El ministro de la defensa y su pijama, por Beltrán Vallejo

Yo entiendo de bravuconadas y jaquetonerías, pero ¡caramba, Vladimir Padrino!, esta vez fuiste muy destemplado con estas palabras: “No serán poder político en Venezuela jamás en la vida (…) mientras exista una Fuerza Armada como la que hoy tenemos, antiimperialista, revolucionaria, bolivariana, nunca podrán ejercer el poder político en Venezuela”.
Y digo destemplado porque en momentos en que Maduro se ve más arrinconado y en derrota con el coronavirus, en circunstancias de su fracaso aplastante con la hiperinflación, en instantes en que acabó la buya de la gasolina iraní, que era por tres meses, pero que la robadera ha hecho que durara dos semanas en el interior del país, ahora los angustiados venezolanos tenemos que calarnos las frases soberbias y atorrantes de un ministro de la defensa que se cree victorioso, que se cree ganador; ¿victorioso de qué?;¿ganador de qué?
¿Será que el teatrillo de ese “CNE” que impuso el sanedrín del TSJ madurista, en momentos en que anuncia su pijamada electoral para diciembre, le llame la atención a ese ministro arrabalero por su conducta no adecuada para este año y que “de elecciones”, y así muestre algo que se aproxime a un “poder electoral”?
¿De qué se ufana él? ¿Será de sus 7 años consecutivos como ministro de la defensa al frente de unas Fuerzas Armadas irrespetadas, mal vista, desprestigiadas?
En este país alguien dice la palabra corrupción, y de inmediato muchos piensan en un militar frente a cualquier gasolinera, en cualquier puesto fronterizo, en cualquier prisión, en cualquier empresa del Estado, en cualquier gobernación o alcaldía, en cualquier ministerio.
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¿De qué se ufana, ministro?; ¿será de ese historial de corrupción e ineficacia, que viene desde el plan Bolívar 2000, pasando por los militares que saquearon el ministerio de alimentación desde el 2004, y cuya herencia es un país hambreado, y pasando por el fracaso estrepitoso de un General Quevedo, que, cuando lo nombraron presidente de Pdvsa, dicha empresa al menos producía más de 1 millón 600 mil barriles diarios de petróleo, y éste se fue de allí dejándola “esperolada” con una caída de 400 mil barriles diarios de petróleo?
Esa bravuconada por supuesto que no debe angustiar ni menos asustar a los que luchan por una democracia en Venezuela. Al contrario, nadie que tenga talante democrático debe temerle al gorila. Este país en algún momento recuperará su naturaleza libertaria y su condición de pueblo que ha desbarrancado a tiranuelos y caudillos de uniforme que se han creído invencibles. Padrino cree que el demócrata firme es como aquel carajito que cuando se porta mal viene alguien con algún disfraz de mono para asustarlo.
Ahora bien, quien debe sentirse incomodo con esos ditirambos es el propio Maduro, porque todavía se recuerda el discurso altisonante de lealtad jalamecateril de aquel general Rosendo, tan gordo él que no cabía en el tanque, que le expuso a Chávez en una parada militar, y a las dos semanas capitaneaba el golpe del 11 de abril del 2002. Por supuesto, todavía se recuerdan las palabras de lealtad para un Salvador Allende de su ministro de la defensa llamado Augusto Pinochet, faltando horas para el inicio de una noche larga y dictatorial en Chile.
Lo que también es cierto es que Venezuela no merece las palabras de Vladimir Padrino, precisamente en estos momentos de sufrimiento por el coronavirus y de parálisis económica, en días de profundos dramas sociales y de hambre galopante. Las palabras del ministro dividen más este país, lo aturden y encoleriza.
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