El amigo de los empresarios, por Santiago Boccanegra

A Nicolás Maduro le gusta rodearse de empresarios, de gente con dinero y con ganas de invertir. Los capitales privados le sonríen, como lo han hecho durante más de quince años con el chavismo en el poder en Venezuela. En eso también se parece a “su padre”, Hugo Chávez, otro enamorado de los dineros privados, del voluntarismo de quienes han asumido la vida empresarial como modo de vida y riqueza. El asunto es que ni a Nicolás ni antes a Hugo les interesa tener tales atenciones con los empresarios venezolanos.
El ejemplo más reciente lo vimos en el viaje del mandatario a Vietnam y China. En el primero de esos países hasta llegó a dar un discurso en la Cámara de Comercio, donde anunció la llegada al país de las primeras tres empresas vietnamitas. Ya sabemos que la nación de Ho Chi Mih asumió el comunismo como modo de vida político mientras sus capitales producen calzados, productos textiles y caucho. En China es evidente que el “sistema mixto” es una excusa para mantener el poder (comunismo) permitir el liberalismo económico (capitalismo), aunque siempre con participación del Estado (peaje). Cada vez que Maduro viaja firma acuerdos con privados, como ha pasado cuando las comisiones chinas vienen al país.
El gentío que se baja junto al presidente asiático son representantes de empresas de aquél país. Cuando Nicolás viaja, los que se bajan están turisteando. Pero, ¿por qué mantener el conflicto estéril con los venezolanos? ¿Por qué un inversionista nacional es menos que uno extranjero? No será por efectividad. Nos preguntamos si por las comisiones. Quién sabe. Lo cierto es que Maduro sigue culpando a la burguesía de emprender una “guerra económica”, no los convoca a concurso para definir obras públicas de magnitud, y los mantiene en vilo permanente por posibles expropiaciones y otras medidas. Presidente obrero en Venezuela pero patronal en el extranjero.
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