Putin y el expansionismo imperial ruso, por José R. López Padrino

Twitter: @jrlopezpadrino
Tras más de 31 años del desplome de la Unión Soviética, la Rusia de Putin ha decidido restablecer sus fronteras en el marco de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Bajo la excusa de asegurar su propia seguridad y de una vecindad apropiada, promueve la ampliación de sus fronteras como única solución de supervivencia.
Putin parece inspirarse en las ideas expansionistas de la Rusia postsoviética de Dughin (The Essentials of Geopolitics 1997) y Ziuganov (The Geography of Victory. Introduction to Russias Geopolitics, 1999). Dughin desarrolló sus ideas con base al concepto de los radios abiertos, los cuales según el autor partirían desde Moscú hacia la periferia y cuya proyección territorial no se detendrían en las actuales fronteras rusas, sino que podrían extenderse a los países vecinos o inclusive ir más allá adentrándose en países bajo la influencia de la alianza atlántica (OTAN). Por su parte Ziuganov insiste que la URSS constituyó una forma geopolítica natural de la Rusia histórica, y que las actuales fronteras son artificiales impuestas por los países del Occidente.
Es evidente que las agresiones emprendidas por el jerarca ruso Putin en Georgia 2008, Crimea 2014, Ucrania 2014 y más recientemente la nueva agresión contra Ucrania en 2021 representan demostraciones del expansionismo ruso, y el deseo de recuperar los territorios de la extinta URSS. No olvidemos que Putin ha considerado la extinción de la URSS como la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX y ha lamentado la pérdida de Ucrania y otras repúblicas con el colapso de la URSS.
El Zar del siglo XXI ha justificado la feroz invasión a Ucrania alegando el fracaso de las gestiones diplomáticas y la necesidad de proteger a los ciudadanos rusos-parlantes en las regiones separatistas de Donetsk y Luhansk. La guerra total que libra Rusia en suelo ucraniano, es muy distinta de la acción militar rápida y aséptica de la que habló Putin. La agresión lejos de “desmilitarizar y desnazificar a Ucrania”, ha provocado el asesinato de miles de indefensos ciudadanos, la destrucción de hospitales, centros docentes y zonas residenciales, y propiciado el desmembramiento territorial de Ucrania.
El recreador del imperio soviético ha desencadenado la peor catástrofe humanitaria en la historia reciente de Europa. Según la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur) el número de refugiados que han huido de Ucrania ya superó los 2,5 millones (12/03/22). La feroz ofensiva de Putin busca un cambio de gobierno y anexión de territorios ucranianos a la Rusia imperial, como ya lo hizo con Crimea en el 2014.
Lamentablemente la reacción de las democracias europeas y de los Estados Unidos ha sido timorata y permisiva frente a la invasión rusa. Alentaron por muchos años la europeización y democratización de Ucrania, le generaron falsas expectativas sobre su incorporación a la comunidad europea y la OTAN, para luego sacrificarla ante la política expansionista del Kremlin.
La carencia de una voluntad política (ingreso a la comunidad económica europea), la incapacidad de aprobar decisiones necesarias de carácter militar (el establecimiento de una zona de exclusión aérea, la entrega de aviones de combate) presagia un trágico y sangriento final del país eslavo.
Las sanciones económicas (energéticas) más importantes impuestas por el gobierno norteamericano y naciones europeas a la Rusia de Putin son inviables. La dependencia de gran parte de Europa del gas y el petróleo ruso hacen que las mismas sean más perjudiciales a los países centroeuropeos que las aplican que a la propia Rusia (auto sanciones). Mas allá de la novelería infamativa, es muy probable que el déspota del siglo XXI sobreviva a las sanciones económicas, conquiste y se anexe a Ucrania y continúe en su afán de reconstruir el pasado imperial soviético, el cual no se detendrá en las fronteras ucranianas como muchos ilusos piensan.
La invasión rusa a Ucrania es tan grave y condenable como lo fueron la invasión de las tropas soviéticas a Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968) y de las norteamericanas a Panamá (1989), Granada (1983) e Irak (2003) por mencionar solo algunas. No hay invasiones buenas y malas, todas son malditas pues son sangrientas y atentan contra la libre determinación de los pueblos.
Los países del mundo contemplan pasivamente como las tropas rusas exterminan al pueblo ucraniano que clama desesperadamente por ayuda.
José Rafael López Padrino es Médico cirujano en la UNAM. Doctorado de la Clínica Mayo-Minnesota University.
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