En el barrio Kennedy el gas es un servicio que llega a media noche

Trasnocharse toda una noche para comprar el gas doméstico no es el único problema en Kennedy, una popular barriada caraqueña ubicada en la parroquia Maracaro , también está la delincuencia, que ha hecho de las suyas en varias oportunidades según explica una vecina que prefirió mantenerse en el anonimato
Entrada la noche, cuando el resto de la ciudad duerme, los habitantes de este sector Guerreros del Tamanaco ubicado en Kennedy, una barriada popular situada en la parroquia Macarao, se preparan para una nueva ronda de ‘cacería’ en un intento por lograr comprar una bombona de gas doméstico.
Entre las 3 y 4 de la madrugada es la hora en la que acostumbra llegar el camión cargado de bombonas para comenzar la venta. «Uno sabe que ya está el camión por ahí porque ellos (los vendedores) comienzan a darle golpes a las bombonas, lo que causa un ruido durísismo», dice Ana López, quien a sus 67 años debe correr si quiere adquirir a precio regulado el cilindro con el preciado butano.
La mujer detalla que esto es un problema que nunca antes se había visto en el sector. Todo comenzó con la llegada de la llamada ‘revolución bolivariana’ y los consejos comunales. «Cuando todo comenzó a ser regulado y administrado por las personas del consejo comunal, avisaban a la hora que fuese cuando llegaba el gas, pero ya no avisan nada», dice López al explicar por qué son los vecinos los que deben evitar caer en un sueño profundo y dormir atentos a la llegada del distribuidor.
Así le ha ocurrido a ella, quien muchas veces por tener dolores muy fuertes en todo el cuerpo ha perdido la oportunidad de comprar el gas. «Yo ya no puedo con una bombona, estoy toda malograda».
Pero no es este el único problema de López: la de ella no es una de las casas cerca de la carretera, lo que hace imposible escuchar el sonido del camión. «Pero los vecinos son solidarios, el primero que escucha sale de su casa y pega un grito y así viene por todo el barrio, la gente tocando puertas y paredes, avisándole al de al lado que llegó el camión del gas», relata, enalteciendo en medio de la tragedia la solidaridad de sus vecinos.
Delincuencia a la orden del día
Pero trasnocharse toda una noche para comprar el gas doméstico no es el único problema en Guerreros del Tamanaco, también está la delincuencia, que ha hecho de las suyas en varias oportunidades según explica una vecina que prefirió mantenerse en el anonimato, quien dice que son muchos los episodios de peligro que ha corrido quienes se quedan a orillas de la carretera para ser los primeros en comprar.
«Solíamos quedarnos ahí desde más o menos las 12 de la noche con nuestras bombonas, pero una vez unos malandros robaron a un vecino y le partieron la cabeza para quitarle la bombona vacía, eso ahorita cuesta un dineral» dice.
López, por su parte, recuerda otra situación ocurrida en enero de este año. «Estábamos haciendo la cola en la madrugada y se armó un tiroteo entre el FAES y los malandros, tuvimos que correr con nuestra bombonas a casa».
Por eso ahora se organizan en grupos grandes para esperar el gas, pero sin las bombonas. «Las dejamos en una casa cercana y cuando van ser las 4 de la mañana, que uno ya sabe que a esa hora llega el camión, las buscamos y así», afirma Yorkys Villegas, otra vecina del sector de Kennedy que dejó atrás esta práctica.
«Tengo un comedor en mi casa y esa bombona no me alcanza para nada, antes de madrugar prefiero comprarla por fuera», dijo. No obstante, está es una posibilidad que no todos pueden costear pues la bombona fuera del camión cuesta entre 25.000 y 30.000 bolívares, lo que representa un gasto significativo para persona como Ana López, jubilada del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) que tan solo percibe un pensión de Bs 300.000.
Un guiso «rojo rojito»
López cuenta que en sector existe un verdadero «guiso» con el consejo comunal en la administración de la venta del gas. «Son tan abusadores que ellos quieren decirte hasta cuántas bombonas de gas comprar, hubo un tiempo que solo permitían que compraras una, ahora solo dejan que compres dos, pero ellos compran para ellos y para su familia todas las que quieren, dime tú si eso es justo», dice la mujer, quien aclara que no le teme a nada ni a nadie, que dirá las cosas como son porque está «cansada» de que las personas en su barrio sigan, a su juicio, «sumisas» ante estas situaciones.
Para ella esto es una total arbitrariedad, «imagínate el camión sube solo cada 15 días o una vez al mes, por lo menos ahorita no ha llegado».
Otro vecino contó a TalCual que incluso la anarquía de consejo comunal ha llegado a limitar su derecho a los servicios en general en el barrio, lo que incluye la distribución de las bolsas del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP). «Ellas (las del consejo comunal) me sacaron de la bolsa y ni siquiera el gas puedo comprar aquí arriba, aunque soy del sector».
El hombre que no quiso dar su nombre contó como hace meses se enteró que había salido de la lista de los beneficiados de la bolsa porque una de sus sobrinas tuvo un problema con una de las integrantes del consejo comunal.
Pero eso no fue todo, «un día me levanté de madrugada para comprar el gas y al estar en la cola una de ellas se me acerca y me dice que no puedo comprar, que mi casa no está dentro de su jurisdicción y que me tengo que quedar de último y si alcanza podía comprar, claramente eso no alcanza».
Es por esto que el hombre de unos 40 años de edad ya no compra gas regulado.»Bueno yo más nunca vine a comprar para este lado, compro caro y ya, qué voy a hacer, yo no quiero nada que ver con esa gente».