Misión Cantv, por Teodoro Petkoff

El tema de las nacionalizaciones no es para nosotros los venezolanos cuestión de debate ideológico. Es, más bien, un asunto práctico. Hemos vivido demasiados años de nuestra vida con un Estado propietario de centenares de empresas como para que sintamos ahora reivindicada nuestra fibra patriótica con las nacionalizaciones de Cantv y de La Electricidad de Caracas. Aquí los únicos que creen que está dándose un paso revolucionario son los ultrosos de siempre y los nuevos sacerdotes ideológicos del “proceso”, que operan desde el Anauco Hilton.
La Cantv fue estatal hasta 1991 y era una basura. Había que esperar hasta diez minutos para obtener el tono de discar y un día para lograr una llamada internacional. En todo el país, con excepción de Margarita, Valencia, Barquisimeto y Ciudad Bolívar, la distribución de electricidad corre por cuenta de la estatal Cadafe y peor, imposible. Se vive de alumbrón en alumbrón. Sidor fue estatal hasta 1997 y sobrevivía por la respiración boca a boca que le daban las finanzas públicas. Igual que las empresas del aluminio, que nunca han dejado de ser estatales y cuyas pérdidas las cubre el fisco. Aquí tuvimos líneas aéreas estatales viviendo del fisco; el Estado era también hotelero, dueño de centrales azucareros, de emisoras de radio, de bancos (dígame ese pobre Banco Industrial, eternamente saqueado por sus directivos), etc., etc. De modo que aquí no tenemos razones para sentirnos frente a una suerte de gran novedad cuando nos hablan de nacionalizaciones.
Estamos demasiado acostumbrados a las empresas estatales y a su pésimo servicio, así como a sus frecuentes escándalos de corrupción.
La única empresa estatal que ha funcionado bien es Pdvsa, pero el chavismo ya está acabando con ella. Sólo los altísimos precios del petróleo disimulan su caótica situación. Y ya no pueden culpar al paro del actual desastre. Y aquí está precisamente el nudo de la cuestión. Si estos gobernantes (merecedores del Premio Nobel de Química, porque todo lo que tocan lo vuelven mierda), se las han arreglado para desvencijar a Pdvsa, ¿qué se puede esperar de la Cantv y de Elecar, ahora en las mismas manos?
¿Comenzaremos a vivir, también en Caracas, de alumbrón en alumbrón? ¿Podrán con la telefonía de punta que hoy tenemos, los mismos inútiles que tras fracasar en los intentos de construir el nuevo viaducto de la autopista a La Guaira con los recursos del Minfra, tuvieron que recurrir a una constructora privada para salir del brete? El asunto es, pues, práctico, no ideológico. Uno oye a Yo-El-Supremo ofreciendo maravillas telefónicas y desea que ojalá sea así, pero basta con acordarse de los niños de la calle, del parque en La Carlota, de la carretera a Macuro, de las 200 mil viviendas anuales, de los “saraos”, de los “fundos zamoranos”, de la lucha implacable contra la corrupción, de la reconstrucción de Vargas, y de tantas otras engañifas por el estilo, para darse cuenta de que es el mismo gamelote de siempre. Dios quiera que dentro de poco no estemos comunicándonos con señales de humo.