, posiblemente creíble.
Pero ¿qué ha ocasionado lo que las imágenes de la NASA muestran? Para muchos especialistas y ambientalistas, será, sin duda, la explotación petrolera la causante del estado de ese gran reservorio de agua.
Para otros será la fuerte actividad agrícola y pecuaria que tiene su asiento en el sur del Lago y en los valles de los estados Trujillo y Mérida; mientras que para otros será su uso como gran contenedor de las llamadas aguas servidas o negras. Estas son las razones que se encuentran a la vista, puede que exista alguna otra que no sea tan evidente como la abundante entrada de agua salada proveniente del Golfo de Venezuela por efecto del dragado que se produce cada tiempo, aunque ya esto pueda que no exista en estos tiempos de desastre y deterioro venido desde el gobierno de Nicolás Maduro.
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La creación del Iclam, en los años ochenta, cuyo objetivo era el Control y la Conservación de la Cuenca del Lago de Maracaibo, logró mostrar ciertos avances durante sus inicios, pues presentó un diseño de construcción de plantas de tratamiento para las aguas servidas que estarían distribuidas a lo largo de toda la costa del Lago, pero sobre todo en las ciudades de mayor número de habitantes, como el caso de Maracaibo. Algunas plantas se construyeron, pero su funcionamiento no fue del todo normal, por lo que el resultado final fueron unas grandes piscinas de aguas negras que luego eran vertidas al Lago. Ese resultado, hace suponer que esta institución, aunque continua en funcionamiento, no logró, y dudo que ahora lo haga, cumplir con al menos el veinticinco por ciento de su objetivo.
Por otro lado, la explotación petrolera adiciona otro de los peores enemigos de la presencia del Lago en la geografía terrestre. Desde 1914, ella se convierte en otro gran contaminante de los suelos zulianos y sobre todo de sus aguas. Al Lago de Maracaibo le circundan unos cuantos (Hoy no se sabe cuántos se encuentran activos por lo que no hay datos para detallar la cantidad) pozos petroleros con sus kilométricas tuberías.
De tal manera que es lógico entender que en más de una ocasión se produjeron por años, y la cuenta continua, fugas de crudo durante todo el proceso de extracción de petróleo. Para intentar impedirlo, las empresas contemplaban planes de revisión y mantenimiento de sus instalaciones lacustres, lo que no evitaba del todo la contaminación. Sin embargo, se hacía para que no ocurriera a gran escala.
Hoy, no hay manera de saber sobre el estado de todas esas instalaciones; pero vistas las fotos de los primeros días de octubre de este año, ya podremos tener nuestras conclusiones.
La preocupación sembrada por la presencia del petróleo en el Lago trajo consigo una promesa de mayor contundencia, pero más difícil de concretar por aquello de las experiencias del Iclam. En 1989, renace una idea que ya se venía manejando desde Colombia y su Carbón: crear un puerto de aguas profundas en aguas del Golfo de Venezuela. A ese proyecto, luego le llamaron Puerto América, otra ilusión que muchos sembraron, sobre todo Chávez y su amigo Francisco Arias Cárdenas. Ese proyecto consistía en construir una isla artificial desde donde se despacharían todos los productos mineros (Carbón y petróleo) y evadir con ello la entrada de buques de grandes calados y con ello cerrar el canal que permite su entrada hasta este, lo que evitaría el excesivo tributo de agua de mar, mucho más pesada, hacia el Lago de Maracaibo.
Puerto América, es un proyecto que se veía, en pasado, como un gran aliciente para frenar la contaminación del lago, puesto que al dejar de dragar o sacar la arena que se sedimenta en el dique que se forma entre las aguas de mar y el Lago de Maracaibo, se evitaría que las primeras, por sus características salobres, transformaran la vegetación y la fauna marina del lago. Pero, además, evitaría los derrames de hidrocarburos procesados y no transformados, al concentrar los servicios en un solo lugar.
Sin embargo, Puerto América sigue siendo ese espejismo que puede servir para cualquier campaña electoral, sobre todo en manos de populistas o escasos sesudos que se dicen ser de izquierda. Mientras tanto, el Lago va cediendo y se va convirtiendo en una oscura y hasta espesa mancha.
Más allá de ver la situación del Lago de Maracaibo como una alarma que parece nos despertara e hiciera mirar sus consecuencias, tan alarmantes como las que está produciéndose con el cambio climático; la situación del Lago es casi terminal. Se necesita de altos criterios en políticas públicas para disminuir su agonía y evitar que esa fuente divina, como dice la gaita, se convierta en una fuente de enfermedades, incluso desconocidas por la ciencia actual, tanto para zulianos como para el resto de Venezuela.
Lo más que puedo concluir es que la muy probable desaparición del Lago de Maracaibo es una muestra de como se encuentra Venezuela. Es como una radiografía del desastre, la indolencia y la incapacidad de sus gobernantes y de quienes, ha pesar de haber nacido frente a sus costas, le han dado la espalda. Habría que rectificar, entonces, gaitas y otras canciones o prosas dedicadas al Lago, como aquel poema de Chinco Rodríguez, que finalizaba: “Cuando de ese Lago escucho el chapoteo del marullo, se me infla el pecho de orgullo, al saberme maracucho”.
Luis Ernesto Aparicio M. es Periodista Ex-Jefe de Prensa de la MUD
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