Estaba escrito, por Teodoro Petkoff

No es que no se sabía. En enero de 2002 en este diario nos ocupamos del tema Parque Central, en un reportaje de Herminia Fernández, del cual citamos partes relevantes. Otros ya también habían señalado la desidia que caracteriza el manejo del Parque Central. Era una tragedia cantada.
En algún momento tenía que pasar algo como esto, que de haberse producido en un día de trabajo, habría concluido en una catástrofe de proporciones inenarrables. ¿Se va a esperar que en la otra torre ocurra algo igual?
El principal problema en Parque Central son los ascensores. Cada edificio de apartamentos tiene tres, las áreas de oficina dos, y por lo general sólo sirve uno. En todo el complejo existen 35 ascensores y funcionan siete.
Ha habido por lo menos ocho desprendimientos de ascensores, a causa de malas reparaciones o de uso indebido de materiales para el arreglo. Los vecinos acusan que quitan guayas de alguno de los transportes verticales para recuperar otros.
La inseguridad también aqueja. A pesar de tener excesivo personal resguardando a Parque Central, el lugar no escapa de robos, violaciones; y hay quienes denuncian venta de drogas y trata de blancas en las escaleras.
En los edificios no sirven las puertas, las cerraduras, los intercomunicadores; y los penthouses se han convertido en una guarida para quienes quieren hacer fechorías.
En las escaleras duermen indigentes, no sirve el sistema contra incendios, las mezzaninas están abandonadas, al igual que las áreas verdes, los techos de aluminio han sido robados, y la basura es una constante en todos los recintos de Parque Central.
Dada la preocupación de los propietarios de Parque Central por el estado de gravedad en el cual se encuentran las instalaciones, decidieron acudir a la Defensoría del Pueblo para pedir ayuda.
Hace una semana la Defensoría culminó la inspección de Parque Central, en conjunto con el cuerpo de bomberos, para determinar el grado de habitabilidad.
La supervisión abarcó siete de los edificios, las dos torres ministeriales, la planta de agua helada, las plantas eléctricas, la compactadora de basura, y los tres sótanos.
Según el teniente del cuerpo de bomberos de Parque Central, Edgar Pérez, la supervisión arrojó los mismos resultados que otras inspecciones hechas durante la década de los noventa, sólo que aumentó el porcentaje de daños, y ahora existe más peligro.
Los bomberos arrojan el siguiente balance: En materia de incendios no hay extintores en los pisos, los sistemas de detección de alarma se encuentran inoperantes, las lámparas de iluminación de emergencia están desvalijadas, y los avisos alusivos a medidas de escape son insuficientes.
La mayoría de las puertas de emergencia tienen candado y pasadores, también están dañadas las barras antipánico, y los brazos hidráulicos.
No existe en todo el complejo reservorio de agua, los tableros eléctricos están obstruidos y no poseen identificación, el montacargas para efectuar el mantenimiento de los vidrios de las torres de oficinas no funciona, las áreas de refugio están ocupadas por consultorios, oficinas, comedores y depósitos en desuso; y el sistema de enfriamiento de la planta de agua helada no cuenta con mantenimiento preventivo. ( TalCual , 29/01/2002)