¿Y los otros desaparecidos?, por Beltrán Vallejo

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Sobre el caso del profesor Carlos Lanz, no emitiré ninguna opinión; todo es tan truculento que prefiero no formar parte del océano de conjeturas que imperan actualmente; más aún después de lo transmitido por Tarek William Saab ante los medios de comunicación el pasado lunes 12 de los corrientes. En definitiva, no hay credibilidad.
Pero creo que es pertinente aprovechar la ocasión para llamar la atención sobre otras situaciones de desaparecidos; y me voy por un caso que ya va por 7 años, donde ha imperado el estancamiento investigativo, y con eso me refiero a la desaparición del luchador popular Alcedo Mora y de los hermanos Esneider y Eliézer Vergel. Como escribí, estas personas llevan siete años esfumadas, y por lo que se ve, para ellos no hay espectáculo televisivo a la vista.
Hay que resaltar que el señor Mora era un dirigente social militante del chavismo, y en el momento de su desaparición se encontraba realizando denuncias sobre hechos de corrupción vinculados al contrabando de gasolina; era en sí un connotado líder que acompañaba a las comunidades en sus luchas.
Así mismo, los hermanos Vergel, de nacionalidad colombiana, también desaparecieron en el 2015, y se vincula esos desaparecidos con el señor Mora, ya que trabajaban con él. Cabe resaltar que este caso fue llevado por Provea a instancias internacionales. Con el transcurso de los años, ha imperado un silencio y olvido mediático.
Otro de los casos de desaparecidos en alta mar tiene que ver con los cincos pescadores de la embarcación «Santo Amaro II», que no se ha sabido de ellos desde hace meses. Los familiares de Robinson Vargas, Francy Farías, Carlos Vallejos, Wilfredo Sánchez y José Rojas siguen clamando celeridad en las averiguaciones. Así mismo pasó con Richard Vásquez, Alejandro Salazar, Aníbal Salazar y José Gregorio Salazar, tripulantes de la embarcación «Zorro viejo», que zarpó desde Margarita el pasado 19 de abril.
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Esto sin hablar de los desaparecidos en los respectivos naufragios que salieron de Güiria rumbo a Trinidad y Tobago, situación acaecida un par de años atrás, y donde incluso salió a relucir la participación de mafias de tráfico ilegal de personas. Es decir, el mar caribe es para los venezolanos un espacio de misteriosas desapariciones que han llenado de angustia y zozobra a decenas de hogares, y ante eso predomina la ineficiencia y la ineficacia del Estado. Aquí tampoco hay televisión de por medio.
El territorio nacional infectado de desaparecidos se encuentra al sur del Estado Bolívar, donde del 2012 al 2021 se han contabilizado más de 100 desaparecidos; sólo en el año pasado desaparecieron 35 personas. La problemática de los migrantes internos en las zonas del Arco Minero forman parte del horroroso clima de violencia que se vive en medio de las tareas de extracción de minerales, la cruenta contaminación de los ríos, el contrabando de todo tipo, la explotación laboral y el abuso sexual; eso por allá es tierra de nadie.
Y lo reciente es lo que viene documentando la ONG FundaRedes, y que es alarmante: la desaparición en lo que va de año de 96 personas en los estados fronterizos, y de esa cifra hay unos 14 menores de edad, entre niños y adolescentes desaparecidos, y se teme que en especial los niños estén siendo usados por grupos armados y las niñas para explotación sexual por parte de esos grupos.
Aquí están las otras caras de los desaparecidos. Esos casos son la más fiel expresión de que estamos viviendo en un país donde la vida no vale nada, nadita. ¡Encuéntrenlos!
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