Villegas: Maduro no le tiene miedo a la Operación Gedeón, pero sí al voto masivo

A Vladimir Villegas su salida de Globovisión no le tomó por sorpresa. La atribuye a una petición de Nicolás Maduro, a quien ve cada vez más sensible a cualquier crítica. Cree que ni el Gobierno ni la oposición han asumido la negociación con seriedad, porque cada sector quiere aplastar al otro, pero estima que es quien controla Miraflores el mayor responsable de que los acuerdos no se hayan logrado
Xabier Coscojuela @xabiercosco
«Nicolás Maduro no le tiene miedo a la Operación Gedeón, ni a la revolución de los cambures verdes, pero si al voto masivo», afirma Vladimir Villegas, quien estima que Maduro es el jefe del extremismo chavista, y si no es su rehén, lo que es malo para el país porque le impide dar el giro político que Venezuela reclama.
Al enfermarse Hugo Chávez, Villegas pensó que Maduro era su sustituto natural, pues venía del mundo sindical, había sido dirigente de los barrios de Caracas, constituyente, parlamentario y canciller, posiciones todas ellas donde el diálogo y la negociación son herramientas indispensables para tener éxito.
Periodista y político, político y periodista, Villegas se desdobla con facilidad en ambas facetas y desde cualquiera de las dos aboga por el entendimiento entre las partes en Venezuela. Es partidario de participar en elecciones, en las condiciones que sean, agregando que la movilización electoral es en la que más ciudadanos participan y la que menos riesgo para la población implica.
La salida de Globovisión no lo tomó por sorpresa. Villegas la atribuye a una petición de Nicolás Maduro, a quien ve cada vez más sensible a cualquier crítica. Cree que ni el Gobierno ni la oposición han asumido la negociación con seriedad, porque cada sector quiere aplastar al otro, pero estima que es quien controla Miraflores el mayor responsable de que los acuerdos no se hayan logrado.
Petición de Nicolás Maduro
-¿Nicolás Maduro fue quien exigió tu salida del canal?
–Esa es la información que yo tengo.
-¿Cuál sería la razón para esa exigencia?
–Bueno, la razón habría que preguntárselo a él, en definitiva, pero yo puedo tener varias opciones para responderte eso, una de ellas que quizás su hipersensibilidad lo llevo a imponer esa decisión producto de las críticas que yo he venido haciendo a su gobierno. Mi comentario de todos los lunes, que me imagino que generaron mucho descontento, porque allí he señalado todo el desastre en el cual estamos.
Pero además, el hecho de que yo no quise entrevistar al diputado Luis Parra en el Palacio Federal Legislativo, como era el deseo del Gobierno. No sé si la entrevista con James Story, Encargado de Negocios de Estados Unidos para Venezuela, que lo hice para mis redes sociales.
–¿Ya había habido antes presiones y habías sentido que el río sonaba en esa dirección?
-Mira, vamos a decir que no expresamente, pero sí tenía la sensación de que eso podía pasar, porque los niveles de intolerancia del Gobierno hacia la crítica eran cada vez mayores. Para mí no fue ninguna sorpresa que esto ocurriera.
Ahora viene lo curioso de todo es que se produce en el contexto de la salida de Directv, lo que afecta a mi programa. Inmediatamente después, se da la decisión de reconocer a Parra como presidente de la Asamblea Nacional, preparando el terreno para unas elecciones. Y resulta que Vladimir a la Una era un espacio en el cual tenía cabida buena parte de la oposición.
Evidentemente preparar unas elecciones con espacios como Vladimir a la Una fuera del aire también creo que podría servir a los objetivos electorales del Gobierno. Pueden ser muchos factores los que llevaron al Gobierno a pedir mi cabeza.
-¿Crees que la directiva del canal resistió esas presiones o cedió rápidamente?
-No fue la primera oportunidad que se planteó eso por lo que conversé con ellos. En todo caso, creo que no tenían otra opción. Como no tiene ninguna opción aquí una emisora de radio o televisión, cuando le piden la cabeza de alguien, podemos tener decenas de ejemplo al respecto. Sabemos que la lucha entre los medios y el Gobierno es una lucha absolutamente desigual, frente a lo cual los medios tienen muchas veces que bajar la cabeza porque la fuerza del Gobierno es demasiado grande. Eso lo hemos visto con el tema del papel, con las concesiones radiales, con las emisoras que sacan del aire o los procedimientos administrativos.
-Acabas de decir que la sensibilidad de Maduro está creciendo. Pero a qué atribuyes que haya crecido esa sensibilidad si pareciera sentirse cómodo ejerciendo la presidencia
-Sí, pero sabe que la crisis social que tenemos es demasiado grande. Por ejemplo, cuando los ministros hablan del coronavirus, no permiten rueda de prensa, no permitan que haya preguntas. Y bueno, sabemos que hay instrucciones de bajarle volumen a voces críticas en esta materia.
De hecho, hemos visto cómo se ha criminalizado a periodistas, se les ha detenido, se les ha abierto procedimientos judiciales, incluso también miembros del gremio médico han sufrido estas situaciones producto precisamente de que el Gobierno quiere que el tapaboca que tenemos hoy para el coronavirus sea algo permanente para no criticarlo y para no hurgar en su gestión.
Creo yo que al sacar del aire programas como el mío, se le intenta bajar el volumen a quienes creemos que debe haber una política distinta a la que te llevas en la oposición. Maduro no le tiene miedo a la Operación Gedeón. Maduro no le tiene miedo a la revolución de los cambures verdes. Maduro tiene miedo a una elección convocada incluso en condiciones de máxima desigualdad, en la cual toda la oposición llame a votar, porque él es el verdadero blanco débil del Gobierno. La posibilidad es que haya en un momento una decisión política de ir a votar como sea. Así como él decía que ganaba como sea, habría que votar como sea.
Facturas pendientes
-Tu salida del programa permitió a algunas personas cobrar facturas pendientes que te tenían a ti. ¿Qué opinas tú de eso?
-Mira parte de la miseria en la cual nadamos, hemos visto como algunas colegas son capaces de crear una versión siguiendo las órdenes de laboratorios estos que vienen destruyendo gente hace tiempo, una versión que de paso ayuda al Gobierno, según la cual todo es una treta para yo ser miembro del Consejo Nacional Electoral y que esto es una jugada cuadrada con Maduro, imagínate tú, para qué yo entonces me presenté como independiente y me aclamen como presidente del CNE. ¡Vaya estupidez!
Ahora el culpable yo soy yo, no el Gobierno, que fue el que presionó por ello. Igual repiten eso sin ninguna prueba, sin ningún elemento, digamos, de veracidad. Simplemente por el ánimo de destruir, como le hicieron a Edgar Zambrano cuando estuvo preso, que dijeron que era colaboracionista del régimen. Cómo se lo han hecho a Capriles. Como lo hicieron a Henri Falcón de quien llegaron a decir que iba a ser vicepresidente de Maduro.
Es decir, aquí han inventado versiones similares a mucha gente, sobre todo a quienes discrepan de la ruta extremista. Y entonces los laboratorios del extremismo terminan dándole la mano al Gobierno. Digo que extremismo rima con colaboracionismo.
-Pero también te señalan que tú le negaste el derecho a réplica a Elinor Montes cuando eras presidente de VTV y que también te prestaste por montar una acusación falsa contra Carlos Melo ¿Qué dices a estos señalamientos?
-Con respecto a lo de Elinor Montes, ha dicho su hermana que yo supuestamente salí a justificar la agresión contra ella, yo quisiera ver ese video. Te voy a decir que no recibí ni de llamada ni por escrito ninguna solicitud del derecho a réplica. .
Con respecto a Carlos Melo, esos asuntos los conversé con él siendo presidente de VTV. Efectivamente se transmitieron estas imágenes y nosotros clarificamos, cara a cara, todo lo que tiene que ver con eso.
La orden de que eso saliera al aire no la di yo. Quizá en ese momento debí salir a protestar por eso y hasta irme del canal. A lo mejor era lo que tocaba en ese momento. Puedes preguntarle al respecto a Carlos Melo, a quien además conoces. Habrá gente que guarda sus rencores y es perfectamente comprensible.
-¿Cuando tú fuiste presidente de ese canal no estaba ya al servicio del PSUV?
-Mira, pues te puedo decir que durante mi gestión, precisamente yo creo que fue el momento de más apertura que tuvo este canal. Por allí pasaron Julio Borges, Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez y otros dirigentes de la oposición. Incluso el presidente Chávez tuvo diálogos con Teodoro y Pompeyo.
Quizás fue el de mayor apertura aún en medio de la llamada guerra mediática, porque efectivamente había una confrontación en la cual Venezolana de Televisión estaba al servicio del chavismo y Globovisión era el vocero de la Coordinadora Democrática y todo el mundo sabe cuál fue la línea política que emanaba de allí, y muchos dirigentes políticos con quienes uno conversa recuerdan como allí se vetaba a quienes no siguieran ciertas instrucciones con respecto a la línea política. Y de eso hay muchísimos testimonios que tú puedes corroborar.
Ahora, evidentemente en ese momento de guerra mediática, a mí me hizo una entrevista una periodista de El Nacional sobre este punto y yo recuerdo que le dije: Mira, no se le puede pedir equilibrio exclusivamente al Canal 8, y ella, manipulando la información, puso como titular: No se le puede pedir equilibrio al Canal 8. Tan es así, tengo ese documento guardado, que El Nacional tuvo que publicar una carta mía quejándose por la manipulación, porque una cosa es una cosa y otra es otra cosa.
Se equivocó con Nicolás Maduro
-Una buena parte del país vio el autoritarismo del chavismo desde el primer día. ¿Por qué crees que te costó esos años a ti darte cuenta de ese rasgo?
-Bueno, mira, porque a lo mejor hay unos que son más inteligentes que yo, lo vieron antes que yo. Ahora, fíjate, hay mucha gente que ha visto los rasgos autoritarios del chavismo mucho tiempo después que yo se los vi y a lo mejor es que yo soy más inteligente que ellos o que cada quien vive su propio proceso.
También ocurre que dentro de los procesos políticos, los partidos, los gobiernos hay evaluaciones, cada quien de repente da una lucha dentro del gobierno para tratar de evitar cierta tendencias autoritarias y al final es derrotado. Eso puede pasar. Y yo llegué a la conclusión en el 2007 que debía salir del Gobierno cuando se hizo una reforma constitucional con la cual no estaba de acuerdo, y siendo vicecanciller yo declare en contra de esto.
-Conoces a Nicolás Maduro desde el liceo. ¿Pensaste que podría ser un presidente que buscara entenderse con quienes le hacen oposición? ¿Pensaste que su ADN democrático era algo más sólido?
– Ahí me equivoqué también. Cuando Chávez estaba grave me hicieron varias entrevistas y me preguntaron quién consideraba que podía ser la persona ideal para sustituirlo. Por supuesto que dije que era Nicolás Maduro por varias razones. Primero, Maduro venía del movimiento sindical. Segundo, había sido dirigente estudiantil. Tercero, era un dirigente social de las barriadas caraqueñas, el más buscado en Caracas después de Freddy Bernal, en tiempos de Caldera II.
Cuarto, fue parlamentario, fue presidente de la Asamblea Nacional, fue canciller. Imagínate, fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente. Redactó junto a muchos de nosotros la Constitución del 99. Bueno en el papel, así como cuando uno lee la Gaceta Hípica ve qué ejemplar podría ganar, una llave, una fija, yo pensé que tenía las condiciones para dar este viraje. Por eso lo preferí antes a otros ante otros líderes del chavismo. Pero resulta que todas esas condiciones, todas las cualidades que tenía en el papel, al final se quedaron en el aparato cuando se dio la partida y entonces comenzó a gobernar de una manera absolutamente desconcertante, como lo hemos visto hasta ahora. Pero yo sí creía que reunía esas condiciones, como mucha gente también lo creyó y, cuidado, si hasta el mismo Chávez pensó que él era la figura para impedir que su proyecto político se fuera por el despeñadero.
-¿Crees que en el Gobierno hay personas que consideran necesario un entendimiento con la oposición?
– Yo creo que sí las hay. Lo que pasa es que no tienen la suficiente fuerza, y a lo mejor el suficiente coraje para insistir en ello. El Gobierno ha visto el diálogo como una forma de correr la arruga y quedarse en el poder y ganar tiempo. Ni para el Gobierno, ni para quienes han negociado por parte de la oposición, la negociación ha sido el plan A. Es el plan B, el C o el D. Porque el primer plan de cada uno de ellos es aplastar al otro.
Evidentemente, eso no puede traer resultado. Claro el que pone la música en esta fiesta, el DJ de esta fiesta, bueno si a este desastre se le puede llamar fiesta, es el presidente de la República, y el DJ qué ha hecho: burlarse del diálogo, hacer ofrecimientos que no cumple, darle largas al asunto y cuando hay que llegar a acuerdos, pues no llega. Al Gobierno le gusta dialogar, lo que no le gusta es llegar a un acuerdo y mucho menos cumplirlo. Es el problema que tenemos en Venezuela y allí está la mesita.
Yo participé en una experiencia de diálogo, de la primera experiencia que hubo y, por cierto, fuimos crucificados Lorenzo Mendoza, Jorge Roig, Hirán Gaviria, Pedro Pablo Fernández, Henri Falcón, por haber asistido, y después los mismos factores que nos crucificaron terminaron sentados allí, y al final eso se tradujo también en otra frustración más, porque con el Gobierno no es que hay que esperar que él quiera, hay que crear las condiciones para que se vea obligado a ello, y eso pasa por una organización fuerte y por aprovechar los espacios donde la oposición es fuerte para colocar al Gobierno en esa disyuntiva. Ese terreno donde la oposición es fuerte, lamentablemente o afortunadamente, es el terreno electoral, ver otras cosas es insistir en el error, en mi opinión.
La elección moviliza a la población
–El Gobierno comenzó el año asaltando la Asamblea Nacional y hace unos días el Tribunal Supremo de Justicia decidió que el presidente del Parlamento es Luis Parra, avalando ese asalto. Entonces, en el extremismo del lado del Gobierno está Nicolás Maduro.
-Pareciera ser jefe del extremismo, lamentablemente. Yo esperaba que no fuese así, pero hasta ahora todo indica que ha sido o, si no es el jefe, es rehén del extremismo, una de dos. Entonces, las dos cosas son graves, cualquiera de las dos es mala, porque en ambos casos estaría impedido de dar un giro político. Yo digo que el presidente es un secuestrado de sus propias ideas en este momento. De su manera de ver la política y también, por supuesto, hay sectores que en el Gobierno ven la política como la vía a través de la cual se puede aplastar al adversario y quedarse permanentemente en el poder, pero resulta que la vida es más complicada que eso. Por ahora esa política va ganando el juego, pero todo esto obliga a que los sectores democráticos del país reflexionen sobre tantos errores que han cometido y que han ayudado a ellos a actuar como han actuado, y avanzar como han avanzado.
– Acabas de decir que tú irías a una elección con cualquier condición o sin condiciones. En el 2015 la oposición fue a unas elecciones parlamentarias con el actual CNE aceptando las reglas y las ganó. ¿Tiene sentido votar cuando ese voto ha sido irrespetado durante estos cinco años?
¿Tiene sentido insistir en aventuras como la abstención del 2005, la Salida, lo ocurrido en 2017? Es decir, tiene sentido seguir una agenda que se ha traducido más bien en un retroceso. La oposición ganó la elección de 2015 y eso mostró la fuerza de la lucha electoral. Después vinieron otras cosas. Por ejemplo, el inmediatismo, creer que iban a sacar a Maduro en seis meses. Eso no quiere decir que el Gobierno haya tenido la intención de respetar a la Asamblea. Seguramente en su plan tenía hacer lo que hizo. Pero al final todo esto también se dio por los propios errores de la oposición, lo cual no exculpa al gobierno de sus responsabilidades
A lo que voy, la ruta electoral es una ruta de movilización. No hay hecho político que movilice más a la población que una elección, tú lo sabes porque has estado en eso. No hay manifestación más grande posible que la de un pueblo saliendo a votar y es, quizás, la de menos riesgo para la población. Es una cuestión que moviliza, que convoca a un espíritu democrático y es una fuerza a la cual no se puede renunciar.
Si se rechaza participar entonces cuál es el desiderátum, que el Gobierno agarre la Asamblea para sí, que gane todas las diputaciones y sigamos en esto y que se legitime por la vía de la abstención. A mí eso me parece un error. Es mi opinión y creo que esta reflexión está tomando mucho cuerpo y mucha fuerza en la oposición venezolana.
-Ya no hay Vladimir a la Una, ahora es Vladimir a la Carta, ¿qué más viene?
-Sí, es Vladimir a la Carta y a la hora que se pueda. Voy a seguir haciéndolo los domingos en la noche o los lunes en la mañana. A veces lo transmitimos en vivo, dependiendo de la calidad del Internet, que es terrible. Tengo en planes salir varias veces a la semana. Me estoy reorganizando, dejando que baje el vaporón para poder ver el panorama con claridad. Quiero seguir en mi profesión que es el periodismo, no me estoy entrenando para subir la rampa del CNE, sino para subir la cuesta que significa haber perdido un espacio tan importante. En eso ando.