Galeano contra Galeano, por Simón Boccanegra

Eduardo Galeano, uruguayo, es uno de los escritores más leídos en el mundo. No sé si ha escrito otros libros, pero, Las venas abiertas de América Latina, por su difusión y nombradía, lo hace aparecer como autor de ese único texto. En todo caso, es el que le ha dado fama continental y durante años ha sido una suerte de libro de cabecera de la izquierda latinoamericana. Como es harto sabido, Galeano analizó en su libro la historia económica y política de América Latina y la dominación que sobre esta han ejercido desde los imperios español y portugués hasta el norteamericano. Hete aquí, si embargo, que cuarenta años después, el escritor, en un notable gesto autocrítico, asevera que no sería capaz, ahora, de leer su propio libro. «Si lo volviera a leer caería desmayado», añadió, a mayor abundamiento. «Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital». Este escribidor no puede opinar sobre el libro de Galeano porque no lo ha leído, pero le cree al autor. Tuvo la precaución de no echarle una ojeada porque no sólo intuía que no iba a encontrar nada que ya no hubiera leído en otros autores sino porque además, un reflejo instintivo le hizo pensar lo mismo que ahora el autor confiesa: que debía ser fastidiosísimo. Era, pues, una lectura prescindible. Sin embargo, ni tan calvo ni con dos pelucas.
Las venas abiertas, con todo y lo dicho por su propio autor, formula una abierta requisitoria no sólo contra los colonialismos europeos de otrora sino contra la moderna dominación ejercida, con otros métodos, desde luego (salvo en Puerto Rico), por el imperio norteamericano sobre el continente, en particular en América Central y el Caribe -hasta que se le zafó Cuba, dicho sea de paso.
Contar y re-contar esa historia, así sea en libros aburridos, es fundamental para entender porqué somos como somos y estamos dónde estamos.