La razón oficial, por Aglaya Kinzbruner

Twitter: @kinzbruner
Muchas veces nos preguntamos si hay algo detrás de decisiones oficiales que no salte a la vista de inmediato. Sin embargo, con sólo un pequeño esfuerzo, es posible encontrar móviles emocionales ocultos detrás de reacciones protocolares.
El 24 de octubre de 2001 un comandante de cuyo nombre no quiero acordarme, fue recibido por la Reina Isabel II dentro del contexto de un viaje en el cual se visitaron otros países europeos. El regalo que se obsequió fue un cuadro del Salto Ángel con unas guacamayas, lo cual fue irreprochable. El problema se presentó cuando luego del estrechón de manos el comandante abrió los brazos para abrazar a la reina. El árbitro enseguida pitó el penalti, pero él no lo oyó porque sencillamente no tenía el entrenamiento necesario.
La reina lo oyó y aunque internamente dio un salto que ni Yulimar Rojas, externamente apenas se movió un poco para atrás y lo miró inconmovible siempre sonriendo como si nada. Y es que invadir el espacio de otra persona se considera una agresión y manipulación terrible. Estar al tanto de esto forma parte de la educación que se le imparte a los niños cuando son pequeños porque según grandes educadores y ponemos como ejemplo a María Montessori, la infancia es el primer período de desarrollo humano y el más importante. Por ende, la educación debe iniciarse en la niñez y siempre dentro de un contexto de afecto. Esas semillas quedarán ahí por siempre.
La falta de estas semillas trae consecuencias inesperadas en la adultez. En el 2008 Venezuela mandó para el Banco Central de Londres 31 toneladas de oro. Y ahí, hasta donde sabemos, están todavía. Se pidió su devolución varias veces hasta que incluso el asunto llegó a tribunales. La razón oficial para no devolverlo fue el reconocimiento del gobierno interino. Pero la posible verdad detrás de esta negativa pudiera ser ¡un abrazo fallido!
Ese asunto de la educación básica que se recibe en la primera infancia no deja de ser actual y, a primera vista, parece algo injusto porque realmente a menos que le otorguemos veracidad al mito de Er, el famoso soldado al que desde una nubecita se le dio facultad para escoger cómo y dónde reencarnar, uno aterriza a donde le lleve la cigüeña. Y es un asunto que se presenta a menudo como éste que veremos a continuación, ¡otra vez en la Corte Inglesa!
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Se trata de un enredo que no deja ni un día de aparecer en las redes. Y la persona que ha causado tanto revuelo es Meghan Markle, la esposa del príncipe Harry, quién amargada por la recepción que tuvo, no deja de victimizarse, hasta hizo una serie que se puede ver por Netflix, relatando que fue maltratada por ser de color cuando la verdad es que a ella le faltó lo que los alemanes llaman Kinderstube que no es otra cosa que educación, aquello que le dan a uno cuando pequeño y es casi imposible adquirirlo después. En ninguna ciudad europea vimos como en Londres caminar por ahí una blanca abrazada de su negrito o un negro «buceando» a su blanquita.
Cierto es que ahora explotó esta batalla de Meghan contra la monarquía inglesa y ya veremos si ella logra humillarla o destruirla como quizás se propuso desde el comienzo. La abogada Jenna Ellis, ferviente republicana y admiradora de Trump, dijo en un tuit que ella es una cringe (miserable) y Harry también. La pareja perfecta.
Aglaya Kinzbruner es narradora y cronista venezolana.
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