Y… por qué no, dejar una huella, por David Somoza Mosquera

Sorprendente. Cerca de 67.200.000 resultados ofrece Google luego de rastrear la palabra “liderazgo”. Efectivamente, en Internet existe una infinidad de información sobre este tema, abordado desde diferentes aristas y, al final, uno termina concluyendo que hablar de liderazgo es fácil. Lo difícil, indiscutiblemente, es ejercerlo, y más difícil aún hacerlo de manera sobresaliente.
Un líder no se saca de un sombrero, como si se tratara de un truco de magia. Tampoco el liderazgo es una aptitud innata o una característica hereditaria.
Es importante tener en cuenta que las personas no nacen sabiendo ser líderes, se forman para ello: cultivan sus cualidades y desarrollan competencias específicas. En otras palabras, se hacen.
Ya existe una vasta literatura sobre las características que debe tener un líder, y nunca está de más recordarlas, pero en este caso quiero referirme a dos figuras del mundo de los negocios que, a su manera, revolucionaron o lo siguen haciendo, con un estilo muy particular, la forma de ejercer el liderazgo. Y que da pista de lo que se requiere para ser un mejor líder.
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Sin duda, uno de ellos es Steve Jobs, un líder tecnológico de Silicon Valley que se volvió un referente alrededor de todo el mundo y cuyo legado se mantiene aún después de su muerte. Gracias a su visión, con Apple innovó en la industria tecnológica y del entretenimiento.
Otras de sus lecciones como líder fueron: tener pasión -“Tengan el valor de seguir su corazón e intuición”, dijo en un discurso en la universidad de Stanford-; ser inspirador, motivaba a sus colaboradores para conseguir resultados extraordinarios; contar con un gran equipo de trabajo y estar en constante aprendizaje.
Elon Musk, director ejecutivo de Tesla y SpaceX, es también considerado un ejemplo de liderazgo: no solo posee las actitudes y competencias del clásico líder, sino también aptitudes atípicas, a veces vistas como excéntricas. Él tiene de todo: es perseverante y arriesgado; posee una actitud mental tremendamente positiva; siempre transmite confianza; sus objetivos son claros, aunque a veces no lo parezcan; es exigente con él y su equipo, al que también motiva; y posee una gran capacidad de persuasión.
Hay coincidencias entre Jobs y Musk, pero también rasgos que los diferencian notablemente. Ellos demuestran que ser un líder no significa “caletrearse” un manual y ponerlo en práctica al pie de la letra, sino que es importante imprimirle un sello propio a ese liderazgo.
En el mundo de los negocios, ser un buen líder va más allá de llevar una empresa a la cúspide de su mercado, de contar con los mejores equipos de trabajo o de tener una excelente imagen y reputación. Es ser visionario, creativo, innovador, empático, asertivo, carismático, responsable –la lista podría resultar interminable–; pero, sobre todo, nunca darse por vencido, saber levantarse de los fracasos y… por qué no, dejar una huella.
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