Mercosur: chance y peligro, por Teodoro Petkoff

Venezuela se ha incorporado como miembro pleno a Mercosur, mas, todavía, sin voto aunque con voz. O sea, resuelto el tema político de la pertenencia a ese proyecto integracionista, falta ahora la parte más difícil y engorrosa que es la de compatibilizar los flujos comerciales (importaciones y exportaciones) entre el nuevo miembro y los cuatro fundadores. Pero ya la mera incorporación marca un hito en la política integracionista del Estado venezolano. Porque a este respecto, es bueno que se sepa que la meta de la entrada a Mercosur ya apareció en la agenda venezolana durante el gobierno anterior, cuando se realizaron los primeros contactos exploratorios.
Puede ser considerada, pues, desde entonces, como una política de la Nación. La integración en bloques económicos, ampliada luego a otras esferas de la vida de las naciones, constituye una tendencia mundial. De hecho forma parte del proceso de globalización y constituye, en el caso de países llamados “emergentes” (como los suramericanos) una forma de inserción en la corriente globalizadora y una respuesta a los desafíos que ella plantea.
Como país fuimos pioneros en la creación del primer bloque subregional, la Comunidad Andina de Naciones, y ahora el gobierno nacional, en lugar de menospreciar esta, no debería perder de vista la articulación entre la CAN y Mercosur, con vistas a la creación definitiva de la Comunidad Suramericana de Naciones, meta integracionista de largo aliento y que podría hacer del subcontinente un poderoso jugador en el tablero planetario. Pero, ahora hay que poner los pies en la tierra.
Si el gobierno nacional persiste en sobredimensionar lo político, subestimando los esencia- les aspectos económicos del bloque, y la incorporación se efectúa sin una minuciosa y prudente discusión, producto por producto, de los aspectos arancelarios y sus derivaciones, tanto entre los miembros del bloque como ante terceros, la economía de nuestro país podría ser víctima de un verdadero tsunami comercial y resultaría gravemente lesionada. Las asimetrías entre Brasil y Argentina, por un lado, y Venezuela, por el otro, son muy grandes.
Ni nuestra agricultura ni nuestra ganadería ni nuestra manufactura resistirían una apertura imprudente de nuestras fronteras arancelarias. Piénsese sólo en la potencia agropecuaria de los dos gigantes suramericanos, e incluso del pequeño Uruguay, en comparación con el nuestro. Brasil con sus 150 millones de cabezas de ganado podría volver polvo nuestros 11 millones si no se toman las debidas medidas arancelarias. Y así en casi todo. Es de esperar que el gobierno sea capaz de hacerse intérprete y vocero —y, además, hacerse acompañar de ellos— de los intereses económicos del país, que son permanentes, para que en las negociaciones comerciales no vayamos a salir trasquilados. El sector privado nacional no puede ser ignorado. La integración tiene que ser un juego de ganar-ganar.