¿Sin salida?, por Teodoro Petkoff

¿Qué es una negociación? La pregunta no es tan boba como parece, habida cuenta de algunos criterios que se escuchan a propósito de la Mesa de Negociación y Acuerdos. Una negociación no es para que una de las partes en conflicto se rinda ante la otra. Nadie puede pretender lograr mediante acuerdos lo que no pueda alcanzar en el campo de batalla. Los contrincantes se sientan a negociar cuando comprueban que en el campo de batalla ninguno de los dos ha podido vencer al otro. Por supuesto, mientras se dialoga, a menos que las partes convengan en suspensiones temporales de las hostilidades, estas continúan. En El Salvador, gobierno e insurgentes negociaron durante 22 meses, mientras en las montañas la guerra seguía. En Vietnam, invasores e invadidos se sentaron en una mesa durante 18 meses, mientras la acción bélica se mantenía furiosamente. En estos dos casos las negociaciones concluyeron en acuerdos que pusieron fin a las respectivas guerras. En Colombia, gobierno y guerrillas negociaron durante casi tres años, mientras continuaban las operaciones militares de lado y lado. En este caso, como se sabe no hubo acuerdos y se levantaron las negociaciones. En nuestro caso, Gobierno y Oposición se sentaron a negociar en noviembre pasado porque ninguna de las dos partes había logrado imponer su voluntad a la otra en el «campo de batalla». Pero, hay que meterse en la cabeza que la salida es negociada o no es salida. Durante el proceso, ambos lados han mantenido las «hostilidades» (marchas, concentraciones, cuñas políticas, lenguaje intolerante y ofensivo, violencia policial y parapolicial, acusaciones mutuas de toda clase de delitos, utilización de instituciones del Estado para fines propios, etc., etc.). Por lo general, las negociaciones siempre se desarrollan en escenarios como estos. Basta con ver lo que ocurre entre palestinos e israelíes. Se matan mutuamente pero no abandonan las negociaciones. Entre nosotros, además, apenas iniciado el proceso de diálogo la oposición lanzó una suerte de «ofensiva final»: el paro. A estas alturas podría uno preguntarse si este ha alcanzado sus objetivos, pero este es otro tema. Lo cierto del caso, es que la Mesa ha sobrevivido tanto al paro como a la reticencia del gobierno a negociar. Si aceptamos que es en ella donde se puede fraguar una solución, la desesperación y la decepción podrían dejar de ser el signo de los tiempos. Hasta ahora ninguna de las partes ha colocado sobre la mesa proposiciones concretas para negociar a partir de ellas. Sólo se discute sobre conceptos generales (adelanto de elecciones, referendo revocatorio), pero hasta ahora no se ha entrado en el estudio de nada específico. Jimmy Carter ha presentado dos proyectos que materializan aquellos conceptos generales. Nadie en su sano juicio puede imaginar que se trata de un «tómelo o déjelo», sino de un punto de partida para que los negociadores busquen a partir de esas ideas alguna solución que convenga a ambas partes. De hecho, lo que se acuerde, al final, podría tener poco que ver, en sus detalles, con lo presentado por Carter. Este simplemente habría proporcionado a la Mesa dos temas concretos alrededor de los cuales debatir.
Puesto que para la oposición el tema es cómo «salir de Chávez», no debería esperar que el gobierno le presente ideas al respecto. Es ella la que debe hacerlo. Pero, puesto que «salir de un gobierno» es una opción constitucionalmente establecida, gobierno y oposición sí podrían acordarse en torno a las modalidades del procedimiento constitucional para tal fin. Podrían alcanzar, por ejemplo, un acuerdo para elegir el CNE en la Asamblea Nacional, obviando los procedimientos constitucionales (previstos para tiempos menos difíciles que estos) como el de «comité de postulaciones», y haciéndolo por consenso entre las partes en el parlamento. Podrían alcanzar un acuerdo para poner fechas fijas a cualquiera de las modalidades que se decida utilizar para que el soberano se pronuncie. El gobierno no va a hacer campaña a favor de una enmienda que le recorte el período, por ejemplo, o de un referéndum revocatorio (de hecho habrá dos campañas: una a favor y otra en contra; es lo democrático) pero sí puede comprometerse, con verificación internacional, a respetar el resultado y a no obstaculizar la implementación práctica de la consulta electoral. Además, tal como Carter lo sugiere, hay que buscarle una salida negociada al paro petrolero, que es la piedra de tranca de todo esto y que contra todas las cobas que Chávez metió ayer al respecto, la industria no puede recuperarse sin el concurso de los miles de trabajadores en paro. Mientras se discute, podría incluso, estudiarse una suerte de suspensión temporal de aquellas «hostilidades» anteriormente mencionadas, para darle aire a la Mesa y al Grupo de Amigos y reducir la conflictividad. Ya está visto que ambas partes se movilizan en un dos por tres y que poseen recursos para la lucha, así que una «tregua» no desmoviliza a nadie. Pero sería una manera de darle un chance a la paz. Porque sí hay salida, pero dejando el atore.