La FAO vuelve a premiar a Maduro, esta vez con su silencio, por Luis A. Rodríguez

Fue necesario que transcurrieran seis años para que la FAO reconociera que la inseguridad alimentaria, la desnutrición y la malnutrición habían aumentado en Venezuela, aunque ese parecer fue enmendado con una campaña de “fake news” para complacer a Maduro
El dedo acusador se levantó desde el barrio romano de San Saba, que alberga la sede central de la agencia de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, la FAO.
En sus soleadas oficinas de la histórica avenida Terme di Caracalla de la ciudad eterna, la FAO concluyó que, esta vez, Colombia, Honduras y Haití eran los puntos críticos del hambre en América Latina y el Caribe, o “hunger hotspots” según la jerga de la agencia.
El informe cayó como una bomba en Bogotá, donde la vicepresidenta y canciller Marta Lucía Ramírez expresó una queja oficial y pidió una rectificación a la FAO.
“Es francamente curioso que nuestro país aparezca relacionado en ese informe sobre problemas agudos de inseguridad alimentaria, en claro contraste con el silencio respecto de otros países de la región de los cuales se conoce suficientemente su precariedad institucional”, dijo Ramírez.
La alta funcionaria del Gobierno de Colombia aludió así a dos naciones ausentes en el reporte emanado de Roma: Venezuela y Corea del Norte, aunque la molestia del Palacio de Nariño obedecía a la exclusión de su problemático vecino.
Tras recibir las quejas del Gobierno de Colombia, funcionarios de la FAO como Alan Bojanic –representante en Bogotá– se apresuraron a reconocer “errores” en el informe “Puntos críticos de hambruna, alertas tempranas sobre inseguridad alimentaria”, aunque el daño estaba hecho al equiparar la situación alimentaria de Colombia con la de las dos naciones más pobres de América y excluir al mismo tiempo de esa lista a Venezuela, cuya catástrofe humanitaria ha contado muchas veces con la complacencia de la agencia de la ONU con sede en Roma.
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El ataque de la FAO a Colombia levantó preguntas sobre si el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, quien privilegia su relación con Bogotá, mantendrá a su país como sede de la próxima Conferencia Regional de la FAO, plataforma que podría ser utilizada para alabar a Venezuela y castigar otra vez al país cafetalero.
En el 2020 la sede de esa Conferencia perteneció a Nicaragua, en un evento que sirvió para dar cobertura al gobierno de Nicolás Maduro, al que la FAO, increíblemente, premió en el 2013 por su lucha contra el hambre y la subnutrición.
Dirigida por un ex viceministro de Agricultura y Asuntos Rurales de la República Popular China, Qu Dongyu, la FAO tiene como jefe para América Latina y el Caribe a un mexicano radicado en Chile, Julio Berdegué.
Fue necesario que transcurrieran seis años para que la FAO reconociera que la inseguridad alimentaria, la desnutrición y la malnutrición habían aumentado en Venezuela, aunque ese parecer fue enmendado con una campaña de “fake news” para complacer a Maduro promovida por quien fuera Representante de la agencia de la ONU en Caracas, Rolf Hackbart, un economista brasileño.
Hackbart se refirió en un documento de la FAO a “la fortaleza” de la producción venezolana de cereales, oleaginosas, tubérculos, hortalizas, productos lácteos y cárnicos (http://www.fao.org/venezuela/noticias/detail-events/en/c/1269883/) y –mientras daba la espalda al triste espectáculo de millones de venezolanos buscando diariamente su comida en basurales y a los productores agropecuarios del país realizando sus labores con caballos debido a la escasez de combustible– afirmó que “en Venezuela hay suficientes alimentos para todos”, por lo que pidió “no acapararlos ni comprar de más». (https://twitter.com/FAO_Venezuela/status/1247950962423205890).
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