De peatones y Tundras, por Rafael Uzcátegui

Autor: Rafael Uzcátegui | @fanzinero
Sin escapar de la realidad de crisis en el país, la situación del transporte masivo en Venezuela refleja dramáticamente la privatización de lo que debería ser público entre nosotros. Y esta indolencia no tiene que ver, precisamente, con el modelo progresista al cual se adhieren los bolivarianos, sino a razones más estructurales cimentadas por la cultura petrolera, como la improvisación y la corrupción.
Mientras en Bolivia la construcción de una red de teleféricos en su capital involucró a un consorcio austríaco-suizo, que garantizan el mantenimiento y el adiestramiento durante varias décadas como parte del convenio, en Venezuela la época de vacas gordas bolivarianas adquirió, sin licitación, alrededor de 70.000 unidades chinas de transporte de las cuales se asegura que hoy apenas se encuentra operativa el 10%.
Ante la eclosión de buses de la revolución, el gobierno esgrimió como respuesta la supuesta entrega masiva de taxis, marca Chery, a presuntos gremios asociativos del volante. De manera similar a otros anuncios, la entrega de taxis fue más expectativa que realidad.
Muchos de los beneficiarios fueron satélites de los enchufados. En el terminal de Barquisimeto, donde antes de la crisis de efectivo viajaba regularmente a bordo de los llamados “por puesto”, constaté que efectivamente los vehículos blancos, con la calcomanía oficial al costado y la pantalla en la parte superior, prestaban el servicio.
Pero la cola de los Chery, como me relató uno de sus conductores, eran del mismo dueño. De hecho el piloto ganaba apenas el 30% del total recaudado, laborando bajo la modalidad de “avance”. Parafraseando a los religiosos: “Señor líbrame del socialismo que del capitalismo me libro yo”.
Un buen amigo visitó la ciudad de Mérida durante las pasadas navidades, con el deseo de pasar unos días de esparcimiento. Sin embargo, el descanso se le convirtió en un estresante ejercicio de turismo de aventura.
Ante la imposibilidad de conseguir pasajes aéreos y terrestres por vías normales, optó por enrumbarse con su familia hasta el terminal de La Bandera en la capital. Allí una persona les cobró 20.000 bs a cada uno sólo por decirles donde se hacía la cola para los autobuses que iban a los llanos. Al llegar la unidad, nada del otro mundo, les cobró el pasaje en efectivo.
Estamos hablando de 400 mil bolívares que secó las arcas del pana de constante y sonante. Barinas, según la canción, puede ser todo lo linda que quiera, pero su terminal público de buses debe ser uno de los peores del país.
El pasaje a Mérida, vía el páramo, era en efectivo. Uno que tuvo que ser comprado al 100% a los mismos chóferes del terminal. Allí, en la cadena de especulación estaba la verdadera ganancia, pues como todo el mundo sabe en Venezuela pocos prosperan trabajando de sol a sol. El mismo periplo ocurrió a la vuelta.
Yo mismo tuve que quedarme en casa ante las dificultades para movilizarse dentro del país alrededor de los días navideños. Luego de dos intentos fallidos de taxista –el primero se le averió el auto, el segundo simplemente me embarcó- una oteada por el principal terminal de la capital venezolana me hizo desistir del traslado. En un “por puesto” el pasaje, caro de por sí, tendría un recargo de 20% si el pago se hacía por transferencia. Y los chóferes, además, te exigían que se hiciera desde su mismo banco para que el dinero “les cayera de una”.
Los primeros días del año circuló un mensaje de un supuesto grupo de trabajadores del Metro de Caracas quienes aseguraban que, ante el desmejoramiento de sus condiciones laborales, iniciarían una serie de acciones de protesta. El rezago del sistema de transporte masivo de la capital de este país petrolero tiene, por lo menos, veinte años.
En esos transportes lentos, sucios e insuficientes, una cantidad importante de caraqueños gastan varias horas cada día, mientras los voceros de la “revolución” manejan sus Toyota Tundra último modelo, como la que se asegura que atropelló a los bomberos, y era conducida por el locutor de televisión estatal en Barquisimeto, aquella víspera de la Divina Pastora.
Deja un comentario