Venezuela vive una permanente «conexión fallida»

El panorama económico de hiperinflación y con un rezago tarifario con varios años de retraso mantienen a las empresas de telecomunicaciones de manos atadas para invertir en mantenimiento de la plataforma y la consecuente relantización del servicio; lentitud que se prevé se agudice en el futuro inmediato
Autor: Alida Vergara Jurado
Una frase cotidiana para los usuarios de internet en Venezuela es, sin duda, “conexión fallida”. La situación no es nueva, y es que según el estudio “Navegación a la mínima expresión”, realizado por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) presentado en febrero, la calidad de internet en el país puntea como la peor de Latinoamérica.
En dicha investigación se asevera que en Venezuela se navega a diario con un promedio de 1.6 megabits por segundo en conexiones de hogar, oficinas y otros centros atendidos por banda ancha fija, lo que refleja una caída de 0,3 mbps respecto a los valores registrados en 2016. En el sector móvil apenas aumenta a unos 2.3 mbps.
La cifra de velocidad de conexión no llega a la mitad del promedio de navegación en América Latina, unos 5.6 mbps en promedio, concluyendo que desde 2012 el país ha vivido una merma en la calidad del servicio, y en 2015 entró en lo que se conoce como “niveles de precariedad”.
En comparación, la velocidad de conexión en Costa Rica es de 12,41 mbps, en Panamá de 7,86 mbps y en Surinám, una de las naciones más pobres del continente, es de 1,78 mbps.
Galopante rezago
La situación es tan grave, que hasta la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal) ha reflejado en un informe que «las condiciones con las que cuentan los ciudadanos en Venezuela son precarias, pues ejercen sus libertades en línea en el peor ecosistema digital de América Latina, en cuanto a calidad de acceso a internet se refiere».
Luis Carlos Díaz, periodista, docente y experto en redes sociales, abre diálogo afirmando que lo que ocurre con la conexión de internet en el país no tiene exactamente que ver con desinversión, porque esto se entiende como que las empresas del área no invierten y serían las responsables del problema.
“Lo que hay en Venezuela es un bloqueo, un gobierno que le dificulta al resto de los actores económicos hacer su trabajo”, dice, y puntualiza que en primer lugar hay un control de cambio que impide el acceso a divisas para poder comprar cualquier bien importado.
“Desde el año 2013 el sector telecomunicaciones dejó de ser prioritario y pasó a la cola de la adjudicación de divisas, desde esos años hay muestras terribles de rezago; a esto se le suma que el Estado tiene un control de tarifas que pervierte por completo el modelo económico que puede sustentar a las empresas, porque las hace no rentables”, dice.
Díaz señala que aun sin rentabilidad, las empresas siguieron operando porque están obligadas a prestar el servicio y, además, apostaban a que el conflicto fuera temporal. Pero lo que han hecho es vivir junto al país una contracción económica galopante, una caída en su capacidad para dar respuesta a los problemas de los usuarios y, pasado un tiempo, la consecuente falta de inversión para ofrecer un buen servicio.
“Para que todo esto funcione tienes que cambiar a los administradores del país, del sistema económico y político que tiene en aprietos a la empresa privada, es decir no hay solución a las telecomunicaciones con el chavismo en el poder a menos que haya una economía libre y eso acabaría con el chavismo. Su modelo de control ideológico tiene que ver con el control económico; entonces no hay telecomunicaciones en socialismo”.
Ni viejos y ni nuevos
Pero no solo los usuarios actuales tienen problemas. Las empresas de telecomunicaciones no tienen capacidad para absorber de manera masiva y continua a los nuevos usuarios por sus reducidas posibilidades de crecer, al punto que en algunas ciudades hay menos servicios que antes, localidades donde hay menos antenas habilitadas porque no hay repuestos.
De hecho, solicitar a cualquiera de las empresas prestadoras la inclusión de un nuevo usuario es tarea casi imposible pues la mayoría arguelle no disponer de equipos necesarios, por lo que la espera para la conexión puede llevar desde varias semanas a varios meses. Algo similar ocurre con el incremento de los planes de velocidad.
«Para poder tener internet tuvimos que llegar a un acuerdo con el vecino e instalar una conexión desde su casa, pues en Cantv nunca nos dieron respuesta», dice desde Maturín, Monagas, María Hernández, para quien solo un acuerdo con su vecino -que incluye la cancelación de la mitad de la mensualidad- le permite tener la deficiente conexión a internet de la empresa pública.
Y si se trata de una avería, es probable que el problema no sea resuelto en años. «Estuve más de un año sin internet ni teléfono por una avería en la línea. Como yo hay varias personas en la zona. Tuve suerte que solucionaran mi problema porque sé de otros usuarios que aun siguen sin señal ni teléfono», señala Antonio Rodríguez, residente de El Cafetal.
Para la realización de este reportaje se buscó la opinión tanto de Cantv como de las grandes prestadoras de servicio del sector privado, ninguna de las cuales respondió a la solicitud de entrevista.
En medio de este panorama, los expertos señalan que la migración de venezolanos hacia otros países ha traído cierto alivio a las operadores, pues ello repercute en que haya menos usuarios de internet y por ende menos congestión en las redes. A ello se suma que la contracción económica ha obligado a muchos usuarios a suspender el servicio por no poder cancelarlo. Eso ha evitado el total colapso de la conectividad.
Esta misma realidad económica de galopante inflación hace que el monto pagado por los servicios -controlado por el gobierno- esté completamente desfasado. En efecto, muchas de las tarifas en todo el sector se decidieron y fijaron el año pasado, pero en 2018 el promedio mensual de inflación ronda el 80%. «Esto hace absolutamente ridículo lo que se está cobrando en este momento, y eso pone en riesgo todo”, afirma Díaz.
De allí que los expertos afirmen que el panorama de Venezuela no podría estar más comprometido para este año, con el peor cuadro de telecomunicaciones de todo el continente americano, ante lo cual las empresas del área tendrán que tomar medidas que, muy probablemente, contribuirán a empeorar la situación, al menos para los usuarios, bien por alza de tarifas o por mayor limitación de servicios.
¡Milagro, milagro!
Carlos Jiménez, socio de Datanálisis y presidente de Tendencias Digitales, apunta que esta es la crónica de una muerte anunciada: con un entorno deteriorado y hostil a la inversión, el deterioro de la infraestructura y el estancamiento se hace evidente, traduciéndose en cuatro años sin crecimiento.
“Es un milagro que no hayamos decrecido. Nos estamos manteniendo muy estables, lo cual es un mérito frente a la crisis desde el punto de vista de la demanda. Obviamente desde el punto de vista de la oferta la calidad se ha deteriorado porque las empresas no han podido realizar las inversiones necesarias, porque las tarifas que se cobran no permiten que se recupere la inversión ni que se mantenga la estructura. De hecho, cada vez a ser peor”, comenta.
Jiménez no duda en catalogar la precaria pero existente conexión como un hecho sobrenatural. “Cada vez que yo me levanto y mi teléfono tiene señal o en casa hay internet, le doy gracias a Dios porque es un milagro. En algún momento esto no va a ser así, si no se generan las condiciones para que la industria pueda operar normalmente”.
Los datos le dan la razón. Según los datos más recientes, Venezuela está a casi 20% del promedio de la región, con una cantidad de usuarios superior a los 18,7 millones de usuarios para un 59% de penetración.
Al destacar que revertir la terrible situación de las telecomunicaciones locales es preciso un cambio de paradigma económico, Jiménez dice que es esencial abordar el problema desde tres ángulos: en primer lugar, contar con la infraestructura adecuada para prestar un servicio de calidad de acuerdo a los estándares internacionales, que depende de las inversiones suficientes y las garantías de inversión.
Asimismo, es preciso cerrar la brecha digital, con políticas públicas orientadas a ayudar a los más desfavorecidos, como el decreto de internet prioritario que se cumplió hasta 2005; y por último libertad de conexión que permita una auténtica libertad de.
“Nosotros estamos raspados en ese trípode que son las telecomunicaciones: el servicio es malo, empeora y el acceso no aumenta a pesar de que la región crece, no estamos mejorando en cuanto a brecha, y la libertad de expresión pareciera que puede ir a peor”.
En pocas palabras, el apagón de internet parece ser una realidad que está a la vuelta de la esquina que solo se podrá se exorcizado con un cambio de políticas que permitas subsanar el rezago tecnológico tras años de taifas congeladas e inversión paralizada. Desafortunadamente, el bolsillo de los usuarios se verá afectado en aras de mejor su conexión.