La abstención no se derrota torciendo la verdad, por Santiago Boccanegra

En política la honestidad es un concepto tan manido como cualquier otro. Se usa más para el discurso que para la acción. «Hay que hablarle con la verdad a la gente», repiten muchos voceros y dirigentes a menudo. Ojalá la frase les resonara en los espejos.
Lo que vemos en la realidad es que habitualmente se camina la delgada línea de la manipulación, de la opacidad, de -en el mejor de los casos- la media verdad. Por cierto, una de las prácticas que más acerca a los adversarios.
Por ejemplo, quienes han salido a buscar votos quizá tuvieran mejores resultados en la tarea si optaran por la franqueza, y en vez de intentar convencer a una sociedad harta de tropelías políticas y electorales del hegemón de que ahora sí las cosas serán buenas con ese mismo hegemón, se concentraran en comunicar que se está es ante una oportunidad histórica.
Quizá obtendría más votos quien dijera «sí, el aumento de los diputados es una voltereta a la Constitución, y muchas de las condiciones siguen siendo ventajosas para el gobierno. Pero al menos los tipos se están exponiendo mínimamente a perder. Aprovechemos esa rendija». En vez de «las condiciones electorales son mejores que antes» o «todo se ha hecho respetando las normas democráticas».
A propósito de ello, hemos escuchado a algunos integrantes de los partidos de la Mesa de Diálogo Nacional decir cosas como las siguientes:
- Que el aumento de 167 a 277 diputados cumple con preceptos constitucionales, incluyendo la sumatoria de 48 diputados «nacionales», y está ajustado a lo que dice la Carta Magna.
- Que el CNE está cumpliendo la base poblacional y el índice del 1,1% y que los números coinciden con lo dicho por el INE sobre la proyección poblacional.
- Que el sistema de adjudicación de parlamentarios ahora sí es proporcional y no ventajoso para las mayorías a diferencia del de 2015 y 2010.
- Que para estas elecciones parlamentarias habrá observación internacional.
- Que las condiciones electorales acordadas en la Mesa son mejores que las de 2015. Sobre esto, el vicepresidente del CNE ha dicho que Timoteo Zambrano le aseguró que son las mismas que la oposición llevó a en República Dominicana.
- Que los detalles anunciados sobre aspectos electorales y técnicos han sido determinados por el Consejo Nacional Electoral.
- Que el escenario electoral planteado «resuelve» el entuerto institucional venezolano vigente.
Pero muchas de esas cosas no son verdad. Puntualizamos:
- No hay cálculo matemático ni jurídico que soporte el aumento de diputados a 277, como queda demostrado en estos trabajos que hemos publicado: que aumentar la cantidad de diputados a 277 no tiene basamento constitucional y viola la Carta Magna; y que expertos electorales y matemáticos no le encuentran pies y cabeza a las fórmulas implementadas por el CNE.
- El vicepresidente del CNE, Rafael Simón Jiménez, dijo que la fórmula para aumentar la cantidad de diputados no es matemática sino «fundamentalmente política», y que tampoco la había resuelto el CNE. Añadió que el número de 48 diputados nacionales «no sé de dónde salió».
- El sistema de adjudicación actualmente no resuelve que quien gane escaños nominales tenga otros por lista, dándole mayor representación a partidos grandes, como ya ocurría en 2015 y 2010. Se cambió la proporción al aumentar la cantidad de diputados a escoger, pero no el sistema en sí mismo.
- No habrá observación internacional. Por una parte, el CNE no la permite desde hace una década cuando comenzó a usar el concepto de «acompañamiento», invitados que vienen a mirar el día de los comicios, sin posibilidad de emitir un informe vinculante ni estar durante todas las etapas del proceso evaluando cumplimiento de las reglas. Por el otro, ya el cronograma avanza sin que hayan sido giradas siquiera las invitaciones.
- Las condiciones electorales que llevó la oposición a República Dominicana están contenidas en un documento que publicamos en TalCual. Hasta ahora, al menos seis de ellas no fueron cumplidas. Y contando.
- El vicepresidente del CNE dijo que «en cierta forma a nosotros nos llegan las cosas, vamos a decir, precocidas, como cuando tú buscas una pizza y lo que tienes que darle es la última cocción al horno».
- Hasta ahora no se ha dicho que una nueva Asamblea Nacional marque el fin de la constituyente.
Como en todo, nada es absoluto. Hay contrastes entre quienes optan por el guabineo, y quienes se lanzan de frente con alguna verdad.
Felipe Mujica dijo en un foro de TalCual que la discusión sobre cómo será la adjudicación de diputados «es un tema que le compete al CNE, no a la mesa nacional de diálogo», cuando el vicepresidente del organismo electoral ya había dicho aquí mismo que «entre el gobierno y los partidos que allí concurren está pendiente todavía una definición sobre el sistema definitivo de adjudicación»
Mientas, Javier Bertucci dijo en Globovisión hace varias semanas que «este año no tendremos observación internacional, sino acompañamiento». Lo lanzó así, sin medias tintas, haciendo un llamado a tener testigos de mesa como garantía electoral de verdad.
Generar participación masiva si no se es capaz de generar confianzas puede ser utópico, y no evitará la abstención de quienes, además, han sido culpados en oportunidades anteriores por dirigentes incapaces de asumir sus propias responsabilidades como convocantes.