¿Otra víctima de las FARC?, por Teodoro Petkoff

Renunciaron a Izarrita. La causa aparente es que habría sido responsable, según su propia confesión, de una de las medidas más estúpidas que haya tomado este Gobierno: la de que el canal 8 cobraría 120 bolívares fuertes por cada segundo que de sus transmisiones utilizaran los canales privados.
La estupidez sube de punto si se toma en cuenta que siendo imposible para nadie pagar las sumas milmillonarias que derivarían de la aplicación de la medida, el canal del Estado habría bloqueado la transmisión de los actos oficiales por parte de canales distintos a los suyos –salvo, claro está, las cadenas.
Se supone, por lo demás, que la genial medida ha quedado revocada. Sin embargo, ¿será cierto que la causa verdadera de la incorporación del ministrico Izarra al «Mocha» (Movimiento de Olvidados por Chávez) haya sido la medida en comento?
Hay razones para pensar en otra. Tal vez, a la postre resulte que el chamo fue otra víctima de las FARC. Chávez, que no ha dicho una sola palabra sobre la muerte del camarada Marulanda –y ya es demasiado tarde para dar pésames, de modo que puede presumirse que terminará haciéndose el loco–, que viene de entregar «mano y corazón» a Uribe en Brasilia, debe estar pensando cómo hace para salirse del tremedal donde él mismito se metió. No sería de extrañar que hubiera considerado como muy «imprudente» la transmisión que hiciera Telesur del mensaje de las FARC sobre la muerte de su líder.
Porque Telesur no es que fue a las profundidades del Putumayo con una cámara y un camarógrafo en condiciones más bien precarias, sino que sacó al aire un muy cuidado video, para cuya filmación se utilizaron tres cámaras, en un lugar que lucía más como una finca que un campamento guerrillero. Telesur no hizo periodismo de acción, no es que dio un tubazo informativo, sino que actuó como una suerte de canal oficial de las FARC.
De hecho, puede hasta suponerse que Telesur montó el set, supuestamente selvático, desde el cual el comandante «Timoshenko» leyó su discurso –curiosamente, sin público: ¿no había otros faracos que hubieran podido actuar como extras?– Todo muy capcioso –y lo que menos habría podido interesarle a Chávez justo cuando trata de remendar el capote con Uribe. Izarrita no cogió la seña y pagó los platos rotos.
¿Será todo esto indicio de que pudiera producirse por parte de Chávez una rectificación en su desastrosa política frente a Colombia y las FARC; y logre establecerse un modus vivendi con el Gobierno colombiano que conduzca a que las FARC no puedan seguir utilizando nuestro territorio como santuario, amén de otras «ayuditas» de las que aparentemente fue beneficiaria? ¡Ojalá!