Presunta invasión extranjera a presunta República Bolivariana, por Eduardo López Sandoval

Ante el mamotreto de la Operación Gedeón, presuntamente orquestada por la Oposición y los EEUU, que fue contrarrestada por el régimen con una proporcional –por lo de armatoste– Operación Negro Primero, escribimos en desagravio a Pedro Camejo artículo que dijo: “Destacaremos sólo –que ya esto suena para varias entregas–, algunos aspectos del maltrato. Uno, su presencia en la historia, que sólo se debe al destacado que le hizo otro colega –en cuanto a lo vilipendiado por este Poseso–, en la obra Autobiografía José Antonio Páez. Dos, el lugar de nacimiento, que se tiene a San Juan de Payara, pero esta ciudad llanera no pasa de ser su patria chica de adopción, pudo nacer en cualquier lugar del Alto Llano –o en África, la Ciencia Histórica dice que en San Juan de Payara definitivamente no. Tres, ¿Dónde reposan sus restos? Y Cuatro ¿Dónde fueron a parar sus haberes militares?… Continuará…”
Pero ante este compromiso de enviarles la parte que se refiere al lugar de nacimiento del Negro, surge un tema no menos importante pero muy mucho más urgente, cual es la prolongación de la cuarentena, que ya se le puede decir “noventena”.
El tema de la prolongación de la agonía lo razonaba así para el artículo de esta semana:
La orden del Interfecto es que nos quedemos en casa, el El principito de Antoine de Saint-Exupéry (1943), nos dijo al respecto, con suficiente anticipación, que:
“—Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejecutase la orden recibida ¿de quién sería la culpa, mía o de él?
—La culpa sería de usted —le dijo el principito con firmeza.
—Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar —continuó el rey. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución. Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables.”
Para el buen entendedor pocas palabras bastan, ¿no entendiste? ¿No? No hay peor ciego que quien no quiera ver…
La redacción iba por acá cuando en la noche oigo las declaraciones de la presunta Vice en las noticias de la televisión, esto fue el jueves 14, habla acerca del presunto contrato que presuntamente firmaron para presuntamente matar al presunto Presidente, que el contrato es válido, –se nota, por las hierbas floridas en su boca, que ha realizado muy a vuelapluma una lectura acerca de los Requisitos de Validez del Contrato, parece que intenta desvirtuar el incontestable argumento que indica que no tiene validez el contrato que tenga un objeto ilícito.
Intentemos una metáfora ante tanto palabrerío de leyes, es como si una mona se ve en el espejo, y se quiere ver bonita pero no se observa ni un tanto favorecida e intenta mesarse los cabellos con las dos manos pero las tiene llenas del excremento de la mentira y lo que logra es ponerse un poco más fea. La presunta Vice dice, –palabras más, palabras menos–, que el contrato es válido porque fue firmado en el Estado gringo de Florida, que en ese Estado se permite la Pena de Muerte.
Tamaño improperio, dice que en un país, donde se admita la pena de muerte pueden los particulares contratar el asesinato de cualquier ciudadano, es como si ahora la mona cree que puede limpiarse la caca recién puesta en su cara limpiando su imagen en el espejo con sus dos manos, pero ahora embarró el límpido cristal.
Lo de la mona que se ve fea en el espejo es una metáfora, que nos alecciona la RAE que es: “Traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita, como en las perlas del rocío, la primavera de la vida o refrenar las pasiones.” De tal manera que cualquier parecido con esta pandémica realidad es mera coincidencia…
Lo de presunto vale más aún en un país que tiene dos presuntos Presidentes, dos Parlamentos, dos Poderes Judiciales –todos presuntos, también hay dos hipótesis que intentan explicar la presunta invasión, ¿presunta invasión dije?, no, ni siquiera se gana la presunción.
Los estaban esperando, esto sí es seguro, lo publicitaron con más de mes un antelación. La primera hipótesis es que estaban informados por alguien de la “Oposición” que por inveterada maña de transferirse vendió la información, válida esta explicación como hipótesis, digna de ser comprobada por la Historia que recién comienza.
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La segunda hipótesis –que presumo más cercana a la verdad, es que los “contratantes” tuvieron desavenencias y no perfeccionaron el contrato “iniciado”, no pagaron completo–, ante los cual los mercenarios ofrecieron la adelantada “obra” al propio Gobierno y estos la compraron con los exitosos resultados obtenidos.
Que la empresa prestadora de los servicios –los gringos– sabían que llevaban a los participantes a una matanza, lo prueba el que los venezolanos iban en una embarcación, la que recibió la balas y donde se contaron los ocho muertos, y los gringos, los que recibieron la tajada de dólares, navegaban en la otra lancha que no recibió un disparo.
Y otra vez la redundada palabra, presumimos que ambas lanchas estaban bien identificadas, quizás –presuntamente– a la lancha de los gringos le pusieron un arbolito de navidad que resplandecía en la noche caribeña.
Los “defensores de la patria” no mataron a un solo gringo, tampoco los mercenarios norteamericanos, hartos y altos profesionales del matar, rasguñaron a un venezolano, como para que el presunto Fiscal venezolano no pudiera hacer una sola acusación, se entregaron sin gastar un Big-Mac de resistencia.
Esta hipótesis última –la primera también, indica que hubo homicidios con premeditación y alevosía, sabemos la posición del presunto Fiscal en Venezuela, también sabemos que en los EEUU los órganos públicos, como la Fiscalía, actúan con la independencia suficiente para hacer Justicia, pero…
Si tuviera la oportunidad iría a este edificio con este artículo, con la solicitud que sea tomada como una Notitia Criminis, porque algunos de sus ciudadanos participó en el crimen de ocho ciudadanos indoamericanos…
Pero desde esta orilla izquierda del río Guárico la distancia en kilómetros y de dólares es inalcanzable, por lo que me despido a la llanera: tú, venezolano que me lees todos los Tuesday allá en los Estados Unidos, te solicito imprimas este artículo y lo lleves a este edificio grandote y se lo entregues de parte de un llanero colombovenezolano a William Pelham Barr, que es el Abogado estadounidense, Fiscal General de los Estados Unidos, no presunto.
Nota final: Los participantes, firmantes o no, de este llamado “inicio” del Contrato no deberían presentarse en lo devenir, digo yo, como se presenta el alto dirigente del Partido Primero Ja, que sale en todas las declaraciones de los presidenciales de la “Oposición”, detrás pero muy cerca, en posición de ministeriable, no olvidamos que el Gobierno lo exhibió grabado con cámara oculta en el acto donde un bolivariano de los enchufados lo adquirió como se pesa y se compra un cochino gordo en estos llanos, de contao.