Nuestro río Esequibo, por Rafael A. Sanabria M.

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Primero el suelo nativo que nada.
Nuestra vida no es otra cosa que la herencia de nuestro país
Simón Bolívar
La provincia de Guayana fue una sola, incluida Trinidad. Su límite este era el Esequibo que la separaba de los territorios coloniales holandeses. En 1729, Guayana pasó a depender de Cumaná y Trinidad quedó sola.
En 1814 Gran Bretaña tomó posesión de los territorios holandeses, constituyéndose la Guayana Inglesa a partir de 1831. Desde el comienzo hubo una política inglesa de truhanería, infiltrando colonos en territorio venezolano, conjugado esto con la desidia de nuestro lado.
Venezuela reclamó e inició negociaciones en 1844. Por Venezuela, Alejo Fortique propuso el reconocimiento del Esequibo como línea divisoria, con documentos demostrativos de que habían formado parte de la antigua provincia de Guayana.
Los ingleses propusieron que la línea fronteriza se iniciara en la boca del río Moroco y continuara por los ríos Barama y Aunama, al oeste del Esequibo, lo que no fue aceptado por el gobierno venezolano (quizá fue un error).
Las negociaciones se paralizaron y los ingleses continuaron ocupando territorios buscando alcanzar las bocas del Orinoco y el Caroní. Se reanudaron negociaciones en 1876 con nuevas exigencias inglesas, se negaron a discutir las proposiciones venezolanas y a la vez establecían puestos avanzados en nuestro territorio. Venezuela rompió relaciones diplomáticas con Gran Bretaña y apeló a Estados Unidos, quienes propusieron un tribunal de arbitraje. Mas en este no hubo ningún venezolano, aunque sí había británicos. La primera regla usada: “Buen título la posesión efectiva de tierras durante cincuenta años” era la más conveniente a Inglaterra.
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El fallo que se dio en París en octubre de 1899 fue totalmente adverso a Venezuela, quitándonos gran extensión de costas y consagrando el despojo de más de 100.000 Km2. El tribunal fue una farsa donde los ingleses presentaron mapas adulterados y al final ellos mismos dictaron la línea fronteriza. El tribunal dictó su fallo sin tomar en cuenta las reglas convenidas, como el principio del utis possidetis juris, base histórica de la posición venezolana.
Por tantos vicios ni el pueblo ni el gobierno de Venezuela han aceptado nunca sus estipulaciones. La posición venezolana es que el Laudo Arbitral de 1899 es nulo e írrito y exigimos reparación.
Venezuela e Inglaterra, en consulta con las autoridades de Guayana Inglesa (aún era colonia), firmaron en 1966 un tratado: el Acuerdo de Ginebra. Se estableció una comisión mixta que debía funcionar cuatro años y presentar informes cada seis meses. Si en cuatro años no se llegaba a una solución, la controversia debía solucionarse en lo previsto por la Carta de Naciones Unidas.
El Acuerdo de Ginebra fue aprobado y pasó a ser ley de la República y base de la reclamación venezolana. Posteriormente, Guayana Británica, ya constituida en la República Cooperativa de Guyana, evadía la negociación y obstaculizaba gestiones que debían conducir a un arreglo amistoso.
Guyana se proponía aplicar el acuerdo, sin embargo, el gobierno nacional consideraba que no era el momento adecuado. Así, negoció y suscribió con Guyana, en junio de 1970, el Protocolo de Puerto España, por el cual se suspendió por 12 años el Acuerdo de Ginebra (creo que darle largas favorece la posición de Guyana).
En 1981, después de 11 años de aplicación del protocolo, el Presidente tomó la decisión de no aplicarlo más a partir del 18 de junio de 1982, fecha de su vencimiento. Así, la reclamación volvió a regirse por el Acuerdo de Ginebra.
El tema requiere la atención de todos, sin importar ideologías ni tendencias políticas. Cada ciudadano que diga ser venezolano debe apoyar la justa reclamación nuestra: la devolución del territorio que en derecho nos pertenece y del cual fuimos despojados arbitrariamente.
Esta usurpación es remanente del colonialismo y de la consigna “divide y vencerás”, donde la potencia causa un problema y lo deja para que los vecinos peleen entre ellos.
Nota: un amigo me dice que no hay solución ni por la razón ni por la fuerza, pero sí “por la audacia”. Él propone que nos unamos a Guyana, creando un nuevo estado federal, parlamentario (conformado por seis estados venezolanos y dos guyaneses), bilingüe, con nueva capital hacia el oriente del país, dando la chispa para la expansión y renovación venezolana. Convirtiéndose el Esequibo (y la crisis actual) ya no en “el límite final” sino en el comienzo de una nueva Venezuela. La consigna de respuesta es “unámonos y vencemos”.
Rafael Sanabria es Profesor. Cronista de El Consejo (Aragua).
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