El mes de las chiquiticas, por Teodoro Petkoff

Entramos en el mes de las firmas. El mes de las chiquiticas. En el país se vive una verdadera esquizofrenia. Por un lado, avanzan los preparativos organizativos para las respectivas recolecciones de firmas, con su centro en un CNE que ha ido colocando, una tras otra, las piezas para que ese proceso se realice en sana paz, mientras por el otro, el lenguaje, de ambos bandos, pero en particular el de ciertos sectores de la oposición, se va haciendo cada vez más aterrador y aterrorizante, francamente inhibidor de la expectativa referendaria.
Hoy, el editorial de un diario nacional, después de advertirnos que está “harto” de los “ejercicios de política-ficción”, se manda con uno que pareciera escrito por Drácula. Nada menos y nada más que el de la posible creación de “un ambiente de terror y caos” pero no durante el Reafirmazo opositor, “como podría pensarse”, sino durante la jornada de recolección de firmas del oficialismo. El editorialista no nos revela lo que seguiría después de esa jornada sangrienta. Nos deja comiéndonos las uñas.
Se entiende que el gobierno quiera sembrar escepticismo y desánimo en cuanto al éxito del Reafirmazo, pero que lo hagan sectores de la oposición llama poderosamente la atención. Esos que en cada decisión del CNE ven una trampa, esos que continuamente pronostican un baño de sangre, ¿creen que así estimulan la decisión de firmar? Todo lo contrario: alientan la abstención. O sea, le llevan agua al molino del gobierno, para el cual la abstención tanto en las firmas como en los votos es una apuesta válida. Sigan así y el único resultado que pueden lograr es que la gente se convenza de que no vale la pena firmar porque “de todos modos el gobierno va a patear el tablero”. Como si no fuera suficiente con las amenazas a los empleados públicos y a todos los que de un modo u otro tramitan con el gobierno, tenemos que sufrir también las terroríficas predicciones de los profetas del desastre.
Tal pareciera que existe una suerte de secreto entendimiento entre ambos extremos para propiciar un boicot a la solución democrática y pacífica de la crisis política.
Sin embargo, contra todo pronóstico de los que creen sabérselas todas, hemos llegado a la recta final hacia el paso decisivo para un RR: la recolección de firmas. En el camino han quedado los escombros de las opciones golpistas, que no sólo han dañado al país sino a la propia oposición.
Poco a poco la oposición democrática ha ido marcando el paso y aislando a quienes, desde el hombrillo, siguen repitiendo la estúpida conseja de que la solución de esto reside, “lamentablemente”, en una dictadura de 10 o 15 años.
Generar desconfianza o, lo que es peor, temor, sobre las posibilidades del RR es conspirar contra la perspectiva de una solución democrática y pacífica a la crisis política. Una vigorosa campaña para la jornada de las firmas, que ahogue las voces agoreras, es lo que sale en estos próximos días. Tan vigorosa como la que está haciendo Chávez –con recursos lícitos e ilícitos–, quien a pesar de sus esfuerzos por quebrar el espíritu referendario, anda en una frenética campaña electoral, porque sabe que, en última y definitiva instancia, es en ese terreno donde se va a decidir esto.