El principio de rectitud, por Miguel Aponte

Autor: Miguel Aponte | @DoublePlusUT
El problema de la redistribución chavista de la riqueza es que viola todo principio de rectitud. Honestamente nadie que considere mínimamente que la coherencia en las políticas públicas es necesaria, podrá convalidar la actuación económica del chavismo en estos 18 años. Honestamente es imposible. Sólo a través del lente de una ideología completamente degradada, o por ignorancia, o por corrupción, es posible avalar tanta mediocridad y desenfreno. El chavismo despilfarró mucho más de un millón de millones de dólares, multiplicó la deuda externa, destruyó el aparato productivo nacional y a la única proveedora de dólares, Pdvsa; y todo para imponer un esquema de dominación cruel, salvaje e inviable. Pero, dirá usted, si es así, cómo es que sigue allí. El problema es que la discusión por el principio de rectitud también hay que darla del lado de la oposición democrática, porque no basta con que el régimen sea un fracaso, es preciso que la oposición no lo sea.
Ahora bien, una cosa debería lucir segura: nunca vamos a descubrir dónde y cómo encontrar la rectitud si rechazamos la autocrítica, si nos dejamos motivar únicamente por intereses particulares. Si primero cuenta mi proyecto político o la consecución de un cargo, antes que transformar la realidad venezolana, estamos perdidos; si todo en el liderazgo opositor es deseos y objetivos en conflicto y parcelas de poder, no habrá salida. El liderazgo político debe decidir para qué quiere ser oposición. Si no tiene voluntad de poder o se van a comportar como quien barre la basura que arroja el otro, para mantener un falso equilibrio en la miseria y proponer aquí o allá cómo hacer para que pasemos menos hambre, en lugar de denunciar el hambre y a quien lo genera y hacer política firme, estamos perdidos. La oposición tiene que entender que es imposible corregirle la tarea al régimen, que para eso no los elegimos. Debe querer superar al régimen. Debe asumir su responsabilidad. Entonces recuperarán la credibilidad y el apoyo.
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