In Memoriam

Este febrero ha sido duro con nosotros los venezolanos. Dos figuras señeras de la cultura y de la venezolanidad, Uslar y Liscano, nos abandonaron y también se fueron Caupolicán Ovalles y el cardenal Lebrún. Fueron, con la excepción de Caupolicán, vidas largas, y todas fecundas. Cada uno en su campo dejó una señal para los venezolanos que vienen. Uslar y Liscano tuvieron en común no solamente la pasión creadora sino un amor atormentado por su tierra, que en ocasiones daba a sus lúcidas premoniciones y advertencias un tono escéptico y hasta pesimista, que tal vez exageraba nuestros males para mejor llamar la atención sobre ellos. Uslar y Liscano, también Caupolicán, en otra dimensión, cada uno a su manera, fueron intelectuales comprometidos. Ninguno se escudó en la creación literaria para mirar de lejos el acontecer político. Tuvieron posiciones y corrieron los riesgos que ello implica, entre otros el de generar desacuerdos y polémicas. No siempre se podía estar de acuerdo con ellos pero imposible era no respetarlos. Y eso, no es poca cosa