Proactividad para superar las pruebas de fuego, por David Somoza Mosquera

Mail: @DavidParedes861
Hay momentos en los que improvisar no está de más. En la música y en el arte es elogiada y aplaudida. Sin embargo, en el mundo de los negocios debe ser la excepción y no la regla. La improvisación no es la mejor opción si se busca una gestión eficiente y tampoco es la respuesta más adecuada para los problemas que se presenten.
Esto ha llevado a que las compañías busquen constantemente mejorar sus procesos internos para optimizar los resultados. Un cambio de paradigma orientado en esa dirección ha sido el paso de ser reactivo a proactivo y esto aplica no solo al personal, sino también a las empresas.
La improvisación forma parte, precisamente, de la acción reactiva que se debe evitar a toda costa en las compañías. Se caracteriza por ser una respuesta instintiva, sin pensar, que puede agudizar aún más el problema y no darle la solución que requiere.
Para llevarlo al plano empresarial, un empleado reactivo es aquel que está más preocupada por su entorno. Su respuesta ante cualquier situación adversa suele ser: «Lo voy a intentar». Incluso, le da vueltas al asunto a la espera de que la solución llegue por sí sola o que “algo” ocurra. Solo después de que el hecho sucede toma acción.
Del lado opuesto está la proactividad y es justo lo que se necesita para sacar un negocio adelante. Es la cualidad de tener iniciativa propia y responder, en consecuencia, de manera adecuada frente a algunas situaciones. Aquí no se trata de “intentarlo”, sino de actuar sin rodeos.
Los empleados proactivos crean oportunidades propias en lugar de solo reaccionar a estímulos, lo que, sin duda, contribuye a impulsar a las empresas. Su rasgo distintivo es que proponen, asumen riesgos –que previamente han sopesado y analizado– y muestran madurez y agilidad en el abordaje y solución de los problemas. Esto es, en resumidas cuentas, un buen desempeño que evidencia su identificación plena con los objetivos empresariales.
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Pero no se trata solo de contar con un personal proactivo. Como mencioné antes, la proactividad también aplica para las compañías, las cuales no deben esperar a que las cosas pasen para reaccionar a ellas. En la lista de prioridades debería estar incluido formular, con cierta periodicidad, preguntas como estas: ¿Mi empresa está preparada para afrontar tal o cual contingencia? ¿Qué deberíamos hacer para salir bien librados ante este o aquel hecho?
Las crisis o situaciones que se salen de la normalidad constituyen una amenaza constante y no está demás que las empresas lo tengan presente. Es importante que desarrollen mecanismos para enfrentar las contingencias en todas sus etapas: cuando se susciten, durante la misma y después.
Las compañías proactivas actúan con serenidad y claridad frente a los acontecimientos con base en una metodología que incluye pasos de acción: predecir lo que va a suceder, planificar las acciones a implementar, construir las diferentes alternativas para resolver situaciones y, lo más importante, ponerlas en práctica.
Una prueba de fuego reciente sobre la efectividad de ser proactivo es el abordaje que han hecho las empresas en lo que respecta al impacto que ha tenido el covid-19 sobre sus negocios.
Sin embargo, esto no concluye allí. Otras pruebas de fuego volverán a aparecer en el camino, así que las compañías requieren estar preparadas y capacitadas para prevenir que se conviertan en una calamidad.
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