Fiiirm…as, por Teodoro Petkoff

Cuando hoy se consigne ante el CNE la solicitud de convocatoria al referendo consultivo -con un bojote de casi dos millones de firmas en respaldo, clara expresión de un extendido sentimiento ciudadano- la confrontación política del país entrará definitivamente en otra fase: en la de las decisiones democráticas, pacíficas e institucionales.
La larga marcha de esa oposición que por muchos meses fue ninguneada, menospreciada y humillada, toca puerto tras sortear los presagios de tempestades, y los intentos de desviación promovidos desde el oficialismo y desde sus propias trincheras. En el abrupto camino, se desechó la tentación de los atajos, del fast track que quizás tuvo su mayor expresión de fraude el 11 de abril, cuando aquella manifestación espectacular se vio sorprendida primero por una lluvia de plomo y luego por una maniobra oscura y torpe que amenazó seriamente el propio proceso de crecimiento y maduración del movimiento opositor.
A este 4 de noviembre se llega como fruto de un debate librado a lo largo y ancho no sólo de la oposición política organizada, sino de los propios ciudadanos que hoy con sus nombres, apellidos, cédulas y firmas, y de estos domicilios, se convierten en los protagonistas de un hecho sin precedentes en la historia política republicana: la convocatoria del soberano para que sea éste el que decida la suerte de un régimen atrapado en su propia incompetencia, generador incansable de una confrontación contra natura y que dilapidó una de las mayores fortunas políticas de la era democrática, embaucando las posibilidades de cambio de una sociedad que en su amplia mayoría así lo anhela.
A pesar de los avances, de los logros indudables alcanzados por la Coordinadora Democrática, en sus propósitos y claridad en la conducción política, aún queda un trecho por recorrer, en el que habrá que hacer gala de habilidad y firmeza hasta arribar al acto en el que la sociedad venezolana se cuente y permita entonces construir una nueva realidad política, en la que el elemento civilista ocupe el lugar primigenio que caracteriza a las democracias modernas y maduras.
El gobierno, que ha flexibilizado sus posiciones en los últimas días, que parece haber aceptado la inevitabilidad del diálogo, que acepta también la consulta popular para superar la crisis de gobernabilidad, no puede refugiarse en leguleyismos ni estrategias dilatorias ante el enorme clamor popular que hoy expresan ese par de millones de voluntades innegables e inocultables.
Contarse es la palabra. El país agradecerá que este último tramo -seguramente no exento de dificultades- arroje las bases para una nueva convivencia, sin exclusiones, que favorezca la reconstrucción política, social y económica de una Venezuela sin adjetivos.